La conexión de Frida Kahlo con movimientos culturales y artistas de diversos géneros, geografías y generaciones ha sido y es excepcional. Una investigación sobre esas relaciones llevada a cabo durante cuatro años en el International Center for the Arts of the Americas (ICAA) del Museo de Bellas Artes de Houston (MFAH), dio pie a la exposición “Frida The Making of an Icon” (Frida: la creación de un ícono), que se expone hasta mayo en este museo estadounidense, y que en el segundo semestre se presentará en la Tate Modern de Londres.
La exposición fue concebida y organizada por Mari Carmen Ramírez, curadora del MFAH, quien encuentra que “Frida Kahlo no es solamente un ícono sino un fenómeno cultural; va más allá de ser una pintora o una artista mexicana”. La curadora define este fenómeno como la intersección entre el mito, la iconicidad y la cultura de consumo, de ahí que la exposición indaga en el impacto de Frida sobre diversas generaciones de artistas y la naturaleza de su legado.
Con Frida pasa algo singular: casi ningún artista estimula en el público la necesidad de, no solamente ver su obra, sino de convertirse en ese artista, opina la curadora: “No ves a nadie pintándose como Picasso o como Warhol. Frida conecta emocionalmente con las audiencias; eso no se da con otro artista”.
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Desde que vivía, Frida causaba que otras personas buscarán ser como ella o mimetizarse. Eso lo señala la exposición, por ejemplo, en una foto que tomó Diego Rivera en 1941, en la que aparecen Frida y su amiga Emmy Lou Packard, quien usa el mismo peinado de trenzas de la pintora.
Para la exposición y el libro-catálogo, un equipo de 14 investigadores internacionales documentaron las formas como artistas de distintas generaciones han creado obras que establecen conversaciones con la pintora y su vida. Analizaron las experiencias de artistas chicanos, feministas, defensores de los derechos LGBTQ+, neomexicanos, y otros más jóvenes que han trabajado sobre la identidad y la discapacidad. De todos esos grupos, pero también de surrealistas y de otros contemporáneos de Kahlo se presentan obras en la exposición.
“Hicimos investigación, hablamos con los artistas y encontramos que tienen una referencia de Frida o la reconocen como punto de partida o interlocutora de su arte. Tengo que enfatizar que la relación de todos estos artistas con Frida es una relación que ellos mismos han reconocido, no es una interpretación mía”.

De esa forma, aunque pareciera que se ha dicho todo acerca de Frida dada la abrumadora información acerca de ella, aquí se abrieron líneas de investigación.
La muestra contiene 35 pinturas de Kahlo —algunas de la colección del Museo Dolores Olmedo, como “Mi nana y yo” y “La columna rota”, así como del Harry Ransom Center, de la colección FEMSA y el “Autorretrato” de 1926—, junto a fotografías, vestuario, joyería y objetos del Museo Frida Kahlo. A la par, se exponen obras de 80 artistas y colectivos.
-¿Cómo llegan a esa idea de mirarla desde la construcción de ese ícono que se ha convertido Frida Kahlo?
Cuando el museo expresó interés en hacer una exposición de Frida Kahlo, yo tenía muy claro que hoy en día es imposible hacer una retrospectiva de Frida Kahlo porque es muy difícil conseguir préstamos de las obras. Decidí utilizar mi experiencia con Frida para armar la base de la exposición. Yo estuve en México en 1983 haciendo investigación para mi tesis doctoral sobre el Muralismo y entonces se acaban de publicar las primeras biografías de Frida Kahlo, de Teresa del Conde y Raquel Tibol, y luego la de Hayden Herrera. Cuando Frida murió en el año 54, era conocida en México y entre círculos de intelectuales y artistas en Estados Unidos, pero no era ni remotamente el ícono global que es hoy. Pasó su vida a la sombra de Diego Rivera y tuvo apenas dos exposiciones individuales.
