Reforma resucitada

Editorial EL UNIVERSAL

Reactivar la evaluación magisterial es lo mejor para el sistema educativo, tan necesitado de llegar a mejores estándares de calidad. Pero hay que destacar que en la puesta en marcha de esta reforma, y en cualquier otra, lo central es que la ley se cumpla.

La suspensión de la evaluación a la planta docente del país, el pasado 29 de mayo, desencadenó —como pocas acciones del actual gobierno— una condena general de organizaciones civiles, investigadores y partidos políticos. Y no es para menos, pues la medida fue interpretada como un repliegue oficial a una de las más ambiciosas reformas aprobadas en los últimos años, la educativa. Se habló del temor de que cualquiera de las otras reformas aprobadas tuviera la misma suerte, se lamentó que el Estado de derecho fuera ignorado y se afirmó que la educación parecía convertirse en un rehén de la política. Después de poco más de una semana se repone el examen a los profesores y lo reafirma el propio Presidente de la República. Mensaje acertado.

Fueron 10 días de confusión en los cuales prevalecieron las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (principal opositora a la evaluación), por considerar insuficiente el anuncio; el reclamo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, único facultado por la ley para tomar una decisión de ese tipo, e incluso se dio una decisión judicial que ordenaba reanudar el proceso.

Reactivar la evaluación magisterial es lo mejor para el sistema educativo, tan necesitado de llegar a mejores estándares de calidad. Pero hay que destacar que en la puesta en marcha de esta reforma, y en cualquier otra, lo central es que la ley se cumpla. Al final del día lo que cuenta son los hechos, y el arranque de la reforma educativa no ha sido completa. La aplicación de las modificaciones estructurales ha encontrado un fuerte obstáculo en entidades como Oaxaca, Guerrero y Michoacán. La que para muchos especialistas nacionales e internacionales es la reforma más importante está frenada en esos lugares, debido a grupos radicales que utilizan la violencia para lograr sus objetivos, sin que la autoridad lo impida.

Al darse a conocer que se retoman las fechas de examen, se confirmó uno de los temores expresados la semana pasada. La entonces “suspensión indefinida” fue una respuesta de “extrema prudencia” para no vulnerar el desarrollo del proceso electoral.

Ahora tiene que venir una etapa de información entre los profesores, pues prevalecen dudas y temores. Durante la discusión de la reforma siempre se habló de que la evaluación era un mecanismo que iría acompañado de capacitación para quienes fuera necesario. Hace falta también concientizar a los profesores de la necesidad de que sean evaluados y recordarles que la declaración de la SEP de: “Estas son las reglas, el que no vaya a proceso de evaluación no tendrá plaza”, va dirigido a la CNTE, no al grueso de los profesores que sí dan clases. La participación convencida es el mejor camino tanto para ellos como para los alumnos.

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