Antes de que su nombre resonara en el ciclismo internacional, la vida de Edgar Cadena estuvo marcada por la dificultad de abrirse camino en un país donde el desarrollo deportivo suele ser complejo. En ese trayecto lleno de obstáculos, apareció una persona que le cambió la vida, al ofrecerle la oportunidad de trabajar como auxiliar en un taller mecánico.

Entre autopartes, grasa y aceite, encontró la manera de reunir recursos para comprar su primer equipo y comenzar a competir. Aquella etapa, en un modesto inmueble de la Ciudad de México, fue el punto de partida de una historia que hoy recuerda con gratitud y cariño.

“Trabajé muy joven como chalán de mecánico y de ahí sacaba recursos para competir, especialmente de las premiaciones. En esa etapa, el sueño era representar a México. Mi jefe en el taller también practicaba ciclismo a nivel amateur y lo veo como un padre, me aconsejó y me abrió las puertas de su local para ganarme un peso ante los problemas económicos de mi familia”, dijo.

El pedalista, quien ahora recibe un buen salario y equipo para competir en Europa, fue más allá en esa faceta, presumiendo que en todo el tiempo pudo aprender el oficio.

“Ya sé qué hacer si algún día se me queda el coche parado. Era muy bueno, aprendí cosas que a la gente se le pueden complicar”, finalizó.

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