¿Qué pasó en la Batalla de Otumba?

A 500 años del encuentro hay versiones que exaltan a los españoles pese a su reducido ejército; otras atribuyen la derrota mexica a la pérdida de un guerrero azteca

¿Qué pasó en la Batalla de Otumba?
La mayoría de los guerreros de la Batalla de Otumba eran indígenas. Foto: LIENZO DE TLAXCALA
Cultura 07/07/2020 23:13 Antonio Díaz Actualizada 03:25
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Los mexicas tuvieron una última oportunidad para derrotar al ejército español el 7 de julio de 1520 en la Batalla de Otumba; sin embargo eso no sucedió y los conquistadores pudieron llegar a Tlaxcala para refugiarse y elaborar el ataque que provocaría en 1521 la caída de Tenochtitlan.

La Batalla de Otumba se dio una semana después de la Noche Triste, cuando la noche del 30 de junio y la madrugada del 1 de julio de 1520, los españoles emprendieron la huida del Palacio de Axayácatl, donde actualmente está construido el Nacional Monte de Piedad, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

A 500 años, Carlos Javier González, doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM, analiza este evento; sin embargo señala que se debe estudiar en su contexto, es decir, que inició desde el 30 de junio, cuando los españoles emprendieron la huida hacia Tlacopan (Tacuba).

Tras su derrota en una batalla que se dio a la altura de donde está ubicada la actual Alameda Central, los españoles, guiados por los tlaxcaltecas, pudieron llegar a Naulcalpan, a Otoncalpulco, o de acuerdo con otras fuentes, Otonteocalco, que era un ancestral lugar de culto otomí, ubicado en lo que hoy se conoce como Cerro de los Remedios.

González explica que Otoncalpulco sirvió de refugio; sin embargo, su objetivo era llegar a Tlaxcala, no por el Paso de Cortés, que es por donde llegaron en un inicio, sino por el norte de la cuenca de México.

“Esta era una región que los españoles desconocían por completo, nunca había incursionado hacia esa región porque cuando llegan la primera vez fue por el Paso de Cortés”, explica el especialista.

Durante su recorrido, los españoles atravesaron por puntos como Tepotzotlán y Cuautitlán, para rodear el norte de los lagos de Zumpango y Xaltocan; pero después llegaron a la región de Otumba, en específico al poblado que actualmente se conoce como Santo Domingo Aztacameca, último punto donde pernoctaron antes de la Batalla de Otumba.

En sus cartas de relación, dice González, Hernán Cortés le explicaba el rey Carlos V que mientras intentaban llegar a Tlaxcala, siempre tuvieron a guerreros mexicas que los perseguían.

“Toda esa región era otomí y muchos de los tlaxcaltecas que iban con Cortés eran de origen otomí. No lo dicen las fuentes, pero no se descarta que también se hayan incorporado a las fuerzas tlaxcaltecas aliadas algunos guerreros de esta región”.

En Aztacameca, Cortés menciona que había habido un enfrentamiento y por lo tanto varios de sus hombres resultaron heridos, mismos que eran transportados en los caballos; sin embargo, el especialista indica que quizá el conquistador tuvo una idea previsora:

“Al llevar entre su ejército a muchos heridos, Cortés dispuso que se hicieran muletas o bastones para desplazarse y de esta forma los heridos dejaron de ser una carga para los caballos y se dispuso que los animales se liberaran para tenerlos listos para cualquier eventualidad”.

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Los españoles pasaron por Tepotzotlán y Cuautitlán para llegar a Otumba.
 

La inconsistencia histórica

La Batalla de Otumba quedó registrada de forma escrita en algunos libros como Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, y de forma pictórica en el Lienzo de Tlaxcala.

Bernal Díaz del Castillo escribió: “…Y los de caballo, como era el campo llano, cómo lanceaban a su placer entrando y saliendo…”

“Es decir, Díaz del Castillo nos dice que la caballería fue muy importante. Sin duda fue un enfrentamiento muy importante. Las fuentes de origen español llegaron a mencionar que en la Batalla de Otumba habrían participado 200 mil guerreros, probablemente se hizo para engrandecer esta victoria de Cortés”.

