Joan Manuel Serrat recuerda a Mario Benedetti como fue un poeta que usó la escritura para acercarnos a un mundo más esperanzado y más fraterno: “Fue un muy buen amigo y de alguna manera un hombre desconfiado. Como alguien dijo alguna vez, era como un niño en busca de amparo. Fue un exiliado permanente –el exilio también fue un tema central de su poesía– que sobrellevaba el pesimismo y el desencanto con grandes dosis de tenacidad y de humor”, dice el cantautor en entrevista a propósito de los cien años del nacimiento del escritor uruguayo, y de la publicación de una antología poética.

“Generación tras generación, los enamorados colocaron en sus labios algunos de los versos aprendidos del poeta y los grabaron junto a sus nombres en las cortezas de los árboles de todos los parques. Las muchachas llenaron cuadernos con poemas de Benedetti y, desde el paredón de la fábrica, replicaba aquel que aprendimos huérfanos o en pareja y que aún hoy repetimos como una letanía. Esencias de un perfume que al sentirlo de nuevo nos devuelve el tiempo en que, felices o no, fuimos presente; versos que son sólo nuestros, que se hilvanan en la entretela del alma y que uno acaba amando como se ama a sí mismo”. Esto escribe Joan Manuel Serrat en el prólogo de la antología de Benedetti que acaba de salir publicada para celebrar el centenario del nacimiento del escritor uruguayo. La selección de los poemas también corrió por cuenta del cantautor español y estuvo basada en “razones personales y subjetivas, con la idea de mostrar un panorama global de la obra de Benedetti al dictado exclusivo de mi gusto”, explica Serrat. La tarea se la propuso la editorial Alfaguara en plenos días de confinamiento, cuando él estaba guardado en su casa de Barcelona. Serrat aceptó con entusiasmo, sin imaginar el trabajo arduo que luego vendría. No solo lo hizo por haber sido un lector temprano de los versos de Benedetti, sino porque también fue su amigo. Poco después de conocerse, en los años ochenta, los dos se sentaron a crear un disco: Benedetti puso los versos, Serrat la música y la voz. Lo titularon “El sur también existe”. Este disco está cumpliendo 35 años. Ayer, el poeta uruguayo cumplió 100 años de nacido.

. ¿Cómo recuerda el momento en que empezó a leer la poesía de Mario Benedetti?

Conocí su poesía como consecuencia de haberles puesto música a otros poetas, concretamente a Antonio Machado y a Miguel Hernández. Durante mis primeros viajes a América Latina, la gente me hacía llegar constantemente libros de poesía de diferentes autores. Incluso de Machado y de Hernández. No sé si era una sugerencia para que los volviera a leer. Pero también lo hacían para informarme, para darme a conocer nombres, como fue el caso de Benedetti. En los conciertos, la gente se acercaba a regalarme distintos tipos de libros, y así aparecieron sus poesías. Me llegó en esas condiciones. Digamos que lo conocí en el escenario y gracias a la gente. Calculo que fue más o menos al inicio de los años setenta.

. Usted ya era un gran lector de poesía, por supuesto. ¿Qué le llamó la atención de Benedetti?

Siempre he sido un fiel lector de poesía. Me ha interesado mucho como género. Benedetti ha sido, sin duda, uno de los autores latinoamericanos más populares y más leídos. La relación que él tenía con el amor –porque su obra está llena de compromiso social, pero siempre ha estado marcada por la presencia del amor– lo llevó a convertirse en un poeta muy cercano a la gente y a su tiempo. Eso me interesó.

. Acaba de publicarse una antología de sus poemas seleccionada por usted. ¿Cómo fue ese trabajo?

Terminé hace unos meses. Fue algo muy duro para mí, inhabitual, que me ha implicado un esfuerzo desproporcionado, sobre todo a partir de mí mismo y de mi exigencia personal –que supongo que también ha sido desproporcionada. Pero no podía ser de otra forma, y esto solo lo entendí cuando ya estaba metido y tenía que llevar las carretas hasta el final del camino. No soy una persona asidua a las editoriales y me hizo mucha ilusión cuando Alfaguara me invitó a participar con esta antología en la celebración de lo que va a ser el centenario de Benedetti, lo cual me obligó, en el mejor sentido de la palabra, a meterme otra vez en su obra. Pero creo que ni siquiera cuando preparé con él el disco de El sur también existe tuve una relación tan intensa con su poesía. Me tocó releer y releer todo su

trabajo, que es muy extenso. Y meterme en estos Benedettis que ha habido a lo largo de su obra. Fue un viaje por el que, afectivamente, pasé por circunstancias de todo tipo. Lo hice durante los primeros tiempos del confinamiento y me dediqué a ello de una manera exclusiva. La verdad es que resultó muy intenso y muy largo, mucho más de lo que yo podía prever.

. ¿En ese viaje descubrió algo de Benedetti?