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Todo cambió a partir de los años 70 cuando una nueva generación de artistas, intelectuales y activistas políticos la descubrieron, y se convirtió en un fenómeno. Desde entonces, cinco generaciones se apropiaron de su legado para transformarlo y producir obras innovadoras.
-¿Qué hechos provocaron un cambio en la forma de ver a Frida?
Hay muchos hechos y eso es lo que explora la exposición. Empezando porque ella misma construyó una imagen polifacética; no se definió a sí misma como una persona con una identidad fija en sus autorretratos sino que fue muchas Fridas, muchas personas: artista intelectual de vanguardia, activista política, esposa leal a Diego Rivera, transgresora, pareja bisexual, feminista…
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De alguna manera Frida es “the girl that refuses to go away” (la chica que rehúsa a irse), frase de Amalia Mesa Bains. En cada década nos encontramos con el fenómeno de Frida. Una de las cosas que me sorprendió al hacer este proyecto, porque pensaba sería una exposición histórica focalizada en los años del apogeo del mito de Frida, los 70, 80 y 90, fue descubrir que después del 2000 todavía hay un par de generaciones de artistas que se identifican con la obra de ella. “Frida está tan viva hoy en día como lo estuvo en su momento”.
-¿Cómo se produjo esa relación de los artistas chicanos con la obra y figura de Frida Kahlo?
En los años 73 y 75 dos artistas chicanos, Rupert García y Amalia Mesa Bains, que fueron a México y visitaron de forma separada la casa de Frida, se compenetraron con su trabajo y su obra, y se fascinaron con la figura que representaba. Al regresar a San Francisco intentaron promover la obra de Kahlo.
Los artistas chicanos se focalizaron en el valor heroico de la vida de Frida, no la vieron como víctima —en cambio, muchas feministas americanas tienden a ver a Frida como una víctima de Rivera o de su circunstancia—. Los chicanos exaltaron a Frida como representante de la etnicidad, como una mestiza, y su ambivalencia con los Estados Unidos, que se muestra en “My Dress Was There Hanging (Mi vestido colgaba allí)”; Frida respetaba a los Estados Unidos, y aunque vivió con Diego en este país, se sintió fuera de lugar, y esa sensación la tienen muchos inmigrantes. Los chicanos en el año 78 organizaron una de las primeras exposiciones de Frida Kahlo en Estados Unidos, en la Galería de la Raza, un modelo de exposición que todavía perdura. Ahí los chicanos codificaron elementos de la iconografía de Frida Kahlo, como la uniceja y fue Rupert García, quien la llevó al cartel de aquella exposición. Hoy los chicanos más contemporáneos la ven como un miembro de su comunidad, como si fuera una chola. La representan en actividades diarias, yendo al supermercado, en el barrio, en una parada comunitaria con Diego Rivera…
-Aunque la han tomado las feministas, no es que Frida alguna vez dijera "soy feminista”, pero sí hay un feminismo en su manera de mirarse y comunicar como mujer…
Por eso te digo, cada grupo ve lo que quiere ver en Frida. Las feministas se impactaron mucho con sus representaciones, porque fue de las primeras artistas, si no la primera, en presentar temas difíciles como el miscarriage (aborto espontáneo o no provocado) o la violencia sexual contra la mujer. Esa manera de usar su vida y sus conflictos como tema de su obra es lo que les da libertad a otros artistas para representarse a sí mismos. Es el fundamento de lo que las feministas hablan, de “lo personal es político”. Así, Frida fue una de las artistas que impulsó esa otra manera de pensar y de hacer arte; artistas, feministas, gays, neomexicanistas, se apoyan en ella por esa razón.