Carlos Javier González sostiene que esas cifras no son consistentes: “Viéndonos optimistas, los españoles serían unos 700 u 800, y habrían estado acompañados de 2 mil o 3 mil aliados tlaxcaltecas. Ante esa cifra, frente a los 200 mil guerreros enemigos, no hubieran tenido la menor oportunidad o posibilidad de salir airosos”.

Señala que la cifra de guerreros que habrían participado en la Batalla de Otumba se hizo en fuentes de origen español; sin embargo, “en ninguna de las fuentes indígenas se menciona cifra alguna”.

Pese al enigma de la cantidad de participantes en aquel encuentro, González indica que tampoco se debe minimizar el acontecimiento y deja en claro que “había una mayoría de indígenas”.

“Las cifras se exageraron mucho, quizá buscando engrandecer la victoria de Cortés. No podemos saber las cifras, porque si nos vamos a las fuentes tempranas contienen poca información; de hecho Cortés le dedica realmente muy poco espacio a este evento”.

El poco espacio que le dedicó en sus Cartas de relación también se vio reflejado en otros textos contemporáneos, sostiene el especialista y ejemplifica con Hernán Cortés, de José Luis Martínez, quien solamente le dedicó un par de líneas: “La acometida en Otumba, días más tarde (de la Noche Triste) fue sólo una feroz escaramuza y no una puntilla eficaz”.

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El factor clave

Pese a las inconsistencias en las cifras, todas las fuentes coinciden en que el triunfo de los españoles se debió a que capturaron a Zihuacatzin, un guerrero mexica que habría encabezado las tropas indígenas.

“Los guerreros a los que se enfrentaron Cortés y sus gentes eran guerreros mexicas, pero Bernal Díaz dice que también había guerreros de Tepotzotlán, Otumba e incluso de Xaltocan, es decir, región del Texcoco que fue aliada de Tenochtitlan. Aunque hay un factor que llama la atención: la forma en que se relata tanto por Díaz del Castillo y Cortés”.

Por una parte, Bernal Díaz del Castillo dice que “en la captura y muerte de este guerrero sí participó Cortés”, junto con Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval y especialmente Juan de Salamanca; mientras que Cortés menciona en sus Cartas únicamente: “Y con este trabajo de la batalla fuimos mucha parte del día, hasta que quiso Dios que murió una persona tan principal de ellos, que con su muerte cesó toda aquella guerra”.

“Es decir, Cortés habla de la muerte de Zihuacatzin como un suceso en el que no habría participado, como si hubiera simplemente sido testigo y no un actor. De haber sido él quien captura, mata y toma su estandarte, hubiera escrito a Carlos V que fue parte de eso o que fue el actor principal de la caída de ese guerrero”, sostiene el especialista.

Además de Zihuacatzin, en esta batalla también sobresale la participación de María de Estrada, quien según Diego Muñoz Camargo, en Historia de Tlaxcala, “se mostró valerosamente haciendo maravillosos y hazañeros hechos con una espada y una rodela en las manos, peleando valerosamente con tanta furia y ánimo, que excedía al esfuerzo de cualquier varón, por esforzado y animoso que fuera, que a los propios nuestros ponía espanto”.

María, dice González, es un personaje interesante, porque es una mujer sevillana que participó en acciones militares.

“Hay referencias sobre su participación en esta batalla, pero que desde luego no de una manera decisiva, pero sí mencionable porque la mujer no participaba en estas acciones. Hay referencias de que la mujer llegaba a participar en acciones guerreras, pero no era lo normal”.

Pese a la falta de precisión sobre la Batalla de Otumba que ayer cumplió 500 años, Carlos Javier González enfatiza que fue decisivo para los españoles, porque después pudieron llegar a territorio tlaxcalteca, desde donde Hernán Cortés elaboró un plan que comenzó a implementar desde inicios de 1521 y que significaría la caída de Tenochtitlan.

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