Descubrí todo. Descubrí, evidentemente, mi desconocimiento de su obra. Porque cuando tienes que hacer un recorrido por toda su creación poética y por todos los tiempos que le tocó vivir, y además lo haces en función de preparar una antología –es decir, con el propósito de separar un manojo de versos, eligiendo unos que habían de ser los más imprescindibles y dejando afuera otros que seguramente cualquier lector puede llegar a pensar que debían estar ahí– uno realmente se pone muy exigente en ese sentido. Por otra parte, Mario fue mi amigo y pasar por su poesía fue volver a pasar por él, por todo su recorrido, por todos sus personajes, por el Mario oficinista, por el Mario periodista, por el Mario viajero, por el Mario militante, por el exiliado, por el luchador. Y por unos momentos que, en algunos casos, los viví más allá de su poesía: los viví con el amigo.

. Esa amistad nació cuando usted le propuso hacer un disco con poesías suyas, que terminó por llamarse El sur también existe. ¿Cómo le planteó esa idea?

A pesar de conocerlo por su poesía, de leerlo y de interesarme lo que hacía –Mario era un hombre ligado a un país, a una tierra, a una gente y a un pensamiento que yo compartía– no lo llegué a conocer personalmente sino hasta los años ochenta, cuando él se radicó en España. Y me acerqué a él porque en un momento determinando llegué a pensar que, a pesar de que había sido ya muy musicalizado, podíamos hacer juntos un disco. Era algo nuevo para mí porque significaba trabajar con un poeta vivo, a diferencia de las producciones con versos de Machado o de Hernández. La idea era hacer el disco con él, a su lado, a partir de versos ya escritos. Y eso le daba a él la posibilidad de modificar sus poemas, y a mí de dejarle esa responsabilidad. Y bueno, lo llamé por teléfono y lo fui a ver al barrio de La Prosperidad, donde vivía, en Madrid. Allí le propuse la historia, le gustó y

fuimos eligiendo canción por canción. Él fue adaptando los poemas que de mutuo acuerdo seleccionamos para ser cantados. Así lo hicimos con todos los temas.

. El poema que le da nombre al disco no lo tenía escrito…

No, ese no. Estábamos pensando en el título para el disco y apareció eso de “El sur también existe”. Surgió de la búsqueda de un elemento vertebrador de todo el resto de la historia. El trabajo se gestó y el disco apareció en momentos en los que se producía una cierta recuperación de las ilusiones y de la esperanza en Suramérica, y la reivindicación tanto del pasado como del orgullo colectivo era fundamental y absolutamente necesaria. A partir de ese título Mario escribió el poema. Fue construido ya como una canción, mientras que los otros temas fueron adaptados. Entendiendo por eso de adaptarlos a canción el hecho de ajustarlos a unas rimas y a unos ritmos más tradicionales para ser cantados. Aunque uno puede cantar absolutamente todo. Se puede musicalizar desde el listín telefónico hasta las instrucciones para el lavavajillas. Pero la verdad es que uno no puede esperar que todo sea capaz de conmover. Mario fue mi amigo y pasar por su poesía de nuevo fue volver a pasar por él, por todo su recorrido, por todos sus personajes.

. ¿Qué han encontrado los músicos en los versos de Benedetti que lo han llevado a ser uno de los poetas más musicalizados?

Creo que Mario es el poeta del cual se han publicado más canciones con textos suyos. ¿Por qué ocurre esto? En primer lugar, porque para él entre la poesía y la canción no mediaba una clara frontera. Por ese motivo hay más de doscientas canciones suyas registradas y somos muchos los que de una forma u otra les hemos puesto música y nos hemos atrevido a cantar sus versos. En segundo lugar, porque a él le gustaba. Desde un principio, yo diría que desde los años setenta, desde que aparecen sus primeros poemas musicalizados –especialmente el trabajo que hace con Alberto Favero y que canta Nacha Guevara, unas canciones realmente muy hermosas–, Benedetti entendió la importancia divulgadora de la canción. Comprendió el valor de la música como soporte de la idea. Porque ocurre que cuando sus poemas se transforman en canciones, el argumentario vital de Mario siempre está presente. Uno no se está inventado cada día una cosa. Hay unas razones, un argumentario mío, por ejemplo, que está presente en todo lo que escribo. De esta forma, todo lo que define su obra poética está también en sus canciones. Por eso ha sido tan

llevado a la música. Luego podríamos ir a buscar otras razones, otras causas, pero siempre nos vamos a estar moviendo sobre estos motivos.

. Usted ha dicho que Benedetti fue un poeta que supo estar cerca del público, poner sus versos en la cotidianidad de los lectores…

La poesía de Mario es muy querida por la gente. Yo creo que es porque él, con su escritura, lo primero que trata de hacer es acercarse a los demás con versos sencillos, versos sin artificios. El mundo que a él le rodea, y las razones que le llevan a exprimirse, encuentran en la poesía esa forma de comunicación con la gente. Claro, Mario fue sin duda, si no el primero, uno de los primeros poetas que en su época, siguiendo la trayectoria de otros –como Baldomero Fernández Moreno, que fue para él una de sus grandes referencias–, lleva esta idea a los lectores y construye una poesía que creo que fue denominada el prosaísmo. El acercamiento del habla coloquial a la escritura y de la vida cotidiana al verso, y su aproximación a la prosa.