La exposición “Frida The Making of an Icon” contiene obras de artistas como Judy Chicago, Kiki Smith, Ana Mendieta, Karen May Williams, Orlan, Yasumasa Morimura, Nalini Malani, Guerrilla Girls, Miriam Schapiro, Catherine Opie;; de artistas mexicanas de su época como Rosa Rolanda, María Izquierdo y Olga Costa; de artistas gays mexicanos de los años 20 como Abraham Ángel, Manuel Rodríguez Lozano, Emilio Baz Viaud; de los neomexicanistas, Julio Galán, Nahum Zenil, Rocío Maldonado, Dulce María Núñez, Astrid Hadad. También incluye a artistas que hacen obras relacionadas con la discapacidad como Berenice Olmedo y Carolyn Lazard. Otros de los muchos artistas reunidos son el colectivo Las Yeguas del Apocalipsis, Francisco Toledo y Germa Machuca, que en su momento hicieron sus propias relecturas de “Las dos Fridas”.
“Hay una artista brasileña que se llama Camila Fontenele de Miranda, que es autora de la obra con la que termina la exposición, “Todos podem ser Frida” (Todos pueden ser Frida). Es un fotomural que nació de un proyecto de más de 5 mil 800 fotografías tomadas a gente del interior de Brasil y de la región del Amazonas. Ella viajó durante 12 años con una escenografía portátil y su cámara fotografiando gente común de distintos grupos, clases sociales, géneros, etcétera, con ese motivo de ‘Todos pueden ser Frida’, porque ha habido, como te digo, una identificación muy fuerte de las audiencias con Frida, su vida y los valores que representa. En última instancia, esa es la conclusión de la muestra”, describe Mari Carmen Ramírez.
Entre los investigadores que participaron figuran James Oles, Gannit Ankori, Cirse Henestrosa, Jaime Moreno Villarreal, Luis Vargas Santiago, Miguel López, Cecilia Fajardo Gil; en el libro catálogo se incluyen dos entrevistas con las artistas Mónica Mayer y Magali Lara sobre la perspectiva feminista en torno de Frida.
La exposición, por otra parte, presenta detalles de una investigación del fenómeno de la fridomanía, realizada por Arden Decker, directora asociada del ICAA, a partir de lo cual se conformó una sección de 200 objetos, entre libros, parafernalia, artesanías y muñecas.
-¿Qué crees que ha causado la mercantilización que lleva a ver la imagen de Frida en tequilas, lentes, muñecas, toallas sanitarias?
¡Es algo insólito! Es un fenómeno donde la gente establece una relación muy particular con todos estos objetos. Pero es algo muy complejo y muy difícil de desasociar; el fenómeno Frida implica esa parte de comercialización y de una manera u otra tenemos que bregar con esto.
-Pero tiene una parte muy negativa, ¿no?
Tiene una parte muy negativa, pero lo que es interesante es que hicimos una pequeña encuesta entre los artistas de la exposición, preguntándoles si la comercialización de Frida disminuye el valor del artista, y contestaron que no, que era lamentable la comercialización, pero que Frida permanecía como un ícono perdurable por encima de todo eso.
“Frida The Making of an Icon” se expondrá en el Museum of Fine Arts de Houston hasta el 17 de mayo y estará en la Tate Modern de Londres a partir del 25 de junio donde habrá un grupo diferente de pinturas de Frida Kahlo.
Mari Carmen Ramírez, quien es la fundadora del ICAA en el Museo de Bellas Artes de Houston, reconoce que cada vez es más difícil conseguir el préstamo de pinturas de Frida Kahlo: “Prestar obras para exposiciones es muy difícil. O sea, Frida se ha convertido en una máquina de producción de dinero para muchos coleccionistas, incluso para instituciones. Entonces es muy difícil conseguir los préstamos para una exposición; tuvimos el caso de, por lo menos, cinco o seis préstamos que no fueron aprobados, de instituciones muy importantes con las que tenemos excelente relación, pero no quisieron prestar las obras (el Pompidou, el MoMA y el Museo de San Francisco, entre otros). Las obras se reprodujeron en el catálogo, pero no las pudimos poner en la exposición”, concluye la curadora.
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