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A poco más de dos años de su inauguración en 2013, el Memorial a las Víctimas de la Violencia, erigido para honrar a quienes han sido agraviados por este fenómeno en el país y para rendir homenaje a aquellos que perdieron la vida en el contexto del combate al crimen organizado, hoy luce solitario, se encuentra en el abandono, y está lejos de ser un símbolo de la causa por la que se construyó.
Polémico desde su inicio, este Memorial, ubicado a un costado del Campo Marte, es considerado un espacio ajeno por las organizaciones de la sociedad civil y por la sociedad misma.
La realidad es que, pese a la reticencia de algunas organizaciones, este espacio acabó construyéndose, costó y cuesta al erario público —para su edificación contó con una inversión de 22 millones 890 mil 846 pesos y el costo de su mantenimiento anual es de alrededor de 5 millones de pesos de acuerdo con la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV)—, pero al final no cumplió con su función, pues no es un espacio que sea utilizado por la gente y tampoco se realizan eventos ni se genera conciencia sobre la prevención del delito. No obstante todo esto, lo que ahora queda es que este sitio sea aprovechado y utilizado para lo que fue pensado.
El fondo del asunto es que la urgencia de que se brinde atención a las víctimas de la violencia sigue estando ahí. Expertos aseguran que esa deuda con las víctimas se debe, entre otras cosas, a que la Ley General de Víctimas —que surgió a la par del Memorial y también derivó del reclamo social— tiene una gran burocracia que dificulta el acceso a las compensaciones y ayudas.
Por ello, lo que este Memorial olvidado debe traer a cuentas, y que no ha de perderse de vista, es que en este país, en los hechos, las víctimas siguen sin tener acceso a sus derechos ni a la justicia; las víctimas siguen olvidadas por el sistema.
Los memoriales tienen sentido si se realizan acompañados de políticas públicas en pro de la justicia, cuando se reconoce un delito —su única razón de ser— y se sabe qué fue lo que sucedió. Por ende, para que este Memorial deje de ser una fachada del gobierno, debe existir pleno reconocimiento por parte del Estado mexicano sobre lo que ha pasado en términos de violaciones a los derechos humanos en el marco de la lucha contra el crimen, y asumir que no ha habido justicia, que esos crímenes siguen impunes.
Para que el Memorial a las Víctimas de la Violencia sea un referente de paz, deben existir razones para que la población crea que se está haciendo algo para reconstruirla. Cualquier evento lucirá falso mientras a la par siga sin restituirse el daño a las víctimas. Rescatar el Memorial pasa por más que pintura y cemento. Requiere de un verdadero sistema penal profesional, algo que nunca ha existido en este país.
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