Una diplomacia para el siglo XXI

Alfonso Zárate

Cuando un diplomático dice que sí, es que quien sabe; cuando dice quien sabe, es que no, y cuando dice que no, no es diplomático.

En un mundo crecientemente globalizado, además de tener claridad respecto del lugar que el país debe ocupar entre las naciones, es imperativo avanzar en la profesionalización de nuestro servicio exterior, privilegiar la carrera diplomática sin cerrar las puertas a funcionarios temporales con especialidad en otras áreas (promoción comercial, cultura, ciencia, asesoría legales para comunidades mexicanas, etc.) y, desde luego, ubicar en posiciones clave, como nuestra embajada en Washington, a quien tenga toda la confianza y acceso directo al Presidente de la República.

Por desgracia, como ha ocurrido en el pasado, el personal de carrera pierde frente a los diplomáticos a la carrera: encabezando embajadas y consulados muy importantes siguen designándose a políticos privilegiando la lógica del pago de favores, cercanía o protección diplomática.

Un riesgo en las relaciones con el exterior es el de caer en el auto-engaño. Nuestra clase gobernante parece disfrutar los reconocimientos y premios, así como los discursos protocolarios para consumo en México. Un ejemplo: las palabras pronunciadas por la reina de Dinamarca durante la visita de Estado del presidente Enrique Peña Nieto, en las que se dice impresionada por la imagen “de un país moderno, activo y envuelto en la globalización” y expresa su admiración por las “reformas estructurales” y por el crecimiento económico de México, con lo que repite frases que suenan gratas a los oídos de su invitado, pero que distan de reflejar la comprensión de nuestra realidad, la que le reportan a sus gobiernos los representantes diplomáticos.

¿Alguien en el gobierno puede creer que los embajadores de EU o de países europeos, latinoamericanos o asiáticos acreditados en México, no le informan a sus superiores de los escándalos por presuntos conflictos de interés en los más altos niveles; los índices escandalosos de impunidad; el desastre en nuestras cárceles; la crisis de derechos humanos; los municipios controlados por el narco; los reportes de la Auditoría Superior de la Federación que exhiben el desastre administrativo en el manejo de los recursos públicos por los estados y la Federación?

La obra de Friedrich Katz, La Guerra Secreta en México, constituye un acercamiento lúcido y penetrante, al tiempo final del Porfiriato y a los primeros años de la Revolución. El historiador austriaco reconstruye la situación social, política y económica del país a partir de los reportes que enviaban a sus cancillerías los embajadores de Alemania, Francia, Japón y Estados Unidos, entre otros. Allí aparecen referencias a la corrupción de los generales durante el gobierno usurpador de Victoriano Huerta o sobre la injerencia del embajador Henry Lane Wilson en la caída del presidente Madero.

Como en otras áreas del gobierno, hay mucho por hacer para fortalecer nuestra política exterior, lo que reclama mirar hacia el mediano y largo plazos, a lo que ayudaría crear una unidad de planeación y prospectiva, adjunta a las oficinas del secretario, integrada por embajadores, expertos y académicos con ciertas especialidades…

Definir con claridad los resultados que se esperan de cada jefe de Misión y establecer instrumentos que permitan medir en qué medida responde su gestión a la promoción de los intereses económicos, políticos o culturales asignados; la representación en el exterior no puede ser un exilio dorado sino una trinchera para defender a la Patria.

Convendría evaluar la pertinencia de las reuniones anuales de embajadores, dividirlas por grupos regionales y preparar agendas para cada grupo, basadas en temas específicos…

Revisar el sistema de pensiones del Servicio Exterior, actualmente 19 mil pesos para un embajador con más de 30 años de servicios; quienes han servido a México en el exterior deben disfrutar de una pensión digna.

Hace tiempo que México dejó de ser “el hermano mayor” de los países de América Latina. En las negociaciones para acercar a los gobiernos de Cuba y EU, en los que el Papa jugó un papel decisivo, México fue el gran ausente. Hay que recuperar el liderazgo.

La política exterior no es sólo una estrategia de mercado para posicionar una Marca-País; es un instrumento del Estado para promover el interés nacional, una noción que hace lustros cayó en el olvido en estas latitudes y que hoy parece un lujo de los países protagónicos del vecindario global.

Presidente de Grupo Consultor Interdisciplinario.

@alfonsozarate

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios