El Real Madrid encontró ante el Inter la victoria donde más insistió Mourinho: en la presión, origen de los goles de Kylian Mbappé y Fede Valverde, y en Thibaut Courtois, refugio habitual cuando el conjunto italiano puso en duda el triunfo blanco (2-1).
La derrota ante el Betis había dejado interrogantes sobre un equipo aún en construcción. Tras superar a Espanyol, Real Sociedad y Málaga, el Inter suponía una prueba de mayor exigencia. Mourinho llegó condicionado por las bajas de Bernardo Silva, Güler y Camavinga, lo que le llevó a improvisar con Alexander-Arnold en el centro del campo junto a Bellingham, mientras Brahim ocupó el lugar del turco.
El Inter entendió mejor la primera parte. Jugó con más naturalidad, encontró espacios y generó peligro constante. Huijsen estuvo cerca de marcar en propia puerta, Courtois respondió ante Calhanoglu y Curtis Jones estrelló un remate en la cruceta. Sin embargo, el descanso llegó con un sorprendente 2-0 para el Madrid.

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Al conjunto blanco le faltó fútbol, pero no energía. Los dos goles nacieron de la presión. Mbappé persiguió a Bisséck, forzó su error y aprovechó una asistencia de Brahim para abrir el marcador. Después, Valverde no dio por perdida una pelota, incomodó a Josep Martínez y provocó una acción que terminó con el balón en la red tras rebotar en él.
El resultado explicaba la eficacia madridista, no el desarrollo del encuentro. Incluso Bellingham pudo ampliar la ventaja antes del descanso, pero el Inter había sido superior en el juego.
La segunda mitad mantuvo el mismo guion. El Inter monopolizó la posesión y Courtois sostuvo al Madrid con intervenciones decisivas ante Curtis Jones y Bastoni. El equipo de Mourinho, con espacios para correr, desperdició varias contras y dejó vivo a su rival. Lo pagó con el tanto de Carlos Augusto en el minuto 76, tras anticiparse a Konaté.
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Del posible 3-0 se pasó al 2-1 y a los silbidos de parte del Bernabéu, especialmente dirigidos a Vinícius. El Inter siguió empujando, pero el empate no llegó. El Real Madrid sobrevivió gracias a lo que tanto echó de menos en otras temporadas: una presión capaz de provocar errores y transformarlos en goles.