Hace unos meses hubo un crimen a las afueras de un colegio en cierto suntuoso barrio de los aledaños de Madrid. La película Altas capacidades (2026), de Víctor García León, con colaboración de Borja Cobeaga en el guion, parece inspirarse en este asesinato. La protagoniza, entre otros, el actor hispano–argentino Juan Diego Botto, que entretanto ya exhibe un largo recorrido en las pantallas.

Botto encarna a un jefe rico, padre de unas niñas que van al referido colegio. El homicidio remueve ánimos en la comunidad de padres de familia; unos y otras se preguntan quién sustituirá al hijo del difunto: el colegio es muy estricto en el número de ingresos (tiene “numerus clausus”), y se espera que la viuda se retirará con su vástago en busca de aires menos luctuosos.

Botto organiza una fiesta infantil para el sábado siguiente. Se ha enterado de que Gonzalo, uno de sus empleados, solicitó un sitio para Fernando, hijo de Gonzalo y Alicia.

Lee también:

Crédito: Especial.
Crédito: Especial.

Gonzalo y Alicia consideran que Fernando es un niño con aptitudes fuera de lo normal y, aunque forman parte de una modesta clase media, están dispuestos a hacer un sacrificio para que Fernando vaya a una escuela donde se apreciarán mejor sus talentos, que por lo demás aún están por descubrirse.

Fernando es en realidad un niño con serios problemas de conducta, fruto del abandono en que lo tienen tanto Gonzalo como Alicia.

Botto, que en la película se llama Domingo, se acerca cierto día a Gonzalo y lo invita a la fiesta infantil. Aquí comienza uno de los hilos más interesantes del filme: Domingo, rico, supone que Gonzalo entenderá que no están invitándolo, sino poniéndolo a prueba. El director de la película parece darnos a entender que Domingo y otros integrantes de su nivel económico no emplean el lenguaje para comunicarse, sino –en este caso– para proteger el “numerus clausus” de la élite madrileña y para impedir que ingrese en ella un par de modestos ambiciosos como Gonzalo y Alicia.

Lee también:

La viuda asiste a la fiesta y no parece dar ninguna muestra de despedirse de la escuela. Ahora bien, todo mundo sabe –o cree saber– que el difunto esposo de ella, sudamericano, era un traficante y que la muerte fue un típico ajuste de cuentas.

Entonces todos orillan a Gonzalo y a Alicia para que presionen a la viuda, invitándola a que se retire de la fiesta y del colegio. Entre esos “todos” se encuentra una escritora “súper ventas”, involuntaria caricatura de la cultura letrada: personaje a la vez anodino y pretencioso, intrigante y “superior”.

La ironía, crucial en las intenciones de los guionistas y del director, consiste en que Domingo invita a sus amigos a un sitio discreto de la mansión, y allí comparte cocaína con ellos. Cruelmente, el sitio discreto no es otro que el baño de su hija, y entonces el consumo se realiza entre colores rosas y objetos casi infantiles, casi adolescentes.

Cinismo e hipocresía se complementan en la conducta de esta “élite”: necesitan el producto del narcotraficante, pero no quieren a la viuda y al huérfano entre sus contertulios.

¿Representan estos personajes a toda una sociedad? Definitivamente no, si bien es cierto que pueden abundar los seres de carne y hueso con estas características. ¿Cuánta cocaína se consume en España, en Europa? La criminología, la Interpol, la sociología y la demografía pueden respondernos. El arte narrativo y dramático –desde la epopeya hasta la tragedia, desde la novela hasta el cuento y la comedia– se encuentra en un punto equidistante de lo sociológico y lo psicológico, de lo genérico y lo individual. Los mejores personajes se ubican en una confluencia: son profundamente personales y representativos, son tipos y arquetipos. La película Altas capacidades no alcanza esta dimensión, reservada a las grandes obras. (Aquí no hay espacio para que amplíe yo esta crítica.)

Desde su nombre, Domingo parece ser una ironía de Los domingos, la película española que mejores críticas recibió en 2025. O bien simplemente este hombre con apelativo referido a lo divino exhibe un sector de la sociedad con altas capacidades para esos dos vicios o defectos que parecerían excluirse y que sin embargo no lo hacen: el cinismo y la hipocresía, precisamente.

Ambos se complementan con una elevadísima dosis de inconsciencia ante los efectos de sus acciones. España no sufre tantas pérdidas de territorio patrio a manos del crimen “organizado”. Aun así, hay zonas en playas y muelles del Mediterráneo en las que la policía prefiere no incursionar. Y hace un par de semanas dos guardias civiles murieron al perseguir una “narcolancha”.

El lugar común nos lo indica: vivimos en un mundo “interconectado”. La profanación del ámbito infantil en el baño de la hija en esa casona a las afueras de Madrid en la película se conecta con la muerte de innumerables personas en México y con la roedora degradación de regiones enteras de las “clases” “dirigentes”.

Todo problema económico que se trate solamente desde la producción estará llamado a no ser resuelto. La economía –otro lugar común nos lo sentencia– depende tanto de la producción como del consumo. Aunque el filme Altas capacidades no alcanza la dimensión de una obra maestra, sí nos deja una alerta con respecto a una doble perspectiva complementaria que no deberíamos perder de vista.

TEMAS RELACIONADOS

Google News

[Publicidad]