¿Quién fue el mexicano que ganó el Nobel de la Paz en 1982?

Alfonso García Robles recibió el reconocimiento antes que Octavio Paz y Mario Molina; fue galardonado por lograr la desnuclearización en América Latina

Nobel de la Paz de 1982 fue para Alfonso García Robles por lograr la neutralidad nuclear en América Latina
A la izquierda, Alfonso García Robles junto al canciller Antonio Carrillo Flores y el embajador Ismael Moreno Pino. Foto: archivo El Universal
Cultura 12/10/2019 17:20 Brenda Garduño y Fernanda Ramírez R. México Actualizada 20:14
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Alfonso García Robles (Zamora, Michoacán, 1911) fue una pieza clave para alejar a América Latina de la mira de los ataques nucleares.

Se le conoce como el arquitecto del Tratado de Tlatelolco, un documento firmado en México el 14 de febrero de 1967 con el que 115 países pasaron a formar parte de una zona libre de armas nucleares que prohibía la construcción, compra y posesión de las mismas.

Este documento le hizo acreedor del Premio Nobel de la Paz en 1982 a sus 79 años, y en aquel entonces México consideró que a través de él había sido galardonada la nación.

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Al centro, Gustavo Díaz Ordaz y Alfonso García Robles en una foto capturada el 14 de febrero 1967. Foto: Archivo El Universal

García Robles fue licenciado en Derecho por la UNAM y ocupó el cargo de embajador de México en Suecia, fue subsecretario de Relaciones Exteriores de México y también fue representante de nuestro país ante el Comité de Desarme y del Consejo de Seguridad de la ONU. En 1972 se convirtió en miembro de El Colegio Nacional y para 1981 fue reconocido como embajador emérito.

Entre sus publicaciones destacan La Question du Pétrole au Mexique et le Droit International (1939), Política internacional de México (1946), La desnuclearización de la América Latina (1965), La anchura del mar territorial (1966), El Tratado de Tlatelolco. Génesis, alcance y propósito de la proscripción de las armas nucleares en América Latina (1967), entre otras.

El doctor Alfonso García Robles murió el 2 de septiembre de 1991 y la noticia de su fallecimiento conmocionó a los medios culturales.

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Da click aquí para leer esta página con mayor claridad. Foto: archivo El Universal

LA ACCIÓN POPULAR, UN CAMINO EFICAZ PARA ALCANZAR LA PAZ; GARCÍA ROBLES
9 de diciembre de 1982

El mexicano Alfonso García Robles y la sueca Alva Myrdal, los dos expertos en desarme que comparten el Premio Nobel de la Paz de 1982, llegaron hoy a esta capital para participar en la ceremonia de premiación que se celebrará el viernes por la tarde en la Universidad de Oslo.

Ambos negociadores pacifistas comparten este año el premio de 1.5 millones de coronas (157,00 dólares), por haber logrado que la opinión pública mundial cobrase conciencia de los problemas del armamentismo. Cada uno de ellos, además, recibirá una medalla de oro conmemorativa.

Myrdal y García Robles hicieron declaraciones contra la amenaza que representaría una guerra nuclear.

García Robles, de 71 años de edad, ha sido ministro de Relaciones Exteriores de México, y jugó un papel fundamental en la concepción del tratado para evitar la proliferación de las armas nucleares en América Latina, firmado en 1967. Fue el representante mexicano en la conferencia sobre desarme de Ginebra de 1977.

“Las condiciones en América Latina eran más favorables”, explicó García Robles, cuando le preguntaron sobre las posibilidades de crear zonas desnuclearizadas en Europa.

Advirtiendo sobre la devastación que una futura guerra nuclear podría ocasionar, García Robles dijo: “Cuando el ciudadano se dé cuenta de las consecuencias que tendría una guerra nuclear, llevarán a cabo campañas más activas en favor del desarme”. “Pienso que este premio es una noticia muy buena para todos los que trabajan por la paz”, dijo García Robles.

Y agregó que el premio “hará que sea escuchada de nuevo la causa del desarme”.

Admitió que los progresos visibles son muy pequeños, especialmente en la mesa de negociaciones, pero señaló que el trabajo en favor de la paz debe seguir varios caminos.
La diplomacia es sólo un elemento, aclaró; otro es la acción popular, como en el movimiento por la paz.

“He ido adquiriendo una opinión muy alta sobre esos movimientos”. afirmó.

