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La Copa del Mundo Estados Unidos 1994 significó para Luis García mucho más que una simple participación: Representó la culminación de un sueño forjado desde niño, cuando imaginaba vestir la camiseta verde y escuchar el himno nacional en el escenario más imponente del futbol.
El delantero arribó al torneo con el respaldo de tres años en el balompié europeo y respondió cuando el Tricolor más lo necesitaba. Su doblete frente a Irlanda se convirtió en uno de los pasajes más memorables no sólo del Mundial, sino de su carrera.
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“Cuando eres jugador, eres muy irresponsable y no te enteras de muchas cosas. Mi primera experiencia llegó a los 24 años... Quizá no era tan consciente de lo que pasaba a mi alrededor. No existe algo más maravilloso, desde niño soñé con ser futbolista y cumplí uno de los mayores anhelos, que es representar a mi país en una Copa del Mundo. Tuve la fortuna de marcar goles, algo que no es fácil de explicar”, compartió, en entrevista con EL UNIVERSAL Deportes.
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Anteayer, García también fue uno de los más de 80 mil afortunados que presenciaron la reapertura del Estadio Azteca, ahora conocido como Estadio Banorte, recinto que —durante su etapa como futbolista— se convirtió en un cómplice, marcado por su peso histórico.
“El Estadio Azteca es un fortín, un lugar histórico que tiene fantasmas. Es el escenario en el que Pelé y Diego Armando Maradona se coronaron. La gente que ha pisado esa cancha lo convierte en un sitio que pertenece al Olimpo”, concluyó.
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