Poco se ha logrado para cerrar la brecha de género en la academia mexicana en los últimos 20 años. En 2005, en la (UNAM), sólo el 25% de los investigadores Titular C (el nivel más alto) eran . En 2020, año en que se realizó la última encuesta, esa cifra sólo ascendió al 30%. Ana Buquet, investigadora especializada en el tema de género en la educación superior y que trabaja en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, explica que ha revisado datos de otras universidades mexicanas y el porcentaje de la participación de mujeres en la investigación es similar al de la UNAM o incluso más bajo.

La segregación de mujeres en el campo de investigación es un tema que hasta hace “cinco minutos históricamente se comenzó a visibilizar”, más no a solucionar, declara Michelle Gama, directora del Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismos (Cecrige) de la Universidad Iberoamericana.

Alejandra Herrera, coordinadora de la maestría en Gestión de la Innovación y la tecnología de la Ibero, indica que la disparidad de género en los estudios superiores e investigación se debe a la crianza con estereotipos: “Nuestra cultura se mueve a través de estereotipos. Me parece que todavía estos mensajes dirigen a las niñas a espacios más alejados de la ciencia y de la tecnología”. Así fue como se llegó a que el 33.3% del personal investigador en el mundo sean mujeres y, específicamente en las carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, sólo el 35% sean mujeres, según datos de la UNESCO.

Alejandra Herrera. Foto: Horacio Flores
Alejandra Herrera. Foto: Horacio Flores

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Específicamente, en la UNAM sólo 22% de los investigadores en el campo científico son mujeres. En el caso de las Humanidades, la brecha de género es menor: 45% de los investigadores son mujeres. No obstante, 53% de los cargos de autoridad en esa área de la UNAM son ocupados por hombres. Elsa Arroyo, historiadora, restauradora e investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, respalda esa cifra de la UNAM con su experiencia: “La paridad de género es intrínseca en la disciplina porque somos más mujeres. Aunque sí te voy a decir algo, los puestos de directivos son 50/50, aunque hay mayor población de mujeres”.

Violencia de género

Ana Buquet explica que una de las principales causas de segregación de mujeres en la academia mexicana se encuentra en la violencia de género. La especialista dice que al menos el 50% de las estudiantes de licenciatura dice haberla padecido. Ya dentro de la academia, 34% de las investigadoras dijo temer sufrir acoso sexual en algún espacio de la UNAM, mientras que 37% reconoció haber vivido al menos una vez acoso sexual.

Sandra Zetina, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, explica que por su formación de restauradora e historiadora de arte ha tenido oportunidad de oscilar entre los ámbitos de la ciencia, la ingeniería y las humanidades. Aunque considera que el ambiente es más hostil hacia las mujeres en las ciencias duras, dentro del campo de humanidades sufrió una experiencia de acoso sexual durante un viaje al extranjero para impartir conferencias. “Hay una asimetría y se rebasan límites. Fue una persona de mucho poder. Fue muy desgastante para mí porque entonces yo acababa de darles información para un proyecto, uno al que nunca me invitaron”, recuerda Zetina.

Sandra Zetina. Foto: Mónica Monge / IIE UNAM
Sandra Zetina. Foto: Mónica Monge / IIE UNAM

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Doble turno

Otra causa es la división sexual del trabajo, dice Buquet, pues las académicas tienen entre 8 y 10 horas más de trabajo no remunerado a la semana que los hombres: es decir, un doble turno porque después de las labores profesionales se dedican a tareas domésticas y de cuidado. Esta cifra de horas extra puede aumentar a 26 horas cuando hay hijos de por medio. Es por esto que se ha identificado a nivel mundial que las mujeres que hacen una carrera académica deciden no formar una familia.

“Una mujer es tan productiva como un hombre si no tiene pareja y si no tiene hijos. Los hombres pueden seguir siendo tan productivos a pesar de tener esposa e hijos, ¿por qué? Porque la esposa les resuelve no solo los cuidados de los hijos, sino también los de él. Es un dilema muy fuerte porque la opción no debería de ser para las mujeres decidir entre una vida familiar y profesional”, señala.

En la comunidad de la Ibero, Gama dice que se ha identificado que son más las mujeres académicas las que se dedican a tareas de cuidado principalmente a personas de la tercera edad. Y aunque a estas alturas de la historia de la humanidad las tareas domésticas siguen siendo un obstáculo para las mujeres, Herrera dice que en los últimos años han surgido becas públicas y privadas “que responden a la comprensión de la realidad”.

Michelle Gama. Foto: Especial
Michelle Gama. Foto: Especial

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Zetina apunta a una situación médica que pone en desventaja a las mujeres para su productividad y de la que se habla poco: la menopausia. Si bien en septiembre de 2025 se reformó la Ley de Educación de la Ciudad de México para que las faltas a clases por menstruación sean justificables, y la licencia por menstruación se discute más y más, sobre la menopausia no se ha hecho algo.

“Tengo 50 años y estoy viviendo una menopausia que ni te cuento: es un tema de salud, llevo dos años luchando con el peso, la resistencia a la insulina, problemas de sueño. Eso requiere tiempo, citas médicas… Que entregue el artículo, sí quiero pero la verdad es que me quedé dormida, ¿cómo se los digo? Es algo normal y muchas mujeres lo viven”.

Invisibilización

En la cotidianidad de la academia mexicana se viven otras acciones que dejan ver la discriminación de género que no sólo se dan entre altos cargos, sino también entre iguales: infantilización de las colegas mujeres, regaños públicos con el fin de humillar e interrupciones. “Son (acciones) más cotidianas, sutiles y desafortunadamente más recurrentes y retadoras. Dificulta la fluidez necesaria para tener discusiones intelectuales de alto nivel, necesarias para el desarrollo del conocimiento”, declara Zetina.

Ana Buquet. Foto: Sandra Ramírez / CIEG-UNAM
Ana Buquet. Foto: Sandra Ramírez / CIEG-UNAM

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La invisibilización y subestimación del trabajo son otros obstáculos que enfrentan las estudiosas. Zetina cuenta que en varias ocasiones se ha visto en la posición de pelear su crédito en los proyectos de investigación en los que participa. “Recientemente se lo comenté a un colega, con miras a establecer un reconocimiento más transparente, y me dijo, no te preocupes te voy a tratar como si fueras (un colega hombre)”.

Arroyo, en sus 20 años de experiencia, ha identificado que se llega a subestimar la labor de investigación de ciencias aplicadas en las humanidades y es menos seria que la física o la química.

“Noto que intentan darnos los resultados muy digeridos e interpretados como para que sea más fácil entenderlos y eso me molesta porque es de entrada creer que no entendemos la ciencia”, añade Arroyo.

Elsa Arroyo. Foto: Gabriel Pano / EL UNIVERSAL
Elsa Arroyo. Foto: Gabriel Pano / EL UNIVERSAL

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Lograr una solución ante la disparidad de género, en este caso de la academia mexicana, implicaría reformar estructuras no sólo dentro de las universidades y centros de investigación.

“Visibilizar para analizar y analizar para reescribir”, es el proceso para lograr un cambio de paradigma, dice Gama, Mientras ocurre, las investigadoras hacen un llamado a seguir conversando sobre esta situación: “Lo más importante es atreverse a incomodar, a hablar, a cuestionar. Como dijo Giselle Pelicot, que la vergüenza cambie de lado”, concluye Zetina.

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