En pijama, vestido como Michael Jackson, en calzoncillos, o con un viejo leotardo y las zapatillas desamarradas. En la azotea o dentro de una habitación de su casa. Siempre aparece en Facebook para desatar tormentas el multipremiado bailarín y coreógrafo Oscar Ruvalcaba, quien acaba de concluir una temporada en el teatro Varsovia de Each man kills the things he loves. Oscar Wilde In Memoriam. La obra se presentará también en el Foro del Centro Cultural los Talleres el próximo 5, 6 y 7 de junio.

Esta puesta en escena redime al gran escritor, que debido a su homosexualidad fue condenado a prisión, donde escribió su famoso libro De Profundis. Después de su penosa estancia en la cárcel, un Wilde, derrotado, no fue sino un fantasma de sí mismo.

En una suerte de redención, interpretando a Wilde, Ruvalcaba de 63 años, habla por primera vez de sus demonios y sus obsesiones para Confabulario y dice:

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Crédito: Octavio Amador
Crédito: Octavio Amador

“Hacer arte, salir a bailar a los 63 años no está nada mal. He llegado a ese momento en que tengo el control de lo que hago. Al que le guste que se acerque y al que no, no. Esta obra es un acto de amor hacia mí. De autoafirmarme y aceptarme, siempre he sido obsesivo sobre mi cuerpo y lo que hago como bailarín. He sido esclavo de mi autocrítica, pero los esclavos requieren mucho tiempo y energía. Ya no más. Ahora soy feliz.

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Bailar sin descanso

Ruvalcaba no descansa, no hay un solo día en que no cierre puertas y se entrene al menos hora y media. No entiende la vida fuera del arte y sube a las redes breves segmentos de él mismo bailando: Tina Turner, James Brown, David Bowie, Tchaikovsky, todo lo imaginable. A veces mejor canta en inglés o español y lo hace porque le da la gana y porque su hambre de seguir en escena o en video, lo devora.

“No sabes que feliz soy con las nuevas tecnologías. Es abundancia de vida, es mi gozo y no me importa salir en shorts o en calzones. Nos hemos hecho una imagen muy de María Félix en Río Escondido. En la película, cuando el presidente dice a Felix: ‘le encomiendo a usted la noble labor de educar al pueblo mexicano´, me muero de risa. Tenemos que encontrar el espíritu de libertad y gozo, el acto creativo es lúdico y erótico”.

Para él, sus aventuras en redes es como decirle a la gente “yo no soy ese tótem de sabiduría, no tengo todas las respuestas, lo único que tengo es la pasión por indagar. Si tú crees que un artista para serlo tiene que ser una institución y estar en una línea directa con Dios, estás loco, se me figura un juego de poder y no voy con eso, yo soy un individuo mucho más divertido y apasionado”.

¿Infancia es destino?

—¿Tienes claro que eres un ser extraño en un mundo extraño?

—Si hacemos un análisis sicológico creo que a mis sesenta años estoy muy bien.

Soy de una familia mexicana de Guadalajara, no fue sencillo, y puedo decir que soy un sobreviviente, poseo un deseo, una voluntad de vivir a prueba de todo. Mi psique se ajustó a lo que había en el entorno. Somos seis hermanos, yo soy el más chico; tengo dos hermanos hombres y tres mujeres. Vengo de una familia sui generis muy desestructurada donde no había códigos ni valores impuestos.

No había un papá que proveyera, ni una mamá que cuidará. La persona que se encargó de generar el ambiente donde crecí intelectualmente fue mi hermana, que era 10 años mayor que yo y siempre fue muy progresista y de una mentalidad muy abierta. Era una mujer que cuando yo tenía ocho y ella 18 ya estaba imbuida de los setentas, en la libertad de la demolición de los valores y el hippismo.

Mi ser diferente no tenía que ver con la sexualidad, sino con la aspiración a la belleza y el reconocimiento. En la calle, los albañiles me gritaban: ‘qué bonita niña’. Sufría, no de acoso homosexual, sino en realidad de acoso pederasta. Pero cuando creces sin tanta falta de referentes hasta me parecía un halago.

Desarrollé desde muy niño el arte de la máscara, aprendí muy pronto a ver lo que la gente quería y no quería; aprendí a transformarme en su voluntad y a recibir un poco de cariño. El problema es que ese tipo de amor no es el que necesitas y siempre te deja vacío, eso lo aprendí después.

Definiciones

Ruvalcaba, en realidad, quería ser un gimnasta olímpico. Siempre tuvo admiración hacia el cuerpo masculino. Tal vez estaba trabajando sobre un referente. Pero relata que, de alguna forma, buscaba su propia belleza, quererse a sí mismo por lo que era realmente:

“Lo que yo quería era reconciliarme con mi masculinidad. Y de repente mi papá se presenta un buen día y yo apenas de seis años. Me habían inculcado la idea de honrar a tus padres. Yo quería un papá como James Stewart y cuando mi papá regresó a mi vida fue terrible. Como se había ido a Estados Unidos como ilegal, lo expulsaron de allá y viajó hasta Guadalajara de aventón. Tardó como un mes en el viaje. Y llegó como si fuese un vagabundo con una barba horrible, sucio, las uñas largas como esta imagen que te ponen de Howard Hughes y a mí me asustó. Desde ahí empecé a tenerle mucho miedo a los hombres.

—¿Sabías que eras gay?

—Sabía que tenía interés por los hombres, mucha curiosidad por el cuerpo humano en general, hasta que nunca falta un vecino de 18 o 19 años que abusa de ti cuando eres un niño y te lástima física y emocionalmente para siempre. Porque yo siempre estuve en búsqueda de mi masculinidad, de redimirla. No quería renunciar a ella. Yo siempre he querido ser hombre, pero no sabía como serlo, ni cómo apreciarlo y de repente vi a Nureyev y me dije: ‘quiero ser como él’.

—Eres un hombre valiente.

—Tuve que aprender a serlo, me costó mucho trabajo. No fue nada fácil. No soy hijo de mi tiempo, pero como artista me siento muy libre. Recuerdo una frase que decía Joseph Campbell. La sociedad te madura hasta el punto en el que puedes contribuir al cometido fundamental de la vida, que es la preservación de la misma y si quieres ir más allá, entras en un camino solitario. Por ello, siento que te tienes que tomar muy en serio como artista, respetar tu propio talento y no pensar que siempre va a estar para ti. El poco o mucho que tengo, implica mi disposición, compromiso y fidelidad a la escena, me siento muy tranquilo ahí. Mis periodos de mayor infelicidad han sido cuando he tratado de integrarme a la sociedad y ser lo que no soy.

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