Durante años aprendimos la misma secuencia casi de memoria: shampoo para limpiar y después acondicionador para suavizar. Pero ahora una tendencia de cuidado capilar propone cambiar el orden y empezar justamente por el producto que normalmente dejamos para el final.
Se llama lavado inverso o reverse washing y consiste en aplicar primero el acondicionador, principalmente de medios a puntas, y después utilizar shampoo. La idea no es complicar la rutina, sino conseguir hidratación y suavidad sin que el cabello termine pesado o pierda volumen.
Y aunque puede sonar contradictorio, dermatólogos consultados por medios especializados señalan que este método puede resultar particularmente útil para determinados tipos de cabello. No significa, sin embargo, que haya que abandonar el lavado tradicional.

La lógica detrás del lavado inverso es bastante sencilla: el acondicionador ayuda a suavizar y proteger la fibra capilar antes de que entre en contacto con el shampoo, mientras que el lavado posterior ayuda a retirar parte de los residuos que podrían dejar una sensación pesada.
De acuerdo con la dermatóloga Sandra Oska, citada por Vogue, los acondicionadores pueden crear temporalmente una barrera protectora sobre la fibra y ayudar a proteger la cutícula frente a la acción limpiadora de los tensioactivos del shampoo. Al aplicar el shampoo después, se elimina el exceso de acondicionador que pueda haber quedado en el cabello.
Por eso, uno de los principales atractivos de esta técnica es conseguir suavidad e hidratación sin sacrificar volumen, especialmente cuando el cabello tiende a quedar plano después del acondicionador.
El reverse washing puede ser especialmente interesante para quienes tienen cabello fino o que se apelmaza con facilidad. En estos casos, el acondicionador aplicado al final de la rutina puede dejar una sensación de peso, mientras que invertir el orden permite acondicionar las puntas y después limpiar los residuos.
También puede resultar una opción para quienes tienen raíces con tendencia grasa pero puntas secas, ya que permite concentrar el acondicionador donde más se necesita y reservar el shampoo para el cuero cabelludo. Pero aquí está el matiz importante: no es un método que necesariamente funcione para todas las melenas.
Los cabellos muy gruesos, secos, rizados o con mucha textura suelen necesitar una hidratación más intensa y duradera. En estos casos, los expertos señalan que puede ser preferible mantener la rutina tradicional de shampoo y después acondicionador.
Lo mismo aplica para una melena muy procesada, decolorada o extremadamente reseca: retirar el acondicionador después de aplicarlo puede no ser lo que más necesita el cabello.
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Si quieres probar esta técnica, la rutina es sencilla:
Antes de aplicar cualquier producto, asegúrate de que tu cabello esté bien empapado.
Evita llevarlo directamente a la raíz, especialmente si tu cuero cabelludo tiende a producir grasa.
La idea es que el acondicionador tenga tiempo de suavizar y desenredar la fibra. Algunas recomendaciones señalan alrededor de dos o tres minutos.
Masajea suavemente la raíz y deja que la espuma recorra el resto del cabello al enjuagar, sin necesidad de frotar las puntas.
El shampoo ayudará a retirar la suciedad del cuero cabelludo y el exceso de acondicionador que haya quedado en la fibra.
Después puedes continuar con tu rutina habitual de cuidado capilar, dependiendo de las necesidades de tu cabello.
No necesariamente. El lavado inverso es una alternativa, no una nueva regla universal. De hecho, no existe evidencia científica suficiente para establecer que esta técnica sea superior para todos los tipos de cabello.
Si después de lavar tu cabello con shampoo y acondicionador tradicional notas que queda suave, manejable y con el volumen que buscas, no tienes una razón obligatoria para cambiar la rutina.
En cambio, si tienes el cabello fino, sientes que el acondicionador lo aplasta o notas que las raíces pierden volumen rápidamente, el reverse washing puede ser un experimento sencillo para ver cómo responde tu melena.
Al final, el mejor orden no es necesariamente el que aprendimos primero, sino el que funciona con las necesidades reales de nuestro cabello.
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