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Los cinco poemas más representativos de Charles Baudelaire
Charles Baudelaire es conocido por el libro "Las flores del mal". Foto: Archivo EL UNIVERSAL

Los cinco poemas más representativos de Charles Baudelaire

31/08/2018
11:43
Redacción
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Un día como hoy 31 de agosto, pero de de 1867 falleció Charles Baudelaire, poeta, crítico de arte y traductor francés

Charles Baudelaire fue uno de los más grandes poetas franceses del siglo XIX y está considerado como una de las figuras claves del simbolismo, del “malditismo” y la bohemia.

Luego de estudiar en varios centros con numerosos problemas de disciplina, Baudelaire comienza estudios de derecho en París, donde se une a las tertulias y grupos literarios.

Es en esta época en la que Baudelaire se inicia en el mundo de las drogas, el alcohol y el sexo, provocando numerosos altercados con su familia hasta que accede a entrar en el cuerpo diplomático, algo que, finalmente, decide no hacer continuando con sus costumbres licenciosas.

Es la publicación de su obra más conocida, Las flores del mal (1857) el momento en que es acusado en diversos foros de inmoralidad y su fama comienza a extenderse. Pese a las críticas y censuras, Baudelaire ampliaría Las flores del mal y verían la luz otras de sus grandes obras, como Los paraísos artificiales. 

En 1864 abandona París cansado de la presión ejercida desde los sectores más rígidos de la sociedad y se establece en Bruselas, donde apenas gana suficiente como para vivir. Su salud empeora, afectado de sífilis sufre varios ataques que minan su capacidad para el habla.

Muerto en 1867, Baudelaire sería aclamado por generaciones posteriores como uno de los más grandes autores de poesía de todos los tiempos, autor en el que se conjuga el romanticismo con el simbolismo de una manera única, incomprendida en su época, algo que le hizo ganarse, junto con su actitud frente a la vida, el sobrenombre de poeta maldito.

De entre su obra, además de los grandes títulos ya mencionados, habría que destacar algunas como Spleen de París o Los despojos. La obra crítica de Baudelaire, como Curiosidades estéticas o El arte romántico, también es de gran importancia para los estudiosos del siglo XIX.

A 151 años de su fallecimiento lo recordamos con cinco de sus poemas más representativos.

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                                                             Foto: Archivo EL UNIVERSAL

"Destrucción"

"El demonio se agita a mi lado sin cesar;flota a mi alrededor cual aire impalpable;
lo respiro, siento cómo quema mi pulmón
y lo llena de un deseo eterno y culpable.

A veces toma, conocedor de mi amor al arte,
la forma de la más seductora mujer,
y bajo especiales pretextos hipócritas
acostumbra mi gusto a nefandos placeres.

Así me conduce, lejos de la mirada de Dios,
jadeante y destrozado de fatiga, al centro
de las llanuras del hastío, profundas y desiertas,

y lanza a mis ojos, llenos de confusión,
sucias vestiduras, heridas abiertas,
¡y el aderezo sangriento de la destrucción!

"Tristezas de la luna"

"Esta noche la luna sueña con más pereza, 
Cual si fuera una bella hundida entre cojines 
Que acaricia con mano discreta y ligerísima, 
Antes de adormecerse, el contorno del seno. 

Sobre el dorso de seda de deslizantes nubes, 
Moribunda, se entrega a prolongados éxtasis, 
Y pasea su mirada sobre visiones blancas, 
Que ascienden al azul igual que floraciones. 

Cuando sobre este globo, con languidez ociosa, 
Ella deja rodar una furtiva lágrima, 
Un piadoso poeta, enemigo del sueño, 

De su mano en el hueco, coge la fría gota 
como un fragmento de ópalo de irisados reflejos. 
Y la guarda en su pecho, lejos del sol voraz". 

