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Más austeridad, ¿y luego?

Editorial EL UNIVERSAL

En los primeros días de este año han inundado el mundo atemorizadoras palabras de la economía como “depreciación”, “ajuste presupuestal” o “desaceleración”. En el fondo, todo se resume a que los mayores negocios de los países están generando menos riqueza de la que sus poblaciones requerirían para vivir hoy mejor que ayer.

En México esa baja está ocurriendo con el petróleo, que durante décadas ha sido la principal fuente de ingresos del país. En entrevista con este diario, publicada el 7 de enero pasado, José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE —organización que agrupa a 34 de las economías más avanzadas del orbe— advirtió que nunca más volverá el mundo a ver precios de 100 dólares por barril de crudo, como sucedía apenas a mediados de 2014. Por eso emitió la recomendación de que México tiene que diversificar sus fuentes de ingreso.

Ese es el camino correcto sin duda. El problema es que se trata de una estrategia que requiere inversión, recursos públicos y privados, algo que en este momento no abunda. Los barriles de petróleo son apenas uno de los productos que van a la baja; las materias primas y las manufacturas de los países en desarrollo están con menos compradores en sus mercados de destino.

Frente a ese panorama, ayer el gobernador del Banco de México, a quien no se le conoce por emitir vaticinios alarmistas, dijo: si el gasto público no se recorta “el proceso de ajuste será mucho más largo y doloroso, donde sin duda nosotros tendríamos que aumentar mucho más las tasas de interés; yo creo que ahorita que está iniciando el año es un buen momento para que realmente se refleje en el gasto la nueva realidad de un precio (de barril de crudo) 70% más bajo de lo presupuestado”,

¿Qué significa lo anterior? Que pese a la austeridad implementada en el actual presupuesto, más sacrificios son necesarios para no terminar gastando por encima de lo que el país obtiene en ingresos. ¿Qué implicaría a su vez un aumento en las tasas de interés del Banco de México? Un efecto dominó sobre los créditos que las instituciones bancarias otorgan a personas y empresas, lo cual encarecería el costo de vida y dejaría a las familias con menos recursos.

La economía no es una ciencia exacta porque depende del comportamiento de las personas; es impredecible. En este momento ningún país parece, por sí mismo, ser capaz de escapar de la ola de baja actividad económica.

Lo que sí puede hacerse es construir las bases de una economía más diversificada en su ingreso y más eficiente en el gasto. Para lograrlo hay que articular al mismo tiempo a la academia, a la empresa y al gobierno. Ideologías aparte, nadie puede ni debe estar satisfecho con el modelo actual.

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