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Las primeras historias, personajes, incluso poemas, a los que tuvo acceso de niño el escritor Danush Montaño (Durango, 1990) provenían de la Biblia. Criado en el seno de una familia evangélica en Chihuahua, su acercamiento con los textos sagrados han marcado no sólo sus primeros años de vida, sino también sus exploraciones narrativas. Así lo ha hecho en su libro de cuento La Biblia encarnada, ganadora del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2020 y lo hace ahora en El verbo de la carne (Almuzara, 2025) su primera novela.
Situada en Chihuahua, en plena guerra contra el narco emprendida por el expresidente Felipe Calderón, la novela cuenta la historia de un pastor evangélico de orígenes humildes cuya influencia va en constante crecimiento, mientras que miembros de su círculo familiar se dejan llevar por los placeres de la carne y el mundo.
En entrevista, el autor que ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas habla de esta novela que explora temas como la religión, política y el crimen organizado.
¿Cómo surge esta historia?
Es una novela inspirada en mi propia biografía, en mis vivencias en Chihuahua, donde crecí. De nacimiento soy duranguense, pero criado chihuahuense. Entonces, es una historia que ocurre dentro de la comunidad evangélica de Chihuahua, a la cual yo también pertenecí de chico. Ya no soy evangélico, tampoco vivo ya en Chihuahua, pero esa distancia tanto geográfica como de la religión me permitió explorar ese pasado a través de esta novela.
En tu libro La Biblia encarnada también está el tema de la religión. ¿Cómo te ha influenciado la Biblia, su estructura, en tu narrativa?
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Así como hay escritores que están atravesados por la migración, la identidad, la diversidad sexual, yo estoy atravesado por el trauma religioso porque es algo que me definió desde chico y también de manera literaria. El primer libro mediante el cual tuve aproximación a las primeras historias, a los primeros personajes, los primeros poemas incluso, son los que están contenidos en la Biblia. Digamos que le debo eso al texto bíblico, no nada más sus implicaciones religiosas con sus cosas negativas o positivas, sino también hay un acercamiento literario al texto. La Biblia encarnada está conformado por 25 cuentos cortos inspirados por relatos bíblicos y en esta novela el vínculo es mucho más directo porque la trama, los personajes, están inmersos en esta cuestión religiosa, el personaje principal es un pastor evangélico en Chihuahua y todo lo que gira en torno a la comunidad te presenta ese mundo.

¿Qué te interesaba explorar de esas comunidades evangélicas?
Tanto en El verbo de la carne como en La Biblia encarnada hago el juego de llevar lo espiritual, lo religioso a lo mundano, a la carne. Entonces, yo quería explorar cómo en estas comunidades religiosas, que en teoría deberían ser muy espiritual, místicas y demás, está muy presente la corrupción, todos los vicios humanos, el pecado, la carne, que es lo que ellos dirían. Quería explorar esas contradicciones que hay en estos ambientes religiosos.
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¿Y la geografía, el desierto, qué te permitía hacer a nivel narrativo?
La cuestión del desierto chihuahuense es algo importante porque se puede trazar un vínculo con Palestina, la región donde se origina el relato bíblico. Los desiertos son lugares completamente separados en el planeta, pero tienen algo de místico, algo que lleva al silencio, a la introspección, a un lazo con quien creas que sea Dios. También quería ver cómo en ese lugar árido se da una sed por conseguir tanto una relación genuina con Dios como una sed por el poder, por el dinero, por lo sexual, por todas las cuestiones carnales. El desierto es una perfecta metáfora para eso, el lugar que, ante la carencia, acentúa las pulsiones, los deseos.
¿Qué tanto crees que estas comunidades evangélicas y otros movimientos religiosos en el país se han salido del marco de su comunidad para influenciar en el espacio público o en la sociedad?
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Eso es muy interesante, sobre todo a nivel político. Lo vemos, por ejemplo, con Estados Unidos, donde gran parte del apoyo que tiene Donald Trump y el MAGA viene de los evangélicos, de los cristianos y Chihuahua obviamente está muy influenciado por los vecinos norteamericanos. Entonces, reproducen mucho de estas dinámicas. En la novela se ve eso, cómo estas comunidades evangélicas ya empiezan a hacer negociaciones, pactos con partidos políticos, pero también inevitablemente con el crimen organizado, que está muy presente en el norte del país, como bien se sabe y como bien me tocó a mí con la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón. Esta novela, de hecho, está ubicada en esos momentos de la guerra contra el narco, que fue un momento en el que en Chihuahua, en donde estuvieras, quien fueras, a lo que te dedicaras, en el Dios que creyeras, estabas atravesado por esa guerra.
Hace poco leí un ensayo tuyo que resaltaba los símbolos y discursos religiosos que hay en el movimiento MAGA ¿Crees que pueda pasar algo parecido en México? ¿Qué tanta influencia pueden llegar a tener estos movimientos religiosos en la actual sociedad mexicana?
Creo que en mucha menor medida, afortunadamente, todavía. Creo que nos salva el hecho de que seguimos siendo un país principalmente católico y, como lo veo yo, las comunidades católicas no se meten tanto como organización política, al menos los feligreses, otra cosa son el episcopado y demás líderes. La feligresía como que no se involucra, no se organiza tanto de manera política, a diferencia de los evangélicos norteamericanos.
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Sí hay intentos de partidos políticos que están surgiendo en el norte del país, que tienen una base cristiana, evangélica, pero todavía son muy pequeños, como Encuentro Social. Todavía no tienen esa fuerza, aunque es muy probable que vaya creciendo, que en unos años empiece a jugar más, pero ahorita no lo veo tanto, como el caso de nuestro vecino.
¿Qué tanto de tu propia experiencia personal se termina colando cuando escribes ficción?
Al menos en esta novela muchísimo. Creo que si la lee gente que creció conmigo en esos años en Chihuahua sí va a detectar bastantes cosas biográficas, personajes inspirados en gente de la comunidad evangélica o en mí mismo. El otro día me preguntaban en qué personajes me veo reflejado y yo digo que como que mi identidad se partió en varios de algunos de ellos, varias características de los personajes creo que son mías. Como estrategia de escritura, a mi me sirve ser empático con los personajes; cuando haces algo que se parece un poco a ti, vas a ser un poco más cariñoso con ese personaje, aunque no te caiga bien, aunque sea un personaje malo. Creo que como escritor tienes que ser empático con los personajes, incluso si son los villanos porque tienen que tener profundidades que lo vuelvan más palpable.
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Hablando de identidad, ¿cómo te defines ahora? ¿Cuál es tu relación con la comunidad evangélica en la que creciste?
Yo soy agnóstico. Yo me alejé. No completamente porque sigo escribiendo e investigando al respecto. De hecho ahora mi tesis doctoral tiene que ver con los evangélicos, quedé medio obsesionado con el tema. Entonces, no me alejé del todo, más bien lo veo desde fuera, como alguien que salió y está interesado en asomarse ahí por la ventana. Y obviamente sigo teniendo amigos y familia creyente, entonces no soy el que se sale de la religión, la detesta y ya no quiere saber nada de ella. Soy el que sigue interesado en el fenómeno y sigue queriendo a ciertas personas que practican esa religión.
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