[Publicidad]
Históricamente, el gobierno cubano ha sostenido que la subsistencia del sistema político actual —partido comunista único, economía planificada, control de la sociedad civil, represión de opositores e ideología de Estado marxista-leninista— es indispensable para la preservación de la soberanía de la isla. Sobre todo después de la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991, el discurso oficial cubano se ha aferrado a esa idea.
A más de tres décadas del fin de la Guerra Fría, ese precepto ha quedado rebasado por la historia reciente. La conservación del mismo sistema político, aunque matizado constitucionalmente en 1992 y 2019, no ha contribuido a asegurar un país estructuralmente más soberano. Luego de casi veinticinco años de relación prioritaria con la Venezuela de Hugo Chávez y el bloque bolivariano, hoy Cuba es un país más dependiente de Estados Unidos de lo que era en 1992, cuando se aprobó la Constitución de ese año, o en 2002, cuando se introdujo el principio constitucional, ratificado en 2019, del “socialismo irrevocable” 1.
Como consecuencia del embargo petrolero aplicado por Estados Unidos desde febrero de este año, que se profundiza ahora con el acuerdo energético entre Washington y Caracas, el poco combustible que Cuba importa proviene, en su gran mayoría, de Estados Unidos. También provienen de Estados Unidos bienes de consumo, alimentos, automóviles y equipos electrodomésticos. Las importaciones del vecino del norte, en la primera mitad de este año, aumentaron un 61%, alcanzando cerca de 700 millones de dólares, cuando en todo el año de 2025 apenas pasaron de 400 millones.2
De esos 700 millones, más de cien corresponden a derivados de combustibles, más o menos la misma cantidad invertida en la adquisición de alimentos congelados. Por encima de esos montos, se registra un aumento de la compra, desde la isla, de productos de auxilio, socorro, prevención de desastres naturales y sobrevivencia. Si a estas cifras se suma la ayuda humanitaria aprobada por el Departamento de Estado y distribuida por Cáritas, la fundación de la Iglesia católica, podríamos estar en presencia de una reorientación histórica de las redes del abastecimiento exterior a favor de Estados Unidos.
Dentro de esa reorientación juega un papel fundamental el nuevo paquete de 176 reformas estructurales, impulsado por el gobierno de Miguel Díaz-Canel. Esas reformas proponen una apertura sustancial de la producción y los servicios de la isla a la inversión directa de capital privado extranjero. La apertura inversionista busca también una reactivación de créditos y transferencias desde el exterior, que favorecería, inicialmente, al capital estadunidense y cubanoamericano.
Dos funcionarios cubanos, el Ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga, y el viceministro del mismo organismo, Carlos Luis Jorge Méndez, han hablado a medios de Estados Unidos sobre las oportunidades de negocios que se abren para los empresarios estadounidenses y cubanoamericanos en la isla.3 La activación del lobby empresarial a favor de una flexibilización de sanciones de Washington, como puede constatarse en declaraciones recientes de John Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial de Estados Unidos y Cuba, responde a una recepción positiva de las nuevas reformas en sectores empresariales de diversos estados de la Unión Americana.
[Publicidad]
Podría pensarse que en medio de la reproducción y el afianzamiento de las sanciones de Estados Unidos, especialmente, contra la red empresarial Gaesa, la petrolera estatal Cupet, el Ministerio de Turismo y el consorcio turístico Gaviota, habría muy pocos incentivos para la inversión estadounidense en energía, minería, agricultura o turismo en Cuba. Sin embargo, desde un inicio, esta nueva generación de sanciones de Estados Unidos ha dejado claro que uno de los objetivos es la ventaja o el control sobre esos sectores por parte de Washington.
Para lograr ese objetivo, las sanciones buscan el repliegue de aliados geopolíticos de Cuba, especialmente de aquellos que puedan otorgar soporte energético a la isla, como Rusia, Irán, México o Brasil. Habría que reconocer que esas metas previas al control energético de Cuba, presentadas en la Doctrina Donroe como desarticulación del bloque bolivariano y retirada de intereses de China y Rusia, sobre todo, de la zona del Gran Caribe, ya han sido alcanzadas por Estados Unidos.
