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Cien años del enigma de la literatura de Patricia Highsmith

Hace un siglo nació en Texas la autora de "Carol" y "Extraños en un tren", y se recuerda su obra que va más allá de las novelas llevadas al cine; hoy publican una biografía basada en sus escritos personales

Cien años del enigma de la literatura de Patricia Highsmith
Imagen de archivo de una exposición en 2006 en la Biblioteca Nacional Suiza de Berna, con fotografías, documentos, dibujos, manuscritos y retratos de la novelista estadounidense Patricia Highsmith, que pasó sus últimos años en Suiza. ARCHIVO EL UNIVERSAL
Cultura 19/01/2021 02:37 EFE Actualizada 12:06
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Madrid y Nueva York. — La saga de Tom Ripley es lo más popular de su trabajo, pero no solo dejó otras joyas literarias como Extraños en un tren o Carol, sino que creó una nueva forma de narrar historias de suspense que, cuando se cumple hoy el centenario de su nacimiento, sigue plenamente vigente. La personalidad de Mary Patricia Plangman (Texas, 1921 - Locarno, 1995) era tan compleja como sus obras. Tardó tiempo en reconocerse como homosexual, era alcohólica, sus ideas políticas eran cercanas al comunismo en una época en la que en Estados Unidos eso se consideraba traición a la patria y reconocía llevarse mejor con los animales —especialmente los gatos— que con los humanos.

Acusada de misógina tras publicar Pequeños cuentos misóginos (1974), defensora de los derechos de los palestinos -les dedicó su novela Gente que llama a la puerta (1983), huraña pero también dulce, volcaba sus inquietudes en su escritura, centrada en la mentira en diferentes formas, aunque principalmente en el mundo del crimen.

Desde muy joven estuvo muy interesada en las enfermedades mentales y en la escritura. Con solo 16 años empezó a escribir y tras estudiar Literatura comenzó a publicar sus primeros cuentos, que compaginaba con el trabajo de guionista de cómic.

A los 22 escribió su primera novela, nunca publicada, The click of the shutting. La magnífica Extraños en un tren la publicó en 1950, con una sencilla y retorcida premisa que dejaba claro las ideas y el estilo de Highsmith. Desde ese primer libro, Highsmith dejó sentadas las bases de toda su obra. Estilo sencillo y