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A dos semanas de que concluya la muestra de la colección Gelman en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México para viajar al Faro Santander con todo y diez de las obras emblemáticas de Frida Kahlo, Graciela Iturbide, Mónica Mayer y Magali Lara, tres de las artistas mexicanas más vinculadas a la pintora, hablan en entrevista. Contexto: el colectivo Defendamos la Colección Gelman emprende acciones legales para revertir el convenio firmado entre Marcelo Zambrano, el INBAL y el banco español.
Graciela Iturbide habla claro: “Yo les propondría a los artistas unirse y protestar, luchar por lo que es nuestro, y decir: ‘Frida es nuestra’. Frida es de México, tiene que regresar a nuestro país, podemos prestarla cuando sea necesario y con las condiciones necesarias, que esté un tiempo en el exterior y la vean. Pero ella es de aquí, es un producto totalmente mexicano y producto de nuestra cultura, porque siempre estuvo muy envuelta en la cultura de México, sus costumbres, sus trajes, hasta su cocina y su loza, sus animales... Tenía un enorme amor a México y toda su obra tiene que ver con esa pasión”.

Graciela comenta que no pertenece a la fridomanía que ha convertido en santa a la pintora. Pero aprendió a quererla y admirarla profundamente cuando retrató “El baño de Frida” y capturó con su cámara el dolor y la valentía con la que vivió y pintó toda su vida. Fotografías suyas como “Mujer Ángel” forman parte de la colección “semilla” de los Gelman, pero para ella “es Frida, junto con los grandes pintores, la que debe viajar ‘por un ratito’ y volver”. De ganar la lucha, agrega, su obra “debería exponerse aquí de manera permanente, ya sea en Bellas Artes o en el MAM, pero aquí, porque es de nosotros”.
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De presenciar su salida de México: “Frida se volvería a morir. O iría al museo con su bandera a protestar y manifestarse en contra, igual a como lo hacía en vida. México debe defender lo suyo. Mal, muy mal e injusto haber firmado un convenio así”.
Mónica Mayer, artista conceptual, feminista, participante de la exposición Frida: The Making of an Icon que acaba de inaugurarse en la Tate Modern de Londres, expresa: “Como artista feminista, como hija de una madre suicida, lo que más me gusta de la obra de Frida Kahlo es su macabro sentido del humor, presente en cuadros como ‘El suicidio de Dorothy Hale’ o ‘Mi nacimiento’, en los que aborda temas tremendos de forma directísima. Esa voz difícilmente se nos ha permitido a las mujeres.

“Hay dos tipos de artistas que me encantan: quienes tienen las antenitas tan bien puestas que van un pasito adelante de su contexto y quienes se centran en su propio eje con tal perfección, que borran la frontera entre la vida y el arte. Frida logra ambas cosas. Por un lado, desde los años setenta, su obra se convierte en estandarte para muchas comunidades, como la feminista y la chicana. Pero hoy, quienes hablamos de temas como feminicidio, maternidad, género, ciborg, discapacidad, mexicanismo, lesbianismo, etc.., encontramos un eco en su obra, lo cual la hace vitalmente relevante. Por otro lado, Frida se documenta a sí misma sistemáticamente a través de su pintura y de las múltiples fotografías que le tomaron. Más allá de un gesto autobiográfico, yo veo a una artista centrada en su eje, que aborda a fondo la performatividad al crear un personaje, documentarlo y crear un archivo con las herramientas que tenía a su disposición. Esto la hace un antecedente directo del arte conceptual y del performance”, afirma Mónica Mayer.
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Acerca de la coyuntura actual: “Yo soy de las que, cada que voy al MAM, paso a saludar a ‘Las dos Fridas’, por lo que me entristece la idea de no volver a ver sus obras en la colección Gelman. Es una lástima que el gobierno no adquirió la colección en su momento. Lo que me tranquiliza es que la comunidad cultural, en la que hay personas con años de experiencia en estos temas y con el compromiso que las caracteriza desde siempre, se organizó bien para cuestionar la forma en la que originalmente se planteó la salida de la colección y confío en que no quitará el dedo del renglón”.

Magali Lara, cuya obra forma parte de la colección Gelman, de la muestra en la Tate Modern y, como Mayer, escribió para el catálogo, dice: “La obra de Frida me enseñó que había un camino para dar voz y representación a lo que acontece desde el cuerpo. No es únicamente la manera en que se construye la identidad sino los cambios que nuestra experiencia con el afuera nos obliga a reconfigurar. Me gustan sus cuadros y entiendo la fascinación por su persona, pero me molesta la manera en que el sufrimiento, la dificultad para ser autónoma o los conflictos emocionales empañan una voz tan profunda. Nadie habla de Orozco y la pérdida de su brazo, pero sí de la fuerza de la obra. Me temo que para las mujeres artistas sigue siendo un enredo la vida privada con lo que sucede con la obra. Y a Frida sus parientes la han tratado mal. Y lo lamento”, concluye.
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