11 | DIC | 2019
Newseum, cae el baluarte de la libertad de expresión
El Mapa del Newseum sobre la libertad de prensa en el mundo muestra en rojo los países violentos para ejercer el periodismo. FOTOS: WWW.NEWSEUM.ORG

Newseum, cae el baluarte de la libertad de expresión

06/07/2019
00:40
Víctor Sancho / Corresponsal
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Tras años de hacer frente a problemas financieros, el recinto en la capital de EU cerrará hacia fin de año en medio de fake news y la descalificación de Donald Trump a los medios de comunicación

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Washington D. C.— El Newseum es una metáfora titánica. En época de fake news, desconfianza en los medios tradicionales, crisis en la profesión periodística y un presidente de Estados Unidos que considera a la prensa como “el enemigo del pueblo”, el que debería ser el baluarte de la libertad de expresión se derrumba. La situación actual del Newseum —news (noticias) y museum (museo)— es tan complicada que, después de años lidiando con excesivos problemas, cerrará el 31 de diciembre.

El “museo dedicado a la libertad de expresión” es un símbolo por sí solo. No hay lugar en toda la capital de EU más privilegiado para un edificio que venera el cuarto poder que justo en medio de la avenida Pennsylvania, la que une el Capitolio y la Casa Blanca en línea recta.

Desde la terraza del sexto piso del Newseum se ve el Congreso y el Tribunal Supremo, como dejando claro que la prensa, desde su posición y aguardando, está siempre sobre esas dos ramas de gobierno. El Newseum está además en el camino que recorre cualquier presidente tras jurar el cargo y dirigirse por primera vez a la Casa Blanca; una forma de decirle que, quiera o no, tendrá que pasar por el escrutinio del periodismo.

El edificio en sí es también una declaración de intenciones. En la fachada, en una tabla de 50 toneladas de mármol de Tennessee de más de 21 metros de altura, el texto íntegro de la Primera Enmienda de la Constitución de EU: las 45 palabras que dan sentido al Newseum, grabadas como si fueran los Diez Mandamientos. Libertad de culto, de prensa, de expresión, de reunión, de petición.

Dice una frase que popularizó Philip Graham, histórico editor del The Washington Post, que “el periodismo es el borrador crudo de la historia”: el Newseum debía servir precisamente para mostrar la importancia de la prensa libre en grandes momentos de la historia y por qué es importante en la sociedad. No es baladí que, según la Corte Suprema de Estados Unidos, la libertad de expresión sea “la matriz, la condición indispensable de casi cualquier otra forma de libertad”, vital para que muchos derechos fundamentales sean posibles. El Newseum debía ser un tributo al periodismo, a “cómo construye las percepciones de la historia”.

En un día laborable, entrar en ese inmenso edificio de siete plantas, lleno de luz —las paredes, de cristal querían ser como una ventana al mundo, transparente—, es hacerlo a un espacio semivacío, sólo alterado por turistas y grupos de escolares.

Son pocos los que deciden pagar los casi 25 dólares de entrada, para muchos inasumible, para unos turistas que, cruzando la calle, tienen la Galería Nacional de Arte, la nueva exposición de fósiles del Museo de Ciencias Naturales (con un esqueleto completo de un T-Rex), o el Museo del Arte y el Espacio (y sus cohetes y trajes espaciales), gratis.

Los inicios. Nada que ver con los ríos de gente de sus inicios, en 1997, cuando todavía estaba al otro lado del río Potomac, en la suburbial Arlington, cuando la entrada era libre y el Newseum se vanagloriaba de ser uno de los museos más interactivos del mundo. Recibía medio millón de visitantes anuales, muchos fascinados por el espacio donde, frente a una cámara y leyendo de un promter, se podía emular a los mejores periodistas televisivos del momento.

“Fue un experimento notable de filantropía”, lo define Paul Sparrow, quien fuera vicepresidente de 1999 a 2015. Su ideólogo, Al Neuharth, un filántropo fundador del US Today y el Freedom Forum (que se haría cargo de la gestión del Newseum), pensó en grande y decidió regalarse lo que debía ser el puntal de la Primera Enmienda. Más de 450 millones de dólares después y tres años más tarde de lo previsto, en abril de 2008, la inauguración en su actual emplazamiento fue uno de los eventos del año en la capital.

