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Decir que Alondra de la Parra “la volvió a hacer” sería injusto. Minimizaría la magnitud y el alcance de lo presenciado durante la quinta edición del Festival PAAX GNP que se realiza en una sede inmejorable, el Hotel Xcaret Arte, ubicado en un paradisíaco ecosistema a orillas del Caribe mexicano. Este año, me sorprendió la numerosa cantidad de ejemplares de la fauna local –monos, coatís, loros y tucanes- que ví hacerse presentes en las instalaciones de un hotel que también han hecho suyo, lo cual habla del respeto, responsabilidad y cuidado que se tiene con tan exuberante y avasallador entorno; saco este detalle a colación porque así de cuidada, exuberante y avasalladora fue también la programación que disfrutamos.
De entrada, Alondra trajo consigo a “su familia madrileña”, que es como se refirió a los más de cien integrantes de la Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid que, sumados a La Orquesta Imposible, esa excelsa agrupación que ha acompañado este encuentro desde sus inicios, permitieron abordar segmentos del repertorio que antes habían sido… imposibles.
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Para empezar, el jueves 23 de julio nos recibió la Gala ¡Viva la Zarzuela! protagonizada por la soprano Serena Sáenz y nuestro extraordinario Rolando Villazón, quien enloqueció al público con su proverbial carisma. Qué tan bien eligió Rolando su repertorio, que no hubo quien pusiera en duda su probidad vocal. Escucharle la romanza de Leandro de La tabernera del puerto con la misma solvencia y pasión que hace 27 años, cuando Operalia lo lanzó al mundo, fue conmovedor, y verle alternar con Saénz en Granada, una dicha. Para entonar el coro de El orgullo de quererte, cuyo estreno mundial dirigió Alondra hace menos de un año, tomó la batuta Javier Carmena, director del coro y compositor de esta zarzuela que espero podamos ver pronto en México. ¿Qué mejor manera podría haber para iniciar el festival, que relegar rencores políticos y celebrar el vínculo que nos une con la Madre Patria?
Al otro día, el coro se sumó a Saénz y Gaëlle Arquez para dar vida a la Sinfonía Resurrección, mi favorita de cuantas compuso Mahler; he tenido el privilegio de escuchársela hasta a Gilbert Kaplan, su mayor estudioso, y la versión que nos cimbró ahora es de las mejores que he escuchado en vivo. Es, también, el mejor concierto que se ha dado en los cinco años del Festival y el mejor que le he escuchado a Alondra. Para muchos de los asistentes, fue su primer acercamiento con esta partitura monumental; al finalizar, la conmoción generalizada me confirmó que nuestra directora comparte la misma madera de esa venerada estirpe a la que pertenecen Walter, Bernstein, Solti o Abbado, y hasta me atrevo a afirmar que De la Parra está destinada a ser la primera gran mahleriana de este siglo.
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La presentación de Thomas Enhco vino a relajar tanta intensidad con sus frescas improvisaciones en torno a Mozart. Para los amantes del piano jazzeadito, hoy no hay un intérprete más refinado y versátil que Enhco, según pudimos corroborar durante sus intervenciones en los conciertos del Dark Side; sin embargo, no pocos me comentaron su deseo de haber escuchado un recital en el que, lo que se oiga sea “a los compositores tal cual, sin meterles mano”. Curiosamente, nadie se quejó al día siguiente de Carmen, la primera ópera que se monta en PAAX, y a la cual ¡vaya que se le metió mano! Sobre ella me permitiré abundar la próxima semana.
Otras de las novedades en esta edición fue que su director de danza, Christopher Wheeldon, convocó por primera vez a un ensamble de bailarines pertenecientes a una sola compañía, el Joffrey Ballet, en lugar de traer estrellas de aquí y de allá, para ofrecer dos galas. La primera, el lunes 27, fue musicalmente de La Llorona a Ezio Bosso, y la esperada Wheeldon & Friends se realizó un par de días después. Disto de poder opinar sobre danza, pero eso no me impidió disfrutar del dueto de Alicia en el país de las maravillas creado por Wheeldon con música de Joby Talbot, ya que a su exquisita plasticidad se sumó la sorpresiva participación de Alondra como la Reina de Corazones. Otra inesperada intervención fue la de Arturo Chacón-Cruz en la coreografía de Liam Scarlett con música de Carmen, de Bizet. Eso sí, nadie como Tchaikowsky para un gran final: las selecciones de El lago de los cisnes fueron la delicia de los amantes del virtuosismo, qué giros y qué brincos los de estos once bailarines, de los cuales, tres son mexicanos.
En el inter, el 28 se presentaron por primera vez dos propuestas inéditas en PAAX: una función de teatro de cámara, escrita y actuada por Emoé de la Parra, y un concierto coral con música de Elgar, Montsalvatge –sus entrañables Canciones negras- y Guastavino, puntualmente dirigido por Carmena.
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En el ámbito de las PAAX Talks, tuve el honor de participar con una charla en torno a Henriette Sontag, la soprano que murió en México tras ser invitada por Santa Anna para ser la primera intérprete de nuestro Himno Nacional, tres décadas después de que Beethoven la eligiera para cantar el estreno mundial de su Novena Sinfonía, Coral, que aquí fue interpretada el jueves 30. Previamente, fue diestra y didácticamente desglosada por Alondra para un mejor disfrute de su audiencia. Además de Saénz, Arquéz y Chacón-Cruz, Gianluca Margheri se sumó a los solistas de esta cima revolucionaria del repertorio sinfónico que, creo, habría ganado profundidad de abordarse más ampliamente el tercer movimiento.
Esa noche, me llamó un amigo para preguntarme cómo la estaba pasando, y cuando le conté todo lo que hasta el momento habíamos oído, me comentó, azorado, “Todo lo que me dices es extraordinario, ¿qué va a poder ofrecerles Alondra en el futuro, si ya se echó los cartuchos más lucidores?” y eso que, al día siguiente, estrenaría la obra comisionada este año por el Festival y, el sábado 1°, cerraría con el estreno del Entreverao llanero de Leo Rondón para cuatro venezolano y orquesta –¿por qué será que no me sorprendí durante el intermedio, al escuchar cuántos coincidíamos en que le sobró el “cantadito” central?-, preludiando al fabuloso Edicson Ruiz con Wolf Totem, el electrizante concierto que compuso Tan Dun para violonchelo y él transcribió para contrabajo, para concluir con la más trepidante de todas las partituras sinfónicas mexicanas, La noche de los mayas, que Limantour arregló con base en la banda sonora compuesta por Revueltas para la película homónima de Chano Urueta.
Por merecer una reseña más puntual, he postergado mis impresiones sobre Carmen y La reina roja, de Gaby Ortiz; lo que sí puedo asegurarles desde ahorita, es que pocos festivales cumplen como éste con la premisa de ofrecer algo extraordinario. No podía ser de otra manera, cuando quien lo encabeza, nos demuestra día a día que es, también, una artista extraordinaria.
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