En el corazón de los Alpes italianos, entre la nieve que guarda historias de gloria y resistencia en los Juegos Paralímpicos de Invierno, México tiene un nombre que resuena con mucha fuerza: Arly Velásquez.

A los 13 años, un accidente de ciclismo de montaña cambió su vida para siempre. Las vértebras dañadas colapsaron y la médula quedó comprimida, lo que lo dejó sin movimiento de la cadera hacia abajo.

Los pronósticos médicos fueron devastadores: Una vida en cama. Sin embargo, Velásquez decidió escribir otra historia. Con disciplina y una voluntad indomable, se rehabilitó y encontró en el monoesquí alpino no sólo un deporte, sino una nueva forma de libertad.

Hoy, en Milán-Cortina 2026, celebra su quinta participación paralímpica y se consolida como un referente histórico, además de un símbolo de esperanza para la sociedad mexicana.

“Le agradezco a la vida por dar un poco de esperanza a la sociedad. He tenido que recargarme mucho en ella, porque me rompí la espalda, o familiares han perdido la vida. Siempre he sido un fiel creyente de que, pese a todo lo malo, siempre sale el sol, y es un privilegio representar eso”, expresó, en entrevista con EL UNIVERSAL Deportes.

Arly, quien sufrió una accidentada presentación en tierras olímpicas al perder el equilibrio en su primer descenso en la prueba de downhill y más tarde finalizar en el sitio 15 del Super-G, pidió a los mexicanos no quedarse con ganas de nada.

“Hay que vivir con integridad. No hay nada más importante que ser una persona de honor y defender lo justo”, concluyó el para esquiador mexicano.

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