“Abrió en el momento exacto en el que el periodismo tradicional y los medios de comunicación enfrentaban una crisis existencial que debería haberlo convertido en el museo más relevante de Washington”, apuntó Sparrow. La llegada de la tecnología y los cambios en los medios alteraron el sector.

Después llegaría la crisis económica, el cierre de centenares o miles de periódicos; y, todavía peor, la de credibilidad, compañera además de un deterioro en la libertad de expresión y de prensa a nivel mundial.

El Newseum cerrará cuando, según el último índice de libertad de prensa de Reporteros sin Fronteras, sólo 8% de países tiene un clima para los medios de comunicación considerado “bueno”. Lo que más preocupa a Freedom House, por su parte, es que EU —sede del museo y potencia democrática mundial— haya vivido en los últimos años un proceso de vilipendio exacerbado de la prensa (impulsado por Trump) que ha erosionado la confianza en los medios tradicionales.

“Los periodistas de todo el mundo tienen ahora menos razones para creer que Washington irá en su ayuda si sus derechos básicos son violados”, dijo en su último informe.

Memorial a los caídos. En el Newseum, el impresionante Memorial de Periodistas muertos ejerciendo su labor ocupa demasiados paneles semitransparentes en la tercera planta, con menciones a mexicanos como Javier Valdez o Miroslava Breach. El repaso de la historia del periodismo es inabarcable, con portadas de siglos atrás.

La antena de comunicaciones que estaba en las Torres Gemelas de Nueva York es apabullante; la exposición de mejores fotos ganadoras del Pulitzer son un sendero por los eventos que han marcado la historia reciente; el mapa sobre libertad de prensa en el mundo tiene demasiados países marcados en rojo.

Pero siempre le faltó algo de alma y coherencia, combinando en un mismo edificio más de 35 mil periódicos históricos del último medio milenio, una fuente inacabable de recursos educativos, con una exposición permanente del trabajo del FBI, incluyendo la cabina en la que se escondió Unabomber por casi dos décadas mientras sembraba el terror enviando bombas por correo.

Es a veces una amalgama de objetos y utensilios inconexos y sin sentido, como ocho paneles del muro de Berlín, las gafas de un reportero golpeado por un político, las credenciales de periodistas anónimos, o el vestuario de películas taquilleras con la temática del periodismo como excusa de la trama real.

El desastre. Las deudas incalculables y la mala planificación financiera —los directivos culparon del desastre a la crisis de 2008, aunque se embolsaran anualmente salarios de más de seis cifras— hicieron el resto. Ni los cinco recortes de plantilla ni la inyección de dinero del Freedom Forum aplacaron el desastre. A finales de 2017, los números rojos y las pocas perspectivas de mejora terminaron por poner el edificio a la venta y el futuro del
Newseum en el aire.

En enero de 2019 se hacía oficial la venta del edificio a la Universidad John Hopkins por 372.5 millones de dólares. El anuncio llegaba la misma semana que Buzzfeed, Huffington Post y Garnett (matriz de varios periódicos, propiedad de los fundadores del Newseum) eliminaban más de mil empleos de periodistas.

“La falta de liderazgo lo dejó sin rumbo en los revueltos mares de la tormenta digital. Quién sabe cuál será su legado. No hay duda, sin embargo, que cuando cierre las puertas por última vez dejará un vacío en el legado de la Primera Enmienda”, dijo Sparrow.

En un momento en el que el papel de la prensa está en juego y más en duda que nunca, el Newseum tenía que servir como pilar fundamental de la educación en periodismo.

“Planeamos que el Newseum continúe su trabajo crucial de incrementar el entendimiento público de la importancia de la libertad de prensa y la Primera Enmienda durante las próximas décadas”, aseguró Maeve Gaynor Scott, el director de colecciones del museo.

Si no se encuentra una sede física —que de todas formas perdería el aura simbólico del actual—, lo más probable es que mute a un escenario totalmente nuevo, muy centrado en el mundo digital y con una visión educativa aún más pronunciada con programas y exhibiciones itinerantes. “La democracia muere en la oscuridad”, reza el subtítulo del The Washington Post desde hace un tiempo. Cuando se apaguen las luces del Newseum, a finales de 2019, la Primera Enmienda perderá su principal estandarte en el mero centro de la capital del país.

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