Hasta ahora, ninguna potencia global o regional, grande o mediana, ha desafiado seriamente el cerco energético de Washington. En la pasada reunión de los BRICS en Nueva Delhi, a la que Cuba asistió como “socio”, no como “miembro”, el equipo diplomático y económico de la isla promovió la más reciente apertura para atraer inversiones de Vietnam, Brasil e India, fundamentalmente.4 Los gobiernos de algunos de esos países, como Vietnam, y de otros miembros de los BRICS como China y Rusia, han demandado, en las últimas décadas, reformas estructurales para ofrecer créditos e inversiones. Hasta ahora, La Habana siempre se negó por sentirse segura dentro del bloque bolivariano.
[Publicidad]
Ahora, bajo la máxima presión de Estados Unidos, esas reformas se conceden, aunque sin plenas garantías jurídicas y políticas para inversionistas y organismos financieros y crediticios internacionales. Dado lo poco que consiguió Cuba de los BRICS, en términos concretos, pareciera que mientras no se garantice el abastecimiento energético de la isla, difícilmente se podrá acceder a fuentes sólidas y constantes de financiamiento internacional. En ese cierre de expectativas, sólo una flexibilización de sanciones después de las elecciones intermedias de noviembre, en Estados Unidos, se proyecta como ruta factible para una recapitalización de la isla.
Si ese itinerario se verifica, la dependencia de Cuba de Estados Unidos se incrementará, aunque La Habana sea capaz de reactivar alianzas internacionales en condiciones de recuperación económica. Es ahí donde la postergada democratización del país podría emerger como una salida que ayude a consolidar la soberanía y la diversificación de sus vínculos internacionales. Una transición a la democracia en Cuba ganaría apoyo inmediato de Europa y América Latina, regiones relegadas ahora por el fuerte protagonismo de Estados Unidos en la isla y el ascenso de las nuevas derechas.
Un informe recientemente impulsado por académicos de la isla y la diáspora, liderados por el historiador de la Universidad de Harvard Alejandro de la Fuente, propone esa idea a contracorriente: la transición democrática como asunto de interés nacional o como forma de compensar el hegemonismo estadounidense y evitar desenlaces más costosos, como una transacción oligárquica entre empresarios de Estados Unidos y Cuba o una intervención militar que produzca otro experimento tutelado en el Caribe.5
[Publicidad]
La idea es contraintuitiva porque actores protagónicos y divergentes como los propios gobiernos de Estados Unidos y Cuba no están planteando como prioridad un tránsito democrático. Desde Washington, se privilegian otros escenarios inmediatos como una intervención militar, un estallido social, un cambio en la cúpula del gobierno, una reforma económica más profunda o una privatización de la energía, las minas o el turismo. Desde La Habana, lo que se propone es que, a cambio de la actual reforma económica limitada y de una mayor colaboración contra el narcotráfico y el terrorismo, Estados Unidos levante las sanciones.
Como en Venezuela, en Cuba la democracia ha quedado fuera de las opciones de salida de la crisis. Se parte de la premisa de que un país colapsado o al borde de una emergencia humanitaria es más gobernable por medio de poderes concentrados y autoritarios. En el caso de Cuba, en cambio, una salida democrática tendría un efecto automático a favor de una rápida reconstrucción económica del país y de la diversificación de sus nexos internacionales. A través de la democracia, en poco tiempo, el país se volvería más soberano y globalmente conectado.
Notas:
[Publicidad]
1. Rafael Rojas, Breve historia de Cuba, Madrid, Catarata, 2025, p. 143.
2. Claudia Dupeirón, “Cuba aumenta sus importaciones desde Estados Unidos”, EFE (9/ 9/26), https://efe.com/economia/2026-09-14/cuba-importaciones-eeuu-dependencia-sector-privado/
3. Rick Jervis, “Cuba is opening up”, USA Today (31/ 8/ 26), https://www.usatoday.com/story/news/world/2026/08/30/cuba-economic-reforms-law-exclusive/91529744007/
[Publicidad]
4. “Bruno Rodríguez pide oxígeno económico a los BRICS”, Diario de Cuba (13/ 9/ 26), https://diariodecuba.com/economia/1789309183_68905.html
5. “Report: Harvard Working Group on Cuba’s Future” (10/ 9/ 26) https://www.drclas.harvard.edu/news/2026/09/report-harvard-working-group-cubas-future.
[Publicidad]










