El reconocido historiador italiano el día de hoy en Bolonia, Italia, a los, gran impulsor de la “microhistoria”, una de las ramas de la historia que se centra en la vida cotidiana y la cultura popular de otras épocas, de la que es claro ejemplo su libro “El queso y los gusanos”, su obra más conocida en la que relata la vida de un molinero del siglo XVI acusado de herejía.

Con esa obra, el historiador nacido en Turín, el 15 de abril de 1939, que fue hijo de la célebre escritora Natalia Ginzburg y del intelectual Leone Ginzburg, cambió el foco de la historiografía, y desde entonces se le calificó como un maestro del arte de la “microhistoria”.

Además del aporte a la microhistoria, Carlo Ginzburg desarrolló varias investigaciones sobre los juicios de la Inquisición de los siglos XVI y XVII en Europa, con lo que también provocó una profunda revolución en el campo de la historiografía.

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Creció en un ambiente intelectual y social muy comprometido. Su madre fue la novelista Natalia Ginzburg (nacida Levi, 1916-1991), fue la primera en traducir al italiano las obras de Marcel Proust (1871-1922), en tanto que su padre, Leone Ginzburg (1909-1944), provenía de una familia judía de Odesa que había emigrado a Italia.

Sus campos de interés iban del Renacimiento italiano a la historia moderna de Europa. Sus contribuciones atañen a la historia antropológica, al arte, a la literatura y a la historiografía. Sus estudiosos han dicho que su punto de vista era muy original, erudito y provocador.

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Ginzburg señalaba que su encuentro con la violencia política había determinado su interés por lo marginal, las víctimas y la persecución, temas que abordó en su obra.

En 1979, hizo una petición al papa Juan Pablo II para que abriera los Archivos de la Inquisición. No logró respuesta. En 1991 un grupo de universitarios tuvo acceso para revisar el material de los archivos, que fueron abiertos a los investigadores y estudiosos hasta enero de 1998. En la decisión del Vaticano de abrir estos archivos, el cardenal Ratzinger (que más tarde se convirtió en el papa Benedicto XVI) atribuyó a la carta de Ginzburg un papel decisivo.

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Ginzburg era profesor emérito de la Scuola Normale Superiore de Pisa, de donde se graduó. Impartió clases en la Universidad de Bolonia, así como en las más importantes universidades estadounidenses como Harvard, Yale, Princeton y la UCLA.

Además de “El queso y los gusanos”, fue autor de “Mitos, emblemas e indicios”, una compilación de sus ensayos más importantes; “El hilo y las huellas”, obra en la que reflexiona sobre las fronteras entre la verdad histórica, la mentira y la ficción; y “Ojazos de madera”, un libro en el que reúne sus trabajos sobre el desarraigo, la distancia cultural y la mirada del forastero. Varias de sus obras las ha publicado en México el Fondo de Cultura Económica.

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melc

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