"La metamorfosis del vampiro"

"La mujer nos decía con su boca de fresa,
ondulante, acechante, entre sierpe y tigresa,
los senos oprimidos a punto de estallar,
estas palabras que ella dejaba resbalar:
“Yo tengo el labio húmedo y conozco la ciencia
que en el fondo del lecho diluye la conciencia.
Enjuga todo llanto la gloria de mis senos
que hacen reír a los viejos igual que a niños buenos.
¡Y soy para quien sepa contemplarme sin velos
la luna, y soy el sol, las estrellas, los cielos!
Tan docta soy amando, queridos sabihondos,
cuando un hombre aprisiono en mis brazos redondos
o cuando a sus mordiscos abandono mi pecho,
frágil y libertina a la vez, que en mi lecho,
gustador del deleite que raya en frenesí,
hasta los mismos ángeles se perdieron por mí.”

Cuando toda la médula succionó de mis huesos,
y sobre ella rendido quise darle mis besos,
advertí que en sus flancos —todo fue en un momento—
resbalaba un humor viscoso, purulento.
Cerré entonces los ojos de frío y de terror,
y al abrirlos de nuevo al vivo resplandor,
junto a mí, y en lugar del maniquí gozado
que parecía haberse ya de sangre saciado,
temblaba un esqueleto, produciendo un crujido
como el de esa veleta que da un agrio chirrido,
o el rótulo hecho trizas del umbral del infierno
tremolando en el viento de una noche de invierno".

"El amor y el cráneo"

"Viñeta antigua
El amor está sentado en el cráneo
de la Humanidad,
y desde este trono, el profano
de risa desvergonzada,
sopla alegremente redondas pompas
que suben en el aire,
como para alcanzar los mundos
en el corazón del éter.

El globo luminoso y frágil
toma un gran impulso,
estalla y exhala su alma delicada,
como un sueño de oro.

Y oigo el cráneo a cada burbuja
rogar y gemir:
—Este juego feroz y ridículo,
¿cuándo acabará?

Pues lo que tu boca cruel
esparce en el aire,
monstruo asesino, es mi cerebro,
¡mi sangre y mi carne!"

"Confesión"

Una vez, una sola, mujer dulce y amable,
En mi brazo el vuestro pulido
Se apoyó ( sobre del denso fondo de mi alma
Ese recuerdo no ha palidecido);

Era tarde; al igual que una medalla nueva,
La Luna llena apareció,
Y la solemnidad nocturna, como un río,
Sobre París dormido se extendía.

Los gatos, por debajo de las puertas de coches,
Deslizábanse furtivos
El oído al acecho o, como sombras caras,
Nos seguían despacio.

Y de súbito, en medio de aquella intimidad,
Abierta en la luz pálida,
De Vos, rico y sonoro instrumento en que vibra
La más luminosa alegría,

De vos, clara y alegre igual que una fanfarria
En la mañana chispeante,
Una quejosa nota, una insólita nota
Vacilante se escapó,

Como un niño sombrío, horrible y enfermizo
Que a su familia avergonzara,
Y al que durante años, para ocultarlo al mundo,
En una cueva habría encerrado.

Vuestra discorde nota, ¡mi pobre ángel! cantaba:
«Que aquí abajo nada es firme,
Y que siempre, aunque mucho se disfrace,
El egoísmo humano se traiciona;

Que es un oficio duro el de mujer hermosa
Y que es más bien tarea banal,
De la loca y helada bailarina fijada
En maquinal sonrisa;

Que fiar en corazones es algo bien estúpido;
Que es todo trampa, belleza y amor,
Y al final el Olvido los arroja a un cesto
¡Y los torna a la Eternidad!»

Esa luna encantada evoqué con frecuencia,
Ese silencio y esa languidez,
Y aquella confidencia penosa, susurrada
Del corazón en el confesionario.

 

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Cinco datos sobre Charles Baudelaire

El autor de "Las flores del mal" falleció el 31 de agosto de 1867
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