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En Estados Unidos se sumó ayer otro aspirante a la candidatura presidencial por el Partido Republicano: Donald Trump. Figura mediática de por sí, el empresario llamó la atención por la xenofobia que marcó su discurso inaugural, al acusar a México de mandar hacia el norte a “lo peor” de este país, a “violadores y criminales”. Un absurdo, desde luego, pero —hay que aceptarlo— una idea que tiene buena acogida entre cierto sector del electorado estadounidense.
Falta año y medio para las elecciones presidenciales en Estados Unidos, sin embargo, desde este momento puede anticiparse que México será uno de los temas principales a discutir entre los participantes; primero en las selecciones internas de los partidos Demócrata y Republicano, y posteriormente durante la campaña formal previa al 8 de noviembre de 2016, cuando el sufragio concluirá.
Seguridad y migración serán los temas que centrarán la agenda, a pesar de los intentos del gobierno mexicano por enfocar el debate bilateral en el asunto económico. Desafortunadamente es en esos dos aspectos donde más prejuicios se han acumulado contra los connacionales, aunque no por parte de la mayoría de la población sino de una minoría radicalizada como lo muestran las encuestas.
De acuerdo con la última encuesta del Pew Research Center, en 1996 el 50% de los estadounidenses decía que la migración hacia Estados Unidos debía reducirse, en tanto que 8% afirmaba lo contrario. Hoy, 31% mantiene la idea de repeler el ingreso de extranjeros, mientras que 24% dice que el ingreso debería incluso incrementarse.
Desde su penthouse en Manhattan, Trump es incapaz de ver la realidad de un país que, en los hechos, se ha beneficiado de la inmigración, principalmente la mexicana. Por algo ciudades como Detroit están promoviendo el ingreso de migrantes sin importar su estatus de residencia. Saben que sólo el dinamismo poblacional y de consumo de ese sector puede salvar a la Unión Americana de la tragedia del decrecimiento de la mano de obra que ya aqueja a otras naciones en el mundo.
Los mexicanos han dejado de entrar a Estados Unidos en los flujos de años previos más por la dificultad de encontrar trabajo en ese país, tras la crisis económica de 2008, que por los muros alambrados y el incremento en decenas de miles de agentes de la patrulla fronteriza y elementos de la guardia nacional. Dejará de haber indocumentados trabajando allá cuando el propio país deje de necesitarlos.
Los argumentos xenófobos de Donald Trump y compañía caerán por su propio peso. Los mexicanos ya demostraron a la mayoría de los estadounidenses de qué están hechos.
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