Heredero de un linaje que ha dejado huella en cada cuadrilátero de México, forjó su carrera entre sudor y disciplina y, en cada función, ganó el respeto y la admiración de los aficionados a la lucha libre.

El reconocimiento de los fans, quienes lo han visto ascender en las carteleras, ha sido un aliciente para el esteta, quien, pese a tener ya un gran recorrido profesional, mantiene todavía en mente un sueño por cumplir: compartir el ring con su propio hijo.

Ese anhelo, que no solo representa un reto deportivo, sino también la continuidad de una tradición transmitida de generación en generación, provoca una gran ilusión en el gladiador, que cuenta las horas para ver a su vástago debutar como profesional.

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"Mi gran objetivo y sueño es esperar a mi hijo, recorrer parte del mundo a su lado como luchador y enseñarle cada secreto del deporte. Estamos haciendo bien las cosas; yo no pude hacerlo con mi padre, hemos salido por la pasarela, pero llegará el momento de trabajar juntos", recalcó el integrante de la familia Álvarado.

Con la experiencia de los años y la pasión intacta por una disciplina que le ha dado todo, Robin, quien también busca impulsar a más jóvenes mediante una empresa en Estados Unidos, recordó que la etapa de padre y mentor lo remite a su infancia, cuando dio sus primeros pasos con el respaldo familiar.

"Me reflejo mucho en mi padre al ver entrenar a mi hijo; él me enseñó las bases de la lucha libre. Mi hijo entrena lucha olímpica, sigue un proceso y sabe que debe ganarse la oportunidad de dar el salto. Me acompaña y ya ejecuta movimientos. Todo regresa, estoy orgulloso de lo que viene", finalizó.

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