20 | AGO | 2019
Belice_arrecife
Desde Caye Caulker se puede llegar a la Barrera del Arrecife de Belice. (Foto: iStock)

Belice: lo que debes saber para nadar en la Barrera Arrecifal Mesoamericana

12/05/2019
00:28
Samantha Michelle Guzmán
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Con el snorkel puesto descubre la Barrera del Arrecife de Belice declarada Patrimonio de la Humanidad

CAYE CAULKER, BELICE. —Intento nadar rápido, pero apenas avanzo. A mi alrededor se alzan barreras en todas formas y tonalidades: “muros” anaranjados, espigas rosadas, masas esponjosas que parecen cerebros y “hojas” de color morado, afiladas como navajas. Son corales, localizados a pocos centímetros de la superficie. Hay tantos, que no me dejan espacio para estirar los brazos o impulsarme bruscamente. Por eso floto con la mayor calma y pataleo cuidadosamente.

Cuando te dicen que los arrecifes de coral están entre los ecosistemas más diversos y se pueden comparar, por ejemplo, con la Amazonia, no hay que tomarlo a la ligera. En este momento, me siento tan insignificante y vulnerable como lo estaría en la selva sudamericana. Y es justo eso lo que vuelve inolvidable esta experiencia.

belice-barrera_arrecifal-snorkel_2.jpgFoto: iStock 

Este intimidante reino surrealista es un pedacito minúsculo de la Barrera del Arrecife de Belice, Patrimonio de la Humanidad. A su vez, es una parte de la Barrera Arrecifal Mesoamericana, la segunda más grande del mundo.

Suena como un sitio remoto e inalcanzable. Pero está a 20 minutos en bote desde Caye Caulker, una pequeña isla cercana a San Pedro, Belice. Específicamente, el punto que se puede visitar se llama Reserva Marina Hol Chan.

¿Emoción o pánico?
Debo seguir con precisión el mismo trayecto del guía, quien sabe cómo rodear las estructuras del arrecife para evadirlas. Está prohibido tocarlas: no solo por respeto al ecosistema, sino porque las heridas a causa del coral pueden ser especialmente dolorosas y causar infecciones.

Es un pequeño riesgo a cambio de estar presente en un escenario que parece de otro mundo. Una tortuga marina camina por la arena y bancos de peces coloridos nadan sincronizados, como en la escena de “Buscando a Nemo”. Todo ocurre a escasos centímetros de mí. Cada vez que me acerco a una zona donde el “bosque” de corales es muy espeso, pienso: “¿habrá algún animal extraño y peligroso, listo para atacar si se me ocurre invadir su hogar?” Prefiero no buscar una respuesta.

belice-snorkel-rayas.jpgFoto: iStock

De nuevo en el bote, nos dirigimos hacia un hábitat de rayas, donde el panorama cambia por completo. En pleno océano, hay una zona con profundidad de apenas un metro y medio. Antes de sumergirme, ya distingo los peces: lucen como manchas circulares deslizándose sobre el suelo, levantando una pequeña estela de arena blanca a su alrededor.

Entro con muchísimo cuidado al agua, con miedo de pisar una raya y provocar su ira. Pero ellas me esquivan con agilidad y nadan alrededor de mí sin rozarme siquiera. Su cuerpo es delgadísimo, casi como una tortilla gigante. Calculo que hay unas 20 rayas, solo alrededor del bote.

belice-nado-tiburon_nodriza.jpgFoto: iStock

Unos minutos después, llega un par de tiburones nodriza; miden apenas un par de metros de largo y no parecen muy amigables. Sin embargo, no atacan a los humanos, explica el guía.

Un tour clásico de esnórquel por la Reserva Marina Hol Chan incluye la oportunidad de nadar con manatíes. Son animales intimidantes, que miden alrededor de tres metros y superan media tonelada de peso. Esto no cambia su personalidad tranquila y curiosa, la cual no representa ningún riesgo para los viajeros.

belice-manaties.jpgFoto: iStock

La (otra) isla bonita
Hace 58 años, un huracán partió en dos el territorio de Caye Caulker. Del lado más extenso quedó un área natural cubierta por manglares, mientras que en el otro, floreció el turismo.

La grieta donde la tierra se abrió es llamada The Split y, justo este punto, se convirtió en el mejor sitio para nadar. A la orilla del mar se construyó un estrecho malecón que sirve como plataforma para echarte un clavado.

belice-caye_caulker-playa.jpgFoto: Sergio Tapia. EL UNIVERSAL

La vida en Caye Caulker parece muy simple, y me toca comprobarlo durante casi toda una tarde. Nadar en aguas color turquesa donde las olas son casi inexistentes, remar lentamente sobre una tabla de surf y tomar cocteles con frutas tropicales, es casi una rutina.

Sentada en una palapa de madera sumergida en el agua, en el bar Lazy Lizard (el más famoso del cayo), observo a un grupo de turistas de look mochilero y piel enrojecida. Todos están tomando un coctel decorado con cerezas y piña. Cuando pregunto qué es, descubro uno de los tragos más famosos de Belice, preparado con ron de coco y jugo de piña. Se llama “panty ripper” o “rompecalzones”. Sobra decir que tiene fama de traicionero.

