Jorge Ayala Blanco (Ciudad de México, 1942) presenta la entrega más reciente de uno de los proyectos de más ambiciosos y sin precedentes en América Latina, el Abecedario del cine mexicano. El volumen 21 de esta particular cartografía que empezó en 1968 con La aventura... corresponde a la letra T, La tendencia del cine mexicano y abarca 100 películas realizadas entre 2021 y 2023. La puerta de entrada a una serie de títulos de difícil clasificación, dotados de vigor, pluralidad y riesgo; una mirada panorámica a la producción nacional tras la pandemia. En entrevista, el columnista de cine del suplemento Confabulario habla sobre una época donde ya no hay temas tabú que sepulten la carrera de un director, el aumento de películas hechas por mujeres y la fuerza del documental.

La tendencia del cine mexicano, además, se presentará en la Sala 4 de la el 21 de septiembre, a las 19:00 horas. En la mesa acompañarán al autor: Perla Ciuk, Roberto Fiesco, Alejandra Sánchez y Santiago Torres.

¿Cuál sería, digamos, la tendencia de la tendencia?

Lo que a mí me sorprendió es que precisamente la tendencia del cine mexicano es una multiplicidad de tendencias. Es la tendencia de tendencias, el sentido de sentidos. Viendo el conjunto, llego a la conclusión de que el cine mexicano es lo más incluyente de la Tierra. No tiene una sola tendencia. No impone ninguna línea. Para mí, lo fascinante es que no se repiten los temas. El cine mexicano actual es plural e incluyente, imposible definirlo con una sola frase. Esa es la motivación para escribir La tendencia...

¿Esa pluralidad puede ser un arma de doble filo?

Al contrario. Cada cineasta tiene su propio rumbo, su propio ritmo y sus propios intereses. Eso me parece formidable. Si son 100 películas las que estoy analizando en extenso son 100 tendencias diferentes.

Algunas tendencias son curiosas, como la odiasuegras

Exacto. Hay comedia y películas totalmente surrealistas que marcan una tendencia y ninguna otra la sigue. Por ejemplo, Los minutos negros, de Mario Muñoz, que yo le llamo la tendencia putrinoir, una de las películas más agresivas que se han hecho en México desde el punto de vista del thriller, es un límite del thriller y la crueldad. Podríamos decir, sin embargo, que dentro de la misma línea violenta encontramos una película que, en realidad, es la denuncia de una matanza, La alberca de los nadies, de José Luis Solís. Dentro de esa misma línea violenta, hay una película que sirve de recordatorio del levantamiento que dio origen a la guerrilla urbana, Mujeres del alba, de Jimena Montemayor, basada en los libros de su padre, Carlos Montemayor.

Pero también están los grandes géneros del cine, como el horror. Tenemos un verdadero cántico a la licantropía, Rabia, de Jorge Michel Grau. O Mexzombies, de Salvador Chava Cartas. Una de estas cintas es un lamento por los desaparecidos, un grito de las mujeres buscadoras: Ruido, de Natalia Beristáin. Hay cosas que no pueden clasificarse. Otra que me parece espléndida desde lo estético es Manto de gemas, de Natalia López Gallardo. Es la desolación absoluta en un mundo que domina el crimen organizado.

Jorge Ayala Blanco. Foto; FERNANDA ROJAS/EL UNIVERSAL
Jorge Ayala Blanco. Foto; FERNANDA ROJAS/EL UNIVERSAL

¿Cuáles son las tendencias más inusitadas?