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Alva Myrdal, de 80 años de edad, llegó unas horas antes con su esposo Gunnar Myrdal, que recibió en 1974 el Premio Nobel de Economía. Ha sido embajadora de Suecia en la India, miembro del Parlamento y jefa de la delegación sueca a las conversaciones sobre desarme en Ginebra desde 1962 hasta 1973.

“Nuestra tarea más importante hoy es el trabajo en favor de la paz y del desarme. No debemos ceder en eso: nos va la vida en ello”, dijo Myrdal.

Myrdal es también figura notable en diversas organizaciones populares que luchan en favor de la paz y el desarme.

“Acepto cualquier propuesta que pueda contribuir a la limitación de los armamentos”, dijo.

Mientras tanto, el novelista colombiano Gabriel García Márquez, ganador del Premio Nobel de Literatura, se encontraba en Estocolmo para las ceremonias de premiación.

Es la primera vez que dos latinoamericanos han sido galardonados en un mismo año con el Premio Nobel.

“Lo considero uno de los mejores de América Latina”, declaró García Márquez.

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ESTAMOS YA ANTE LAS ARMAS QUE PUEDEN EXIGIR A LA HUMANIDAD: GARCÍA ROBLES AL RECIBIR EL NOBEL
Sábado 11 de diciembre de 1982

Víctima de una inusitada popularidad, el diplomático mexicano Alfonso García Robles se vio obligado a firmar autógrafos al público noruego, en medio de ovaciones, al finalizar la ceremonia donde recibió el Premio Nobel de la Paz.

Colaureado de esa distinción internacional, junto con la sueca Alva Myrdal, García Robles parecía visiblemente feliz después de haber recibido la medalla de oro—grabada con el perfil de Alfredo Nobel— y el diploma que acompañan el premio.

Vestido con traje oscuro, camisa blanca y corbata azul, el diplomático posó ante los fotógrafos exhibiendo el estuche de cuero azul que contiene la medalla de oro.

Al aceptar la presea, García Robles pronunció un discurso en que afirmó: “Cada vez que en el pasado se inventaba una nueva arma la gente decía —y, como es bien sabido, el propio Nobel así lo creía originalmente— que era tan terrible que no llegaría a usársele. Sin embargo se le usaba y, aunque era terrible, no hacía desaparecer la raza humana. Pero como con toda razón lo ha hecho notar ese eminente filósofo de la historia que fue Arnold Toynbee, ‘ahora estamos en posesión de algo que sí podría realmente extinguir la vida en nuestro planeta. La humanidad no se ha encontrado en una situación parecida desde fines del periodo paleolítico… en verdad, la amenaza a la supervivencia de la humanidad es mucho mayor desde 1945 de lo que fue durante el primer millón de años de la historia’. No hay duda de que —y aquí empleo de nuevo los autorizados conceptos de Einstein y Russell vertidos hace casi seis lustros y que es obvio cobran hoy redoblada exactitud— ‘si llegaran a usarse muchas bombas de hidrógeno habría muerte universal: muerte repentina para una minoría, y muerte lenta para la mayoría sometida a la tortura de la enfermedad y de la paulatina desintegración’”.

“Las anteriores consideraciones, de irrecusable autoridad, me han hecho pensar en algo que no me atrevería a mencionar si no hubiese ya recibido el Premio Nobel de la Paz, pues de lo contrario existiría el peligro de que se me acusara de actuar pro domo o sea por motivos personales: la necesidad y conveniencia de que en la atribución de dicho premio en el futuro se otorgue la más alta prioridad a la contribución que los candidatos al mismo, ya sean éstos individuos u organizaciones no gubernamentales, hayan podido aportar al desarme”.

A este respecto agregó: “me parece que quizás la mejor solución práctica consistiría en que, lo mismo que en 1968 el Banco de Suecia instituyó un nuevo premio destinado a la economía y que es otorgado por la Academia de Ciencias de Suecia que otorga los premios de física y de química, algún generoso mecenas, ya fuese éste una institución o una persona, aportará los fondos necesarios para el establecimiento de un nuevo premio, sobre derechos humanos, éste, el cual sería otorgado por el mismo Comité Nobel de Noruega que otorga el Premio Nobel de la Paz”.