El cayo es muy pequeño. Posee unas cuantas calles con arena en lugar de cemento, y todas las construcciones están pintadas en colores vivos. No existen los grandes resorts “todo incluido”; el hospedaje consiste en hoteles rústicos y hostales. Pero lo que falta en lujo, sobra en actitud. El reggae suena a todo volumen y la gente viste lo que se le antoja.

belice-caye_caulker-playa_2.jpgFoto: Sergio Tapia. EL UNIVERSAL 

Un día con los garífuna
El perfecto opuesto de Caye Caulker es el pueblito costero de Hopkins, a una hora de vuelo desde San Pedro. Su playa tiene arena dorada y agua de tonos intensos. Además, su sello distintivo no son los arrecifes, sino la riqueza cultural. Es el mejor lugar en Belice para conocer de cerca la cultura garífuna, una etnia afrocaribeña que también está presente en Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Antes de mi experiencia, me instalo en Seiri del Mar, un tranquilo complejo de condominios. Es lo más cerca que he estado de poseer una casa de playa: mi “suite” está equipada con cocina, sala y hasta una terraza a la orilla del mar.

belice-playa-hopkins.jpgFoto: Sergio Tapia. EL UNIVERSAL

A cinco minutos del alojamiento, está Palmento Grove, un centro cultural administrado y atendido por familias de la etnia garífuna para darte una probadita de su estilo de vida. Se encuentra en una pequeña isla privada rodeada de manglares.

Todos los visitantes se cambian de ropa para sentirse parte de la comunidad. Hay guayaberas con diseños de grecas entre los diseños masculinos y vestidos con flores y paliacates entre las mujeres.

El día de hoy toca preparar hudut, un platillo típico de la etnia garífuna. Es un pescado frito que se sumerge en un caldo de leche de coco y se acompaña con una masa de plátano.

belice-garifuna-clase-cocina.jpgFoto: Sergio Tapia. EL UNIVERSAL

Como niños, los turistas observamos felices al hombre mayor que nos muestra cómo se prepara la receta. Es capaz de abrir un coco usando solo sus manos y extraer la pulpa en menos de cinco minutos. Nos emocionamos cada vez que nuestro guía nos pide alguna “tarea especial”, como exprimir la pulpa, picar vegetales o machacar el plátano con un mortero.

Mientras “cocinamos”, nos cuenta sobre sus creencias y costumbres. Lo que más llama mi atención es el dugu. Se trata de una ceremonia que tiene como propósito resolver algún conflicto familiar o sanar una enfermedad por medio de la intervención de los ancestros. El ritual dura entre seis y nueve días; involucra música de tambores, baile, canto, comida y sacrificios de animales.


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Después de comer, llega la parte más divertida del recorrido. Dos hombres con rastas y lentes oscuros nos enseñan a tocar los tambores como los garífuna.
El ritmo que aprendemos se llama punta. Al principio parece sencillo coordinar el golpe de nuestras palmas en los tambores; pero conforme la melodía se vuelve rápida, evidenciamos la falta de experiencia con el torpe movimiento de manos. Los guías ni siquiera miran sus instrumentos, solo se dan el lujo de cantar y reírse de nosotros

belice-garifuna-tambores.jpgFoto: Sergio Tapia. EL UNIVERSAL

El sonido que produzco con mi tambor no es ni remotamente agradable; tampoco importa. En este momento todos nos divertimos y, según nosotros, hasta cantamos como los locales. Con los manglares de fondo, nos sentimos parte de una forma de vida totalmente distinta a la nuestra. Es otra manera en que Belice se vuelve absolutamente inolvidable.

GUÍA DEL VIAJERO
Cómo llegar
Para Caye Caulker. Puedes tomar un vuelo hacia Chetumal (en Skyscanner hay tarifas desde dos mil 800 pesos). Desde ahí parten los taxis acuáticos hacia el cayo; un viaje redondo cuesta 110 dólares.
www.belizewatertaxi.com

Para Hopkins. Desde Caye Caulker, toma el taxi acuático hacia la Ciudad de Belice; te cuesta 28 dólares de ida y vuelta. Un servicio de shuttle hacia la playa tiene tarifas desde 200 dólares.
untamebelize.com

belice-caye_caulker_3.jpgFoto: Sergio Tapia. EL UNIVERSAL

Dónde dormir
En Caye Caulker. Island Magic Beach Resort tiene precios desde 152 dólares.
www.islandmagicbelize.com
En Hopkins. Seiri Del Mar ofrece condominios con capacidad para dos personas, desde 627 dólares por tres noches.
www.seiridelmar.com

Tours
En Caye Caulker. Caveman Snorkelling Tours (www.cavemansnorkellingtours.com) y Blue Coral Fabulous Escapes son algunos de los touroperadores mejor conocidos.
En Hopkins. Puedes contactar a Palmento Grove por medio de su sitio web: www.palmentogrovebelize.com

belice-caye_caulker_4.jpgFoto: Sergio Tapia. EL UNIVERSAL 

Idioma
Inglés. En restaurantes y hoteles es fácil hallar hispanoparlantes.

Moneda
Dólar beliceño. Equivale a nueve pesos con 50 centavos, aproximadamente. En casi todos los establecimientos, puedes usar dólares estadounidenses.

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