“Es muy peligroso que la música de nosotras se toque en el mes de la mujer porque, como es el mes de la mujer, entonces, ahí se va a tocar la música de las mujeres; o, por ejemplo, vamos a tocar la música de Gabriela Ortiz porque es mexicana y porque es mujer. Tan grave es que se toque mi música por ese hecho, como tan grave es que digan: no la vamos a tocar porque es mujer y es mexicana. Que te excluyan por el hecho de ser mujer y ser mexicana también es gravísimo. Creo que tiene que estar la calidad artística ante todo. Y quiero pensar también que no sólo es una coyuntura política importante, sino que estoy segura que la academia vio una calidad artística en mi trabajo. Si no, no hubieran votado por mí, quiero pensarlo”, afirma la compositora Gabriela Ortiz (Ciudad de México, 1964), que en dos años ha ganado siete Grammys por tres obras (en febrero Dzonot fue reconocida por Mejor Composición Clásica Contemporánea y Yanga como Mejor Compendio de Música Clásica; mientras que el año pasado Revolución diamantina arrasó también con tres premios Grammy y un Latin Grammy).

Ortiz, quien reconoce que sus trabajos recientes están atravesados por temáticas sociales, agradece a la gente con la que ha trabajado estos proyectos: “Son el resultado, el fruto de un trabajo y un esfuerzo enorme no sólo de mi parte, sino que, evidentemente, estoy muy agradecida con la Filarmónica de Los Ángeles, con Gustavo Dudamel y todos los intérpretes que participan en el disco. Si estamos hablando de Revolución diamantina tengo que hacer un reconocimiento enorme a María Dueñas, que es la solista de mi concierto de violín y, por supuesto, a mi equipo de producción: el ingeniero de sonido que hace maravillas, porque estos discos son el resultado de grabaciones en vivo, no son grabaciones de estudio, entonces comprenderás que no es fácil grabar una obra en vivo y después limpiar el sonido. El productor ha hecho un trabajo extraordinario y, en el caso de Yanga, estoy muy agradecida con LA Master Chorale y el grupo de percusiones Tambuco, que son parte de este equipo maravilloso e hicieron posible el disco Yanga”.

La compositora afirma que estamos viviendo un momento importante: “Y en Estados Unidos ni se diga… Es un momento importantísimo en el cual sí se tiene que reflexionar sobre ciertas cosas que están pasando, y creo que la música tiene un lugar importante ahí, y quizá esto también se está reflejando en que hayan decidido otorgarle los Grammys a estos proyectos”.

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Para ella, estos premios representan una manera de sentar un precedente. “Sobre todo, espero, y lo he dicho en otras ocasiones, que abra las puertas hacia el quehacer musical en Latinoamérica (no sólo en México, sino en Latinoamérica) porque ha estado muy poco visibilizado. Creo que siempre, sobre todo en la música de concierto, ha dominado mucho más Europa e incluso Estados Unidos, y México y Latinoamérica no han estado tan visibilizados. Esto es una gran oportunidad de poder abrir esas puertas y decir: yo no soy la única compositora en México ni soy la única compositora en Latinoamérica. A ver si esto despierta mucho más interés”.
Estas temáticas sociales, como hilo conductor de su obra reciente, pueden verse en el feminismo de Revolución diamantina, la protección de la biodiversidad de la península de Yucatán que Ortiz explora en Dzonot y en Yanga y la historia de la resistencia de los esclavos del siglo XVII: “Es importante hablar de estos temas, y eso es lo que para mí ha estado sucediendo recientemente, que he tenido la oportunidad de trabajar en ciertas cosas que nos afectan como seres humanos, que nos han afectado históricamente, que son temas que tienen una relevancia muy importante en el presente y futuro, y que hay que reflexionar sobre ello, porque de lo contrario, ¿para dónde va a caminar la humanidad? Son temas muy complejos y yo hablo de ellos a través de la música”, reflexiona la también integrante de El Colegio Nacional y ganadora del Premio Nacional de Artes y Literatura en 2016.
Otro asunto social, que traza un arco con las temáticas abordadas en Revolución diamantina, es la voz de las artistas sepultadas por el tiempo y sin el reconocimiento merecido. “Mujeres en la bruma: las olvidadas de la ópera mexicana”, conferencia-recital que coordina Ortiz e imparte Enid Negrete, tendrá lugar mañana, a las 18 horas, en El Colegio Nacional.
La presentación abordará el trabajo de la directora de orquesta María Garfias, la compositora Julia Alonso, la soprano y empresaria Esperanza González de Manero, y Concepción de Quesada, creadora de Ópera Internacional de 1955 a 1970. La soprano Ana Rosalía Ramos y el pianista Sergio Vázquez serán los intérpretes.
“A mí me parece muy importante conocer, sobre todo siendo mujer, quiénes me anteceden, quiénes me abrieron las puertas, para que yo pueda estar ahorita platicando, o para escribir una ópera. Es una lucha que viene de antes y es un agradecimiento a todas estas mujeres que alzaron la voz, y que en su momento tuvieron que enfrentarse a una serie de cuestiones bastante adversas para poder hablar y realizar su arte”.
Gabriela Ortiz adelanta que la presentación y escenificación de Revolución diamantina (Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, 4 y 5 de julio, 19:00 horas y 17:00 horas, respectivamente) será completamente distinta a lo que ya se hizo en Estados Unidos. Una impronta nacional marcada por artistas de primer nivel: Claudia Lavista, Lola Lince, Melva Olivas y el Centro de Producción de Danza Contemporánea, así como la Orquesta Urtext y Lina González-Granados.
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“La idea coreográfica que tiene Claudia (Lavista) es la de hablar de la historia de la lucha de la mujer, pero a través de toda la historia, no sólo a través de un momento que fue la Revolución Diamantina en 2019 en México, sino que está yendo a cuestiones mucho más generales. Para representar eso era muy importante (para ella) no sólo que fuera la única coreógrafa, sino que tuviéramos dos coreógrafas de dos generaciones distintas: una que es muy joven y una que es todavía una generación mayor que Claudia. Entonces, para ella era importante abarcar todo ese panorama y ver la visión de una coreógrafa que se enfrentó a un momento histórico en la lucha de la mujer, pues es muy distinto al que se está enfrentando una coreógrafa joven de hoy en día; son momentos muy diferentes”.
En esta línea, Ortiz afirma: la violencia hacia la mujer no es ficción, no está de moda, sucede todos los días. Y recuerda que, hace unos años en el Chinatown de Nueva York, vio de frente a un hombre golpeando a una mujer: “Me sorprendió muchísimo porque en ese momento yo no sabía qué hacer”. La gente que estaba alrededor intervino, cuenta y reflexiona sobre los círculos viciosos emocionales que enfrentan las víctimas: después de unos minutos, la mujer regresó con el hombre para volver a ser golpeada hasta que la policía detuvo la escena.
Por último, cuenta que Alondra de la Parra le comisionó una obra para el Festival Paax GNP (en julio en Quintana Roo), inspirada en La reina roja, de Adriana Malvido.
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