Asilos: reflejo de un mal crónico

Editorial EL UNIVERSAL

¿Quién cuida a los ancianos en México? Si la familia no lo hace, o si ellos no ahorraron lo suficiente para sostenerse, la única opción que les queda es la indigencia o el pago que sus familias puedan realizar para un asilo. Esta última opción podría parecer la más adecuada, si no fuera porque nadie en el país tiene un control de dichos lugares.

La apertura y operación de un centro geriátrico deben cumplir con la NOM-167-SSA1-1997, la cual establece las condiciones integrales de asistencia social para la prestación de servicios a adultos mayores, con base en los derechos humanos. Son estándares de sanidad, de protección civil, de cuidado para los ancianos que, en este momento, no cumplen ciertos establecimientos. ¿Cuántos? La autoridad federal en la materia no lo sabe porque no hay forma de obligar a los asilos a registrarse.

“El Instituto Nacional para la Atención de los Adultos Mayores (Inapam) es el encargado de supervisar y evaluar estas instituciones. Hay una norma, pero no un mecanismo de regulación”, declara el doctor Luis Miguel Gutiérrez Robledo, director de Atención Geriátrica del Inapam.

En México existen 7.4 millones de hogares con adultos mayores, es decir, personas que superan los 60 años. Detrás de esa realidad hay dos problemas estructurales: la dificultad del adulto mayor de ahorrar para su vejez y las complicaciones de los hijos para hacerse con un patrimonio propio y tener así los recursos suficientes para no depender de sus padres.

“El asilo no debería existir, pero son un mal necesario. Un mal porque no los atienden como deben y necesario porque hay adultos mayores que se quedan solos y no tienen una pensión suficiente para vivir”, expone el funcionario del Inapam.

El problema es que mientras los mexicanos aprendemos a planear nuestra vejez, hay adultos mayores que en este momento sufren de condiciones infrahumanas en lugares a los cuales la autoridad correspondiente no llega.

La responsabilidad inicial es de los legisladores, quienes tendrían que dotar de dientes tanto al gobierno federal como a las administraciones locales para obligar a los asilos a tratar con dignidad a los ancianos. Por la parte gubernamental tendría que existir una mayor oferta de sitios públicos para el cuidado de los adultos mayores. El problema es que ambas obligaciones del Estado tendrían que ser provisionales hasta en tanto se inserte la cultura del ahorro entre los mexicanos.

El envejecimiento no es un tema de futuro. En este momento en el país hay más personas mayores de 65 años que menores de cinco. Llegará el tiempo en que sea demasiado tarde para prevenir. El tema no puede esperar más.

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