Llegó sin reflectores y terminó siendo figura. Ignacio Rivero se ganó su lugar en Cruz Azul con entrega, goles y una conexión genuina con la afición. Algunos lo llaman leyenda, otros histórico, y su nombre quedó ligado a uno de los capítulos más felices del club.

Rivero fue pieza clave en el título del Guard1anes 2021, la ansiada novena. De aquel plantel campeón, sólo quedaban él y Andres Gudiño. Hoy, el arquero es el único sobreviviente de dicha hazaña.

Su valor fue más allá de las estadísticas. Nacho jugó prácticamente en todas las posiciones, salvo la portería, ordenó al equipo y aportó equilibrio. En la era de Martín Anselmi y Vicente Sánchez fue clave en la distribución del juego.

A sus 34 años, Rivero cerró su etapa en La Noria, tras 237 partidos, 27 goles y 19 asistencias. Xolos le ofreció un contrato de dos años y medio y no dudó. La edad y posibles diferencias de ideas pesaron más que el deseo de retirarse vestido de azul.

El cambio de rumbo llegó con Nicolás Larcamon, quien apuesta por un equipo más joven. En ese plan ya no entraron varios nombres como Ángel Sepúlveda, Rivero o Lorenzo Faravelli, este último considerado como el cerebro del equipo.

La salida de Faravelli luce cercana, aunque quizá ya no con Necaxa. Su nombre estuvo en la mesa durante las negociaciones por Agustín Palavecino, en un posible trueque y más dinero. Palavecino llegó, pero el destino de Lolo sigue en el aire al estancarse las negociaciones. Algo es un hecho: el corazón de La Máquina en la era Anselmi también parece listo para decir adiós.

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