Hay un antes y un después en la vida de Julián Herbert (Acapulco, 1971), en cada libro que ha escrito, en cada abordaje de sus historias, en varios momentos de su existencia. A pesar de que hay también muchas persistencias en su literatura, subsisten sus obsesiones y los temas que lo rondan, en su nuevo libro Ahora imagino cosas (Literatura Random House), Herbert se ha reinventado al tiempo que sigue buscando lo mismo.

En este libro de crónicas que reúne ocho historias, Herbert regresa a su intimidad, a sus abismos personales, pero sin dejar de retratar la violencia, la inseguridad e incluso los feminicidios. Son historias que abordan la realidad pero con los artificios de la ficción.

“Para mí es seguir ampliando esos temas hasta el punto que se agote, pero abordados desde una perspectiva de lo múltiple. Trabajar con el aspecto autobiográfico a mí me ha dado el chance de explorar distintos dispositivos narrativos en primera persona, porque no es lo mismo enfocarlo directamente desde la autobiografía que con el impacto de lo social en el ámbito geográfico; me ha interesado mucho esta tensión entre el mundo social y el Yo narrativo”, señala Herbert en entrevista.

El narrador asegura que desde esa perspectiva ha escrito Canción de tumba, La casa del dolor ajeno y Ahora imagino cosas. “En este libro me he sentido más cómodo utilizando esa primera persona autobiográfica que de todas maneras es muy distinta a la está en otros libros, al menos esa es mi intención inicial a la hora de escribir. Para mí también era muy importante que en este libro apareciera ese registro porque hay una experiencia que se volvió significativa acerca de la percepción de lo social pero que es una experiencia existencial y personal”.

Julián Herbert relata que hace más de año y medio él no bebe por lo que el libro está escrito entre el antes y después de ese proceso, como una especie de visión de la realidad desde la intoxicación extrema y luego una recuperación de esa misma visión de la realidad pero desde un intento y una búsqueda de sobriedad.

“Me parecía interesante jugar con ese desplazamiento del punto de vista dentro de la misma primera persona. Todavía estoy en el proceso de investigación, pero sí creo que hay algo importante que cambia, por ejemplo el método de escritura cambió mucho para mí, antes escribía jornadas muy largas e intensas, y ahora tengo un ritmo mucho más regular de escritura, creo que la sintáxis cambió, era una sintaxis más barroca y ahora con la abstinencia la prosa se ha hecho más cerrada y concisa; hay cambios incluso en el proceso de la mente, eso modifica el punto de vista”, dice Herbert.

El también poeta y músico asegura que la realidad se nos va cruzando una y otra vez, y por ello para él la violencia ni siquiera es un tema que busque, más bien hay una sensibilidad ahí y por otro lado es una situación que desafortunadamente está muy presente en el país.

Incluso va a la violencia del pasado. El relato que cierra el libro es una indagación que está entre el periodismo y la historia, “es una especie de ratablo de la primera guerra del narco a principios de los años 70 en Nuevo Laredo, un poco también rastreando las raíces; me interesó mucho en este libro rastrear las raíces de la violencia y la descomposición de la sociedad en el presente, en momentos críticos de la política mexicana de los 70, década en la que nací”, afirma.

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