El retrato que Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) ha hecho de América Latina durante más de 40 años, aunque tiene luces, son mayores sus oscuridades; es un territorio marcado por la violencia de las drogas, la desigualdad económica, social y educativa, el encumbramiento de líderes mesiánicos y dictadores, el desencanto por la democracia y, sin embargo, también es una región imbuida por la fiesta y cierta esperanza en un futuro mejor, “si la fe estuviera muerta y perdida, nos suicidaríamos todos”, afirma.
La gran cronista de América Latina que en 1978 inició su carrera periodística como reportera en América Central para el diario The Washington Post y desde 1989 escribe sobre Latinoamérica para la revista National Geographic, The New Yorker y The New York Review of Books, conversa con EL UNIVERSAL sobre este continente que tiene el índice de homicidios más alto del mundo y no es fértil para la democracia por estar sembrada con los dientes de dragón de las drogas.
A este territorio, la ganadora del Premio Princesa de Asturias de Comunicación 2018, le ha dedicado su oficio, aquí nacen las crónicas reunidas en tres antologías: Al pie de un volcán te escribo, Desde el país de Nunca Jamás y Esta improbable tierra prometida (Debate), el último libro de reportajes que publicará, “he ejercido un oficio de jóvenes mucho más allá de lo que me correspondía”, apunta, por eso lo dedica a los reporteros del futuro, “porque todos saben que, aunque no nos quieran, hacemos falta”.

¿Cómo ha sido retratar este gran continente?
No pretendería haber escrito sobre América Latina como un todo. Yo más bien he hecho retratos de momentos específicos en la historia de este siglo que marcan puntos de cambio o que se dirigen a problemas muy específicos. Son retratos y son momentos que me han tocado a mí directamente. En esa medida, se podría decir que es una autobiografía. Es la historia de América Latina en los momentos en que yo la he vivido, en que he presenciado sus transiciones. Me preguntan, ¿por qué hay tanta violencia? La violencia porcentualmente es una mínima parte de nuestra realidad, pero afecta a todos y todo. La pregunta que me atormenta y que atormenta a muchos es ¿por qué no logramos salir de la violencia?
¿Empezar por reducir la desigualdad?
Latinoamérica es una región conquistada desde antes de la Conquista que también se manejaba a través de imperios y súbditos, es una región que permanece en esa condición de conquista 300 años, eso es una desigualdad institucional, fundacional básica, histórica que arrastramos. Y nos damos cuenta ahora que es sumamente difícil desbaratar esa desigualdad. Y al mismo tiempo la corrupción, que es otro lastre nuevo nuestro, dificulta mucho el camino hacia una menor desigualdad. Yo no sueño con igualdad perfecta, sueño con una menor desigualdad. Eso me parecería chévere.
¿El imperio que domina hoy es Estados Unidos?
Eso ha venido a complicar nuestra historia y la historia del mundo. El imperio que parecía más o menos dormidito, de repente tiene a un Calígula a la cabeza, que tiene un inmenso poder destructor. No le interesa tener un poder constructor, realmente a veces pienso que quiere destruir el mundo. Yo no he escrito mucho de Estados Unidos, pero me interesa el teatro, la farsa, la tragedia y ahí sí, tenemos para repartir. La política aparece en los textos en la medida que es teatral.
¿La historia más reciente es la entrada de EU a Venezuela?
Es la más actual y la más relevante hoy día porque esa intervención cambió el mundo. Por eso fue interesante que en el desfile por la Independencia de México fuera un desfile tan militar, fue hace un énfasis, porque la amenaza constante de Trump es invadir. No creo que invadiría México porque aquí hay un ejército mal que bien, pero invadió Irán como invadió Venezuela y asesinó a los dirigentes de Irán y extrajo a Nicolás Maduro sin la menor pretensión de normalidad. Estamos ante un imperio que no habíamos visto desde la Conquista.
¿En una matanza en Segovia, Colombia, hallas los orígenes de la violencia por las drogas?
Segovia inaugura el libro porque es una masacre que ocurrió en 1988 y fue la primera de las grandes masacres que se dieron en Colombia durante los siguientes 15 años. Pero también porque esas masacres y el narcotráfico y la guerra rediviva contra las drogas, que es un invento de Estados Unidos, todas aparecen en ese nudo de ese pueblo pequeño que es Segovia en el corazón de Antioquia, que es el centro del negocio del narcotráfico en Colombia.