. ¿Cómo fue el trabajo con él en el disco, tener al lado al poeta vivo? ¿Llegó a participar mucho en el proceso?

Benedetti no delegaba. A él le parecía todo tan importante como sencillo trataba de que fueran las cosas. Era un hombre con el cual era fácil entenderte si tú estabas en conexión con él y él encontraba la conexión contigo. Un hombre riguroso en la clara y total defensa de sus conceptos. En los días de la producción del disco yo me conectaba con Mario por dos elementos claves, que eran el fax y el teléfono. Porque la distancia entre Madrid y Barcelona, de seiscientos kilómetros, a pesar de ser cercana, obligaba a tener una constante comunicación de ida y vuelta por esas vías. Fue un gran escribidor de canciones. Cuando llegabas con él al acuerdo del encargo, sabía lo que tenía que hacer absolutamente. Puede ser que no pensáramos igual respecto a alguna cosa, pero esto era fácil, algo que conversando se arreglaba. Yo no recuerdo que eso haya pasado. Y si ha sucedido, espero que hayan quedado sus ideas y sus conceptos, que sin duda serían siempre mejores que los míos.

Su poesía es muy querida por la gente. Yo creo que es porque él, con su escritura, lo primero que trata de hacer es acercarse a los demás con versos sencillos, versos sin artificios.

. Poemas de Benedetti como “Currículum”, “Hagamos un trato”, “Defensa de la alegría” aparecen en la nueva antología y formaron parte del disco. ¿Usted siente más cercanía con alguno de ellos? ¿A alguna canción le ha sentado mejor que a otra el paso de los años?

Sin duda alguna, pero de esto se ocupa el tiempo. Son cosas que cuando las haces no las tienes tan claras. Y también se ocupa la gente, ¿eh?, porque lo que puede ser el más o menos éxito que ha de tener algo está decidido también por los demás. Supongo que cada quien tiene su elección. Pero yo creo que hay algunas canciones que están mejor conseguidas que otras y en eso ambos tenemos nuestra parte de responsabilidad. Diría que las que más han sobrevivido son “Una mujer desnuda y en lo oscuro” y “Currículum”. Evidentemente, “El sur también existe” y “Defensa de la alegría” en algunos casos también. Estas son las que más van sobreviviendo, lo cual no quiere decir que reniegue de las otras. Basta a veces apartarse un poco, dar un paso al costado, y redescubrir en algún momento el valor o la importancia que pueden tener otras canciones que uno deja de lado y que ha tenido olvidadas durante un tiempo.

. Como lector de Benedetti, ¿también ha sido seguidor de su obra no poética?

He leído sus novelas y sobre todo su teatro. Pero de una manera muy puntual. Mario recorrió todos los géneros literarios, pero sin duda la poesía fue lo más abundante y conocido de su obra. Para preparar esta antología solamente he releído sus versos.

. Si pensara en definir a Benedetti como persona, como amigo, ¿de qué manera lo haría?

Mira, yo tomaría el verso aquel que usaba Antonio Machado en Retrato y que dice: en el mejor sentido de la palabra bueno. Creo que Benedetti fue una buena persona. Lo cual no es nada peyorativo con respecto a todos los otros adjetivos que se le pueden aplicar. Fue un poeta sumamente trabajador. Y que usó la escritura para acercarnos a un mundo más esperanzado y más fraterno. Fue un muy buen amigo y de alguna manera un hombre desconfiado. Como alguien dijo alguna vez, era como un niño en busca de amparo. Fue un exiliado permanente –el exilio también fue un tema central de su poesía– que sobrellevaba el pesimismo y el desencanto con grandes dosis de tenacidad y de humor.

. Los dos compartieron la experiencia del exilio...

Bueno, pero yo fui un hombre que vivió el exilio de unas formas puntuales. Cuando me tocó el tiempo de estar exiliado fui incapaz de escribir, incapaz de encontrar en la escritura o en la canción una salida a mis sentimientos, y solo me interesaba romper el exilio y volver a encontrar una normalidad en mi vida y en mi sociedad. Mario fue un hombre en el que el binomio entre la nostalgia y el exilio, el exilio y la nostalgia, la nostalgia y el exilio, se repitió una y otra vez a lo largo de su vida. “El 17 de mayo de 2009, tras meses de desvarío, triste y solitario, el poeta del amor y del exilio muere a causa del asma, esa vieja enemiga que le había acompañado a lo largo de la vida y que le hacía odiar los frutos secos tanto como odiaba el pescado por las espinas que esconde –escribe Joan Manuel Serrat en el prólogo–. Se iba el poeta comprometido con su tiempo y con el mundo, siempre contemporáneo de su pueblo, el escritor que supo como pocos aunar en su obra la vida misma de su país y su problemática personal”.

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