Llegaron La sirena y el jubilado. Él tenía El rostro de piedra. Se enroló en El Ejército ciego porque quería escribir un Ensayo sobre la ceguera. Ella decía, definitivamente vivo en El Lado salvaje y camino sobre Carbón rojo. La sangre desconocida me impide tener Noticias del imperio y ni Pedro Páramo puede ayudarme. Quizá La reina del sur impida El llanto del aire. De no ser así, nos vamos a Bavispe y nos enfrentamos a los Cocodrilos en La corte de los Ilusos y decidimos sobre Cuchara y memoria. Tal vez Loba nos ayude, está en Playa Bagdad inmersa en La visible oscuridad jugando Rayuela e ignora La maldición de Ramfis. Sólo le interesa saber Como vi a la mujer desnuda cuando entraba en el bosque en El invencible verano de Liliana y sostiene su afirmación, Yo soy el otoño y confiesa su interés por El inextricable caso de la banda del automóvil gris. Estos Destierros son inevitables y como Dios no escucha el chillido de los cerdos no queda más remedio que pensar en Chernóbil. Encontramos a El hombre que mató a dedos fríos apaciguado por El murmullo de las abejas, dispuesto a no parar Hasta que te quedes sin alma. Cuando el Hombre al agua se marchó A vuelta de rueda con la muerte, respiramos desconcertados y decidimos hacer todo por El hombre que amaba los perros, reflexionar sobre la Autobiografía de la piel y establecer si merece El dolor de la memoria. Callamos, aceptamos, sólo expresamos Y retiemble en sus centros la tierra y seguimos la Transpeninsular para hacer la Última visita a los humanos. En ese Cielo cruel, entre Luz de Naranjos, encontrarás Todo lo que no sabemos y conocerás La hija cubana de Mick Jagger. Lo sé, No habrá final feliz, Sombras nada más, Ceniza roja en Cada oscura tumba y claro, continuaremos inmersos en La historia interminable a merced de El vendedor de silencio.

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