¿En Segovia comenzó la política de Estados Unidos contra América Latina?
La de Estados Unidos es la política que más daño nos ha causado y no ha cambiado desde 1973, es una política racista y discriminatoria en contra de América Latina que se expresa en la guerra contra las drogas, que hace pensar que los campesinos son criminales y que lo que hay que hacer con ellos es echarles glifosato, aunque los envenene. Esa política racista, discriminatoria, imperialista está en el inicio, es una raíz importante del mal de la violencia.
¿La matanza en Segovia resuena en matanzas en otros países, en México?
Sí, la historia más larga del libro es sobre Ayotzinapa. Los padres de los desaparecidos y su lucha incansable porque se sepa la verdad es lo que hace que Ayotzinapa sea tan importante en nuestra memoria colectiva, pero hay infinitud de masacres que han ocurrido antes y después de Ayotzinapa.
¿Encuentras, escuchas en la gente esperanza o ya está muerta la fe?
Si la fe estuviera muerta y perdida nos suicidaríamos todos. Lo que pasa es que las amenazas son inmensas y la capacidad de reacción de los gobiernos, de los congresos es lenta. Frente a la destrucción del medio ambiente ¿qué se ha hecho en 50 años? Nada. Entonces, esas son causas de frustración, de rabia, de pesimismo. Pero también son motivadores, por lo menos de susto y preocupación de la ciudadanía.
¿Hay un desencanto por la democracia en todo el continente?
Es nuestro gran fracaso la democracia. Fue un sueño que nació con el fin de las dictaduras y aquí en México un poco con la alternancia, nace también con el movimiento zapatista. Creo dos cosas: que ha habido esfuerzos institucionales desde todos los gobiernos de América Latina, sin excepción de destruir las instituciones democráticas; y por otro lado, que hay una pérdida de interés desde la ciudadanía en la democracia. No es una prioridad.
¿Su prioridad es la seguridad?
Esa es la prioridad, gracias a la violencia. ¿Qué le preocupa a la ciudadanía a la hora de ir a votar?, la seguridad y la no inflación. La ambición de la gente es poquita, realmente, quiere progresar, quiere que sus hijos tengan más estudios que ellos, quiere vivir tranquila y que no les vacíen la casa en un robo.
Por eso me interesa Bukele, que va a ser dictador durante muchos años, siento yo. Porque le dio a la gente lo que pedía, un poco de imagen de “yo soy el dictador más cool”, modernidad, pero sobre todo seguridad. Y si el 30% de los presos no tienen cargo alguno y si en las cárceles torturan y matan, ¿a quién le importa más que a las madres de los encarcelados.
¿En México hay gran poder concentrado en una persona?
Este régimen ha sido presidencial desde que nació y nació para eso. Y nació como el de Bukele para poner el orden en una población harta de la violencia. Esa es la historia del PRI. A mí me parece que Morena es una continuación del PRI y entonces cumple con las mismas funciones.
¿Te convence o esperabas más de la presidenta Sheinbaum?
No vivo en México, no sigo la política como tal. Es difícil, porque por un lado la destrucción de las instituciones ha seguido durante el sexenio de Claudia Sheinbaum; por otro lado, ha sido inmensamente popular, más popular que López Obrador. Y le ha tocado la rifa del tigre. Entonces es difícil evaluarla fuera de ese contexto de Trump diciendo, “Déjame invadirte tantito”. Es difícil.
Y al mismo tiempo heredó algo que no es realmente un partido, que es Morena y la dificultad de gobernar con lo que se supone que es un partido fortísimo, pero que no es realmente un partido, también es una realidad.
¿Su fortaleza es que ha bajado la violencia?
Según los datos y según cierta percepción han bajado los homicidios y eso es un logro muy importante. No estoy al tanto de los números en cuanto a feminicidios, pero sí es interesante para mí haber descubierto cuando dice el libro ¿Será que soy feminista? que los países más violentamente feminicidas son los países del Caribe. Todos tienen tazas infinitamente más altas que México.
Diría que el odio a la mujer es un problema en México inmenso, pero también quiero resaltar que el más grande avance que a mí me da esperanza es la lucha de las mujeres y el avance de las mujeres y el cambio de nuestra situación. Eso para mí es lo más esperanzador.
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