Y más adelante señaló: “El hecho de que a últimas fechas hayan comenzado a propalarse por algunos círculos, no por muy reducidos menos poderosos, las tan peligrosas cuanto ilusorias teorías de guerra nuclear “limitada”, “ganable”, o “prolongada”, así como la obsesión de “superioridad nuclear”, tornan me parece doblemente aconsejable tener siempre presente que el objetivo inmediato de todos los estados, como hubo consenso de éstos para dejarlo así expresamente consignado en el documento final de la Asamblea Extraordinaria de 1978, “consiste en eliminar el peligro de una guerra nuclear“.

“Si el desarme, como me he permitido sugerirlo, pasará a ser en adelante el criterio decisivo para la evaluación por el Comité Nobel de las actividades en favor de la paz, ello constituiría, al igual que la campaña a que acabo de aludir, un valioso elemento adicional para convencer a todas las potencias nucleares, incluso aquellas que más renuentes se han mostrado hasta ahora, de la necesidad de respetar los ‘intereses vitales’ de todos los pueblos y de percatarse de la profunda verdad de la siguiente conclusión que las Naciones Unidas aprobaron por unanimidad hace cuatro años.

“La humanidad se halla ante un dilema: debemos detener la carrera de armamentos y proceder al desarme o enfrentarnos a la aniquilación”.

Las palabras de agradecimiento pronunciadas por los pacifistas Alva Myrdal y Alfonso García Robles, después de recibir sus premios de la paz, fueron subrayadas con calurosas y largas ovaciones.

Un vocero dijo posteriormente que la comisión estudiará la sugerencia presentada por el diplomático mexicano sobre la concesión de otro premio dedicado a los defensores de los derechos humanos.

En el suntuoso recinto de la sala de mármol blanco de la Universidad de Oslo, a pocos metros del parque nevado del Castillo Real, García Robles y Alva Myrdal ocuparon el centro de una tribuna ornada con claveles amarillos y rosas.

La ceremonia comenzó exactamente a las 13.00 local (12.00 GMT), después de la llegada del rey Olaf, con una obertura de Ludwig Van Beethoven, interpretada por la Orquesta Sinfónica de la Radio Noruega.

El diplomático mexicano acudió a la ceremonia acompañado por su esposa María y sus dos hijos.

Alva Myrdal, por su parte, viajó a Oslo con su esposo, que pocos años atrás fue laureado con el Premio Nobel de Economía.

El presidente del Comité Nobel de la Paz, Egil Aarvik, destacó los méritos de los dos laureados que “contribuyeron mediante sus escritos a sensibilizar la opinión pública mundial sobre los peligros del armamentismo”.

Aarvik señaló al respecto que el premio recompensaba igualmente a los movimientos pacifistas.

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Durante su discurso, Alva Myrdal, por su parte, denunció a “las grandes potencias, que pretenden creer que la seguridad se conquista mediante una acumulación de armas destructivas”.

Actualmente de 80 años Alva Myrdal fue la primera mujer que ocupó —en 1949— un cargo importante en las Naciones Unidas

Durante años, como recordó en su discurso, militó por la paz junto al “Padre de los Acuerdos de Tlatelolco” sobre la desnuclearización en América Latina.

García Robles, por su parte, también rindió un vibrante homenaje a su “amiga y camarada de combate de siempre”.

Los dos laureados asistieron por la noche a una cena oficial ofrecida en un gran hotel de la ciudad para 160 invitados.

La fuerte nevada que ha caído sobre Oslo había dado a la capital el clásico aspecto invernal de esta época en las latitudes nórdicas, con un cielo totalmente cubierto y oscuro, que contrastaba con la blancura del paisaje. Ha sido la primera nevada de importancia de la temporada, pero con poco frío.

Mañana sábado, García Robles y Alva Myrdal pronunciarán una conferencia en la Universidad. El diplomático mexicano realizará una exposición histórica sobre el proceso que permitió crear una zona desnuclearizada en América Latina.

Alva Myrdal, por su parte, propondrá organizar un congreso por la paz en 1983.

Posteriormente, por la noche, los dos laureados viajarán a Estocolmo, ciudad donde García Robles fue tercer secretario de embajada entre 1939 y 1941, al comienzo de una carrera diplomática casi exclusivamente consagrada al desarme.

En la capital sueca, el ex ministro de Relaciones Exteriores de México pronunciará una serie de conferencias antes de regresar a Ginebra, donde ocupa actualmente el cargo de embajador en la ONU.

fjb

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