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26/02/2016
02:10
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Un espacio le fue arrebatado a la Universidad Nacional Autónoma de México hace 16 años: el auditorio Justo Sierra, rebautizado Che Guevara por estudiantes en la década de los 60. Desde 2000 se ha convertido en la trinchera de distintos grupos de presuntos alumnos que controlan el recinto y se parapetan detrás del escudo de la autonomía universitaria para evitar cualquier intento de desalojo.

La autonomía universitaria no es otra cosa que la facultad y responsabilidad de la casa de estudios de gobernarse a sí misma, la libertad de la Universidad para resolver sus problemas sin intervención externa, la libertad que posee la planta de académicos e investigadores para conducirse en su actividad diaria de la forma que considere más aceptable respecto a sus tareas de enseñanza e investigación, y sólo hay una violación a la autonomía cuando el Estado limita esas libertades.

Ayer, varios encapuchados que se alojan en el auditorio causaron destrozos a oficinas universitarias, bloquearon los accesos, agredieron a personal de la UNAM e incendiaron un vehículo en protesta por la detención de un presunto narcomenudista, “individuo ajeno” a la comunidad estudiantil, según reconoció la Universidad. La afectación a la autonomía universitaria no aparece por ningún lado; al contrario, la UNAM fue blanco de hechos vandálicos.

La autoridad universitaria fue clara: no cuenta con la estructura ni con el cuerpo de seguridad para repeler este tipo de provocaciones, y demandó la desocupación del auditorio, “lugar donde los provocadores se refugian”. La casa de estudios, esta vez, está manifestando que no puede resolver ese problema sin intervención externa.

La UNAM debe proceder apegada totalmente a la ley, la cual está de su lado. Una denuncia por despojo y daños a propiedad ajena debe bastar para recuperar el auditorio.

Los espacios de la Universidad son para toda la sociedad. Primeramente para los estudiantes, quienes pasan buena parte de sus vidas allí, y también para el resto de la población, cuando acude a alguno de los eventos artísticos, literarios o foros de discusión que cada semana se dan dentro de sus instalaciones.

De ocurrir un desalojo forzado, conocemos por adelantado cuál será el discurso de los que serán expulsados y para quienes el diálogo nunca formó parte de sus opciones: se dirán víctimas de represión, de abusos, y que sus derechos humanos fueron violados.

Después de 16 años, es tiempo de sacar de la institución —apegados siempre a la ley— a grupos que sólo lucran políticamente con el tema de la autonomía universitaria.

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