Nutrir a los cárteles

Editorial EL UNIVERSAL

Hablar de tráfico de drogas es hablar casi indistintamente del trasiego de armas, debido a que se trata de dos industrias que se retroalimentan permanentemente. Prueba de esto es que hoy los cárteles de la droga en México están mejor armados que nunca.

Hablar de tráfico de drogas es hablar casi indistintamente del trasiego de armas, debido a que se trata de dos industrias que se retroalimentan permanentemente. Prueba de esto es que hoy los cárteles de la droga en México están mejor armados que nunca.

Con el paso del tiempo, y a causa de la diversificación del negocio que han experimentado estas organizaciones, y de la consecuente respuesta armada de las autoridades, los narcotraficantes se han hecho cada vez más selectivos y buscan tener el máximo poder en su armamento. Un botón de muestra es que durante los últimos 10 años, los cárteles mexicanos se han abastecido con mayor frecuencia de armas cuyo calibre es de uso exclusivo del Ejército.

Sólo en el actual sexenio y hasta el 30 de junio de 2015, el número de armas aseguradas al narco es de 19 mil 848, de las cuales 13 mil 214 son armas largas y 6 mil 634 cortas, pero todas de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas. Importante es decir que 70% de estas armas tiene su origen en EU, aunque 25% es manufacturado en otros países.

Este último dato es importante porque nos habla del camino que siguen las armas hasta nuestro país, mismo que no sería posible sin la existencia de una círculo de corrupción, dinero, oferta y demanda —de drogas y armas— que genera a su vez una funesta cadena de sangre y muerte. Basta solamente recordar la operación del gobierno de EU, Rápido y Furioso.

La droga y las armas dejan miles de millones de dólares en México y EU. La paradoja está en que para el vecino del norte es ilegítimo poseer drogas, mientras que tener armas es completamente legítimo. Esto debería cambiar. En vista de que estas armas letales son baratas, fiables y además las preferidas de los traficantes de drogas en todo el mundo, el gobierno de Estados Unidos tendría que hacer más difícil y costoso para los criminales adquirirlas. Una medida para lograrlo podría ser la rehabilitación de la Ley de Prohibición de Armas de Asalto o Ley de Control de Armas, cancelada en 2004 por el gobierno de EU, la cual restringía las importaciones de armas de grueso calibre a ese país.

En semanas recientes el presidente estadounidense, Barack Obama, se pronunció en favor de regular la venta de armas en EU. Esta iniciativa, sin embargo, se enfrenta, entre otros grandes intereses, a la poderosa Asociación Nacional del Rifle, que hará todo para evitar que se acote la comercialización de armamento.

Más allá de consideraciones políticas debe quedar claro que el flujo de estas armas de fabricación extranjera hacia las manos de los cárteles de la droga representa una gran amenaza para la seguridad mundial. Por ello es exigible que la cooperación del gobierno de EU deje de ser meramente discursiva, y pase a la acción. En el fondo este escenario sería benéfico para todos porque en tanto las armas sigan fluyendo libremente a través de la frontera, cualquier intento por destruir a los cárteles será inútil.

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