Las más subjetivas. Hay dos películas que tienen el mismo nombre y me pareció delicioso analizar: Tótem, de Lila Avilés, y Tótem, de la Unidad de Montaje Dialéctico. La primera es una película sobre la niña que pierde al padre; la segunda, un verdadero ensayo sobre la ausencia de sentido del símbolo. La coincidencia del nombre y la diversidad total entre ambas dice mucho: una es introspectiva, intimista; la otra, totalmente retórica, polémica; la de Avilés fue premiada en los Premios Ariel, la otra hay que recuperarla, rastrearla. Una de las funciones que puede tener este libro es motivar al lector a que se acerque a esas películas que dejó pasar. Lo bueno es que ya ninguna película se pierde, prácticamente todas son recuperables. El cine se busca en un flujo de exhibición paralela, subterránea, que permite al lector perfectamente encontrarse con esas películas. Las más difíciles, por supuesto, son los cortometrajes.

¿Cuáles serán las más relevantes dentro de 10 o 15 años?

Es impredecible. Mi apuesta estaría con Placeada. Historia íntima de una ex-sicaria, de Alejandra Sánchez Orozco, una de las grandes documentalistas mexicanas. Película de vigencia total que permite meterse realmente en el mundo de una exsicaria más allá del relato y del retrato, una especie de convivencia con un personaje extremadamente duro. ¿Qué otras películas pueden permanecer? Incluso algunas que sólo estuvieron en un festival. Me fascina La Colonial, de David Buitrón. Su película te hace, prácticamente, convivir e identificarte con los indigentes.

Su respuesta señala dos documentales, ¿qué arroja eso?

Arroja que el documental mexi cano es extraordinariamente vigoroso. No incluyo todos los documentales, sino los que considero que deben permanecer. Es importante decir que cada vez son más las películas hechas por mujeres. En los últimos tomos del Abecedario son entre 30 y 35 películas de mujeres, por lo menos la tercera parte. Fue creciendo la formación de nuevas cineastas. En La aventura... no había una sola, quizá por ahí mencioné alguna de Matilde Landeta.

¿Qué cambió en su concepción del cine mexicano?

El cine mexicano no murió con la pandemia ni con el cambio de régimen, sino que siguió haciéndose. Las películas, digamos, de nuevos temas se van a ver mejor en los siguientes tomos. El cine mexicano tuvo que reinventarse y encontrar todo tipo de salidas. Salidas que, si quieres, pueden ser desesperadas o insólitas. Son películas únicas. Me sorprendió el nivel expresivo. La contradicción interna de cada película es lo que me interesa y destaco. Nunca me planteo juzgar la película. Si es buena, mala o pésima me da exactamente lo mismo. Me interesan las contradicciones internas, incluso la sorpresa.

¿Las películas ahondaron en la complejidad creativa?

Sin duda. Lo que me parece importante es que ya no hay temas tabú en el cine mexicano. Imagínate en el año 65 u 80 hacer una película contra el ejército mexicano. Está Heroico, de David Zonana, que se exhibió comercialmente y tuvo buena difusión, filmada, además, en las instalaciones del Colegio Militar. No hay temas tabú, la apertura es grande, ya puedes hacer películas que no prohíbe Margarita López Portillo porque ofenden su moral o a la Virgen de Guadalupe, como le pasó a Retes. El mundo cambió totalmente. Lo que me parece fascinante del cine mexicano es que ya no hay diferencia entre la alta cultura y la cultural popular. Hablo de las posibilidades de cada película, que pueden tener exhibición comercial o sólo quedarse en los festivales. Que van a 30 festivales, llegan a México y pasan a alguna plataforma. Nunca marco si la película tuvo exhibición comercial o sólo la pasaron en un festival. El cine mexicano quiere incluirlo todo. Es un cine voraz, ávido de temas distintos, donde todo puede caber, dirigido a todo tipo de espectadores y al alcance de la mano. Eso es sensacional.

¿Sólo la pandemia llevó al cine a estas condiciones?

Por un lado fue el empuje de los cineastas. Por otro, ya no se está buscando cierto tipo de cine. Sigue protegiéndose el cine mexicano. Hay películas habladas en lenguas originarias o sobre afromexicanos. Todo ese tipo de cine que ya empieza a asomarse y se verá mucho mejor en el siguiente tomo. Sectores de la sociedad que no podían expresarse ya lo pueden hacer.

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