La crisis de Cruz Azul es cada vez más profunda. Regresar por un día al estadio 10 de Diciembre con el objetivo de “reconectar” con sus raíces y su identidad no fue suficiente, la Máquina no funciona y ahora son nueve partidos consecutivos sin conocer la victoria, gracias al empate (1-1) con Querétaro en La Corregidora.
Cruz Azul dejó ir la posibilidad de cerrar el campeonato entre los primeros lugares y además, se rezagó en la lucha por el millón de dólares que entrega la Liga MX por ser el mejor equipo de la temporada, pero lo peor de todo, es que parece haber perdido su esencia de equipo contendiente al título. Los aficionados cementeros cambiaron la ilusión por la frustración expresada a través de abucheos.
Jeremy Márquez fue el héroe y el villano de este empate. En los primeros minutos de la primera parte (9’), después de un par de cabezazos dentro del área, se encontró con el balón a su merced de frente al arco y soltó un potente disparo que adelantó a la Máquina en el marcador; sin embargo, antes de irse al descanso (46’) un desvío suyo se transformó en autogol y empate para los Gallos.

Nicolás Larcamón movió sus fichas en la segunda mitad. Christian Ebere y Luka Romero, principalmente, se convirtieron en los jugadores más desequilibrantes del Cruz Azul pero sus ataques tenían más ímpetu que peligro. Carlos Rotondi tuvo un partido lleno de imprecisiones y Gabriel Fernández se frustró en sus repetidos intentos detenidos por José Hernández.
Querétaro se despidió de sus aspiraciones a Liguilla, y Cruz Azul cerrará la temporada regular en el estadio Banorte, frente al Necaxa, donde no puede volver a fallar.