El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo en conferencia de prensa: “Ya lo verán”, en referencia a lo lejos que está dispuesto a llegar por Groenlandia. A su vez, en el Foro Económico Mundial, miembros de la Unión Europea afirmaron que tomarán fuertes medidas ante las amenazas de Trump sobre adueñarse de este territorio ártico.
Las tensiones han causado caídas en la bolsa de Wall Street. Fuerzas israelíes atacaron las oficinas de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA), que se encargaba de brindar servicios humanitarios a millones de personas en toda la región. Al mismo tiempo, Trump anunció la creación de la Junta de la Paz, como alternativa a la ONU, que según el mandatario “nunca” le ha ayudado a resolver ninguna guerra. Para formar parte, los miembros pueden aportar mil millones de dólares de forma voluntaria. Todo esto ocurrió ayer, ¿cómo leer esta crisis geopolítica y cómo no abrumarse ante el flujo de noticias?
La politóloga Françoise Vergès (París,1952), especializada en los temas de antirracismo, feminismo y decolonización, quiere recordar a los lectores que la escena actual se debe al auge de movimientos sociales que están poniendo en jaque a la supremacía blanca.
Vergès, quien fue reconocida con la Orden de la Legión de Honor de Francia en 2010, estuvo de visita en la Ciudad de México para ofrecer una conferencia magistral en INDEX Art Book Fair. Momentos antes de su encuentro con la audiencia, conversó con EL UNIVERSAL sobre si hay o no una nueva era de colonización. La profesora de universidades como la de Sussex y Londres reflexionó también sobre cómo el museo es un reflejo de la sociedad y su imposibilidad para decolonizarlo. Este es un tema que ha abordado en su libro Programa de desorden absoluto. Decolonizar el museo.
Pese a las complejidades del mundo actual y las inquietudes que provoca, Françoise Vergès quiere recordar al público que no se está luchando contra un “fenómeno natural que caerá sobre nuestras cabezas” y que el cambio es posible a través del conocimiento.
Con Palestina, Venezuela y Groenlandia, ¿diría que estamos viviendo una nueva era de colonización?
Podríamos decir que hay la impresión de una nueva era de colonización, pero el hecho es que la colonización jamás se detuvo. El imperialismo americano no tolera a quienes tienen soberanía. Quiero decir que luego de que establecieron el orden mundial después de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo americano ha cometido asesinatos, golpes de Estado, sostenido dictaduras militares en Centroamérica y América del sur y han aplicado sanciones y bloqueos. Entonces siempre ha existido, simplemente hoy en día la supremacía blanca ya no usa excusas ni discursos para pretender instalar democracias, ahora es directa y eso es lo que sorprende porque pareciera que se nos había olvidado que era así. Simplemente se creía que, falsamente, existía un derecho internacional, pero ahora todo está a la vista. Por ejemplo, lo de Maduro, esas eran prácticas que se hacían en los años 60 y que la CIA asesinaba a los líderes. Pensábamos que eso ya no era posible, creo que ahora la crueldad y la brutalidad están totalmente expuestas. Aquí en México saben que Estados Unidos siempre ha sido así.

¿Qué debería pasar para detener a Donald Trump y toda esta situación?
Podríamos decir que esta reacción de Trump o la extrema derecha en Argentina o Chile es consecuencia de la burguesía y supremacía blanca contra los movimientos sociales como las feministas en Argentina, los pueblos autóctonos en Chile, Black Lives Matter, Palestina. La supremacía blanca tiene mucho miedo porque ha visto declinar su poder. Quiero decir, ellos tienen las armas y los medios de comunicación, pero ya no es el mismo poder, por eso usan la represión más dura, para volver a imponer su poder. Hay que verlo como que es una reacción a nuestra fuerza y por eso hay que continuar con educación política, informarnos, leer, escuchar a quienes viven estas realidades, producir textos, películas, podcast frente a la enorme maquinaria de mentiras. Entonces hay muchas cosas que hacer en comunidad, como combatir la islamofobia, que está muy fuerte ahorita en Europa, o la hipervigilancia, que cada vez es más sofisticada. No hay que olvidar que si son así de brutales y crueles es porque tienen miedo. Trump quiere a Groenlandia y Venezuela porque ya no basta con Estados Unidos para imponerse, ya necesita la violencia, las armas, el secuestro y el ataque incluso a su propio pueblo y lo hemos visto también en países como Francia, Alemania o Italia, que se ponen en contra de su propia gente porque ésta dice que no. Es un momento inquietante y a la vez interesante porque podemos imaginar otros mundos.
¿De qué hablamos cuando se dice ‘decolonizar los museos’?
Para mí, decolonizar no sólo es independencia, implica no más racismo, capitalismo ni imperialismo, es una lucha continúa. El museo es una invención europea, por lo tanto occidental, que se convirtió en hegemónica. Lo que yo digo es que la colonización de los museos es imposible, porque desde el inicio es una institución colonial. El 61% de los museos están en Europa y Occidente. Entonces es como decir que los museos son Occidente y que su prestigio recae en los objetos que han robado y ahora están en colecciones extraordinarias como la del Museo Británico, en Londres, que tiene 8 millones de piezas. Es el robo absoluto, el robo por doquier, vas a los museos y ves objetos del mundo entero. Pero lo que quiero decir es que no sólo lo que está en sus muros es el problema, sino que lo es la institución en sí misma, que es capitalista. Las mujeres que hacen la limpieza y los guardias que vigilan están mal pagados y usualmente son personas negras, racializadas, no es gente blanca. Es una estructura desigual, es una institución que acompaña al imperialismo y a la colonización, por lo tanto consolida el prestigio del país en el robo: entre más robe, más prestigioso es.
¿Diría que el museo es un reflejo de la sociedad?
Sí, pero más que eso diría que el museo es un cementerio. Los objetos están muertos. Tienes algo, quizás de México, pero ¿quién lo hizo?, ¿con qué fin? Todas las condiciones son borradas del objeto y se convierte en un fetiche. Es efectivamente una reflexión del mundo, pero de uno en el que la gente ha sido borrada, pero su objeto se convierte en arte y adquiere valor porque Occidente se lo ha apropiado, mientras la gente sigue siendo colonizada, explotada y saqueada.
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En los museos de hoy hay personas que quieren cambiarlos y hay que apoyarlas, al igual que el movimiento de restitución. También hay que imaginarnos los lugares que nos gustaría tener, pero a la vez repensar qué significa “conservar” porque la conservación que se hace en los museos es con productos tóxicos para preservar huesos, cabello… En los museos encontrarán las huellas de aquello que Occidente ha exterminado: pueblos indígenas, pueblos autóctonos que ya no existen porque se cometió un genocidio, o animales extintos. Por eso digo que la cuestión de la conservación y preservación no es un tema neutro. Pienso que el modelo de museo ya llegó a su límite y ya no tiene más que ofrecer y por eso nosotros debemos imaginar los lugares del mañana.
¿Como público, hay algo que podamos hacer para cambiar la situación de los museos?
Como público hay que exigir recursos para que los objetos no estén muertos, que nos expliquen cómo se hizo el objeto, quién lo hizo, más de su contexto afectivo, cultural, social. También se puede apoyar a las luchas laborales que hay dentro de los museos, de quienes exigen un mejor salario, mejores condiciones de trabajo. Hay que apoyar esas luchas o aquellas (en contra) de que en las organizaciones de museos de Estados Unidos hay gente de la industria de las armas o petroleras.
Además de los museos, ¿qué hacer como ciudadanos ante la actual crisis geopolítica?
Ya no hay confianza, ya es toda una generación que comprende que el derecho internacional en realidad es la ley del más fuerte. Se cometió un genocidio en Gaza y los gobiernos fueron cómplices. Será difícil y por mucho tiempo, pero hay que seguir la lucha, porque la lucha también es fuente de alegría: se conoce gente, se encuentran amigos, se descubren cosas. Es muy importante entender, porque eso no llevará a la liberación.
Es importante comprender qué es lo que está ocurriendo para liberarnos. Son fuerzas fascistas, no un meteorito que está por caer sobre nuestras cabezas. Aprender libera. No es que nos estemos enfrentando ante un fenómeno natural, son fuerzas sociales las que están haciendo a este mundo y podemos construir otro. Lo que está a nuestro alrededor no es porque el sol salió por la mañana, el cambio es posible y es importante que entendamos cómo funcionan los mecanismos para así saber qué hacer.

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