Para entendernos mejor

Editorial EL UNIVERSAL

La relación más importante que tiene México a nivel internacional —desde hace un siglo al menos— es la que mantiene con Estados Unidos, vínculo que se refrendó y se agrandó a partir de 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Los más de 3 mil kilómetros de frontera que comparten ambas naciones han servido para llevar la relación a un nivel promedio de mil millones de dólares diarios en transacciones. Las compras de México son vitales para varios estados de la nación vecina y las ventas de México se dirigen en su mayor parte a Estados Unidos.

Actualmente Estados Unidos se encuentra en un proceso político decisivo. El próximo noviembre los estadounidenses acudirán a las urnas para elegir al sucesor del presidente Barack Obama. Esta fase, que inició con casi dos decenas de aspirantes a candidatos, se ha reducido a prácticamente cinco: Hillary Clinton y Bernie Sanders, por el Partido Demócrata, y Ted Cruz, Marco Rubio y Donald Trump, por el lado republicano.

Trump ha hecho de las críticas a mexicanos (a quienes ha llamado violadores y criminales) y de las amenazas de construir un muro fronterizo, una de sus banderas de batalla. En México, varias voces han criticado la falta de una respuesta oficial enérgica al aspirante republicano. En términos estrictos no hace falta, aún no es tiempo, aún no es el candidato. Sin embargo, ante el crecimiento que ha tenido y la probabilidad de que se convierta en el representante de su partido, la estrategia para contrarrestar su discurso debe estar lista.

El gobierno mexicano anunció ayer que tiene planeado acercarse a las oficinas de quienes resulten los candidatos presidenciales para compartirles información sobre cómo los vínculos bilaterales representan una oportunidad y no una amenaza para la región.

En esta relación México ha logrado crecer y presentarse como un par ante Estados Unidos, es un socio comercial importante, y estratégico en materia de seguridad; además de que la cooperación fluye en diversos ámbitos. Buscar a los candidatos que contenderán en noviembre, tan pronto haya una definición de ellos, es la medida adecuada para consolidar desde ahora los nexos, una vez que el ganador se instale en la Casa Blanca.

Un muro en zonas binacionales tan compenetradas como Tijuana-San Ysidro o Ciudad Juárez-El Paso, por citar las más conocidas, es simplemente inviable. Una relación tan largamente construida no puede echarla por la borda un millonario metido a político. En alguna de las partes debe caber la prudencia y la diplomacia, que sea en la parte mexicana.

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