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​El famoso “Toro de la carretera” cumple 60 años

Es un icono de España y un Bien de Interés Cultural con el que han posado millones de turistas para tomarse la foto

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En 1962 se ordenó que el anuncio se alejara de las carreteras para no distraer a los conductores. (Foto: Wikimedia Commons)
Destinos 20/03/2018 22:30 EFE Actualizada 10:43

Sesenta hierbas cumplió un famoso toro, icono de las carreteras españolas desde su instalación, en 1958, para promocionar el brandy insignia de una histórica bodega. Se trata de un emblema por el que han pasado millones de turistas para tomarse la foto de rigor.

La popular silueta fue creación del publicista y diseñador Manolo Prieto (1912-1991).

Negro zaino, acaramelado de pitones, ensillado y de generosa papada, el Toro de la Carretera, como también se le conoce, nació en el kilómetro 55 de la N-I, en Cabanillas de la Sierra (Madrid), elaborado en madera.
 

En los años sesenta, se llegaron a contar medio millar de siluetas en las carreteras de una España en plena efervescencia del turismo. Así se convirtió en seña de identidad del país entre los extranjeros.

Polémica constante
El primer puyazo lo recibió desde la normativa estatal de carreteras, cuando en 1962 se tuvo que alejar del asfalto para no distraer a los conductores. Pero creció en tamaño para compensar el necesario alejamiento de la carretera.

toro_osborne_carretera_espana_monumento.jpg (Foto: Rubén Díaz Caviedes)

De la madera, se pasó al metal, y de los cinco metros a los 14 de altura y cuatro mil kilos de peso, soportados por cuatro torretas metálicas ancladas en zapatas de hormigón.

El Toro de Osborne fue portada, en 1972, de The New York Times Magazine para ilustrar un reportaje sobre la España del tardofranquismo.
 

En 1987 la nueva Ley de Carreteras le dio otro espadazo al prohibir la publicidad situada junto a las vías. Pero un año después, fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por parte de la Junta de Andalucía.

La publicidad del brandy desapareció de su anatomía. El animal aguantó una nueva acometida cuando en 1994 el Gobierno central, al interpretar como publicidad subliminal su figura, pese a no tener ningún añadido gráfico ni rotulado, impuso una multa de un millón de pesetas a la bodega.

El fotógrafo Pau Barroso, en un trabajo de campo que ha durado varios años, ha captado con su cámara los 88 ejemplares dispersos por la geografía viaria en 36 provincias de 15 comunidades y la ciudad autónoma Melilla.

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