Nicolás Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses hace más de dos semanas. Aún frente a la controversia internacional por la operación en Caracas, la salida del mandatario venezolano de inmediato generó la expectativa de una posible transición democrática en Venezuela.
Sin embargo, periodistas del país sudamericano advierten que el control interino de Delcy Rodríguez, bajo los designios de Washington, no muestra por ahora señales de debilitamiento del chavismo. De hecho, pese a las excarcelaciones de algunos presos políticos, los mecanismos de represión persisten para la ciudadanía, que vive en la incertidumbre sobre el rumbo de su nación.
“Han quitado la cabeza del régimen, pero todavía no hay una democracia”, asevera en entrevista Joseph Poliszuk, periodista de investigación y cofundador del medio Amando.info, quien enfatiza que al menos el 70% de los venezolanos que participaron en las últimas elecciones presidenciales votaron por la oposición en favor de Edmundo González, “un rechazo contundente a un régimen que la gran mayoría no respalda y quiere que se vaya”.

Donald Trump sostuvo el pasado 15 de enero una reunión con la líder opositora María Corina Machado, quien le regaló el republicano su medalla del Premio Nobel de la Paz. Pese al gesto, el presidente estadounidense ha dejado claro hasta el momento que la conducción de Estados Unidos sobre Venezuela será a través de Delcy Rodríguez.
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Miguel Henrique Otero, director editorial del diario EL NACIONAL, asegura que la estructura de gobierno sigue “intacta” y probablemente siga así mientras Rodríguez acate las exigencias de Washington, pues sobre ella pesa una advertencia expresa de Trump, quien amagó con consecuencias “peores” a las que atraviesa Maduro en caso de no cooperar.
Tras la captura del exmandatario se han dado pocos cambios en el gobierno chavista. El 7 de enero, apenas cuatro días después de la operación, Delcy Rodríguez designó al general Gustavo González López como el nuevo comandante de la Guardia de Honor Presidencial y titular de la Dirección General de Contrainteligencia Militar; el 12 de enero, también nombró como ministro del Despacho de la Presidencia al capitán Juan Escalona, quien era parte de equipo de seguridad de Maduro.
En lo alto del gobierno persisten personajes clave que podrían definir el futuro de la relación con Estados Unidos o el probable avance a un proceso democrático. Uno de ellos es Diosdado Cabello, ministro del interior y de justicia, quien “sigue siendo la figura central de control social”, señala Luis Ernesto Blanco, director del diario Runrun.es.
“El régimen represivo sigue igual”, afirma Henrique Otero. De acuerdo con el periodista, policías y militares continúan deteniendo a ciudadanos para revisar sus teléfonos móviles. “Si encuentran un video contra los Rodríguez o incluso contra Maduro, se los llevan presos. Blanco señala que a esto se suma la labor de los colectivos, grupos de choque paramilitares que realizan patrullajes en zonas urbanas y que responden a Cabello.
El peso del ministro del interior dentro del chavismo no sólo se expresa en el control social, sino también en su papel como administrador de los cuerpos de inteligencia y seguridad del país, vinculados a la detención de presos políticos.
Henrique Otero vaticina que una eventual liberación total de presos políticos o una apertura democrática real podría encontrar resistencias internas por parte del ministro, lo que limitaría el margen de maniobra de Delcy Rodríguez frente a lo que pide Washington.
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“Foro Penal, una de las organizaciones que ha documentado los presos políticos, habla de hasta más de 800 presos, las excarcelaciones que se han dado hasta el momento realmente son números muy pequeños. El gobierno seguirá tratando de controlar la narrativa al respecto porque no creo que le sea conveniente soltar a tanta gente rápidamente”, explica Blanco.
Otra figura clave en este tablero es el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López. Su rol, señalan los periodistas, resulta determinante para garantizar la cohesión militar del régimen en esta etapa sin Maduro. Para Henrique Otero, la transición abre la posibilidad de fisuras si los principales factores de poder no están incluidos en acuerdos con Estados Unidos.
“La presencia de Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López como figuras de control social y militar sigue siendo fundamental. Si alguno de ellos no estuvo en alguna negociación previa, debe haber resquemores importantes”, analiza Blanco.
Blanco subraya que la rapidez con la que Washington estableció un vínculo directo con el gobierno interino de Rodríguez sugiere que la operación contra Maduro no fue improvisada. “Hace pensar que esto ya estaba orquestado”, dice, al recordar que semanas antes medios internacionales ya perfilaban a Rodríguez como una figura “moderada”. Sin embargo, advierte que ese reacomodo no garantiza unidad interna en el chavismo, sobre todo si actores como Padrino o Cabello perciben que sus intereses quedaron fuera del nuevo diseño.
En ese contexto de tensiones latentes aparece un tema que, para los periodistas, atraviesa toda la estructura de poder: el narcotráfico. Aunque en la reciente acusación judicial estadounidense se eliminó la referencia explícita a Nicolás Maduro como líder del llamado “Cártel de los Soles”, Miguel Henrique Otero sostiene que ello no implica su inexistencia. Por el contrario, define al grupo como una “corporación criminal que mantiene secuestrado al Estado”, integrada por altos mandos políticos y militares.
La diferencia, explica el periodista, es que ya no se le describe como un cártel tradicional, sino como un sistema de clientelismo sostenido por “narcotráfico, corrupción y violaciones a derechos humanos”. En esa lógica, figuras como Cabello han sido señaladas en expedientes judiciales de Estados Unidos por su presunta participación en operaciones de tráfico de cocaína hacia México.
En la acusación contra Maduro se documenta que en 2006 se coordinó el envío de 5.5 toneladas de cocaína desde Venezuela hacia México en un avión DC-9, operación en la que participaron altos mandos del Estado venezolano. La acusación detalla que la aeronave despegó desde un hangar reservado para la presidencia en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía y aterrizó en Campeche, donde el cargamento fue incautado.
Joseph Poliszuk recuerda la cobertura del caso. “Aunque mucha de la información estaba testada, encontramos que uno de los nombres registrados coincidía con la identidad de un piloto de ‘El Chapo’ Guzmán”, relata. El periodista añade que dicho aviador operaba con total normalidad en Maiquetía, “no solo desde el aeropuerto principal, sino desde la rampa siete, que queda al lado del hangar presidencial”, una dinámica que, subraya, hacía “imposible que no la pudieran ver”.
Los nexos con México también se extendieron a esquemas financieros y comerciales para evadir sanciones internacionales. Poliszuk recuerda que, a través del sistema de los CLAPS, “en la peor época de escasez, el gobierno repartía alimentos, a cambio de votos”, los cuales eran “de mala calidad y comprados a sobreprecio a proveedores mexicanos”. Además, señala que operadores del régimen “usaron empresas mexicanas para comercializar petróleo, evadiendo así las sanciones impuestas por Norteamérica
Hacia adelante, los escenarios que vislumbran los periodistas son inciertos. En el mejor de los casos, esperan el restablecimiento del Estado de derecho, la liberación de todos los presos políticos y una apertura democrática gradual acompañada de recuperación económica. No obstante, también advierten el riesgo de una estabilidad superficial, sostenida por el tutelaje de Washington y por intereses pragmáticos, en particular petroleros.
“Todo deja una preocupación muy grande desde lo que significa la intervención extranjera, sobre todo, tratándose de Estados Unidos y cualquier país Latinoamericano”, asevera Luis Ernesto Blanco. Para los analistas, el chavismo sin Chávez y sin Maduro aún no se ha desmantelado: sólo ha cambiado de rostro, mientras las viejas estructuras de control, represión y poder siguen marcando el destino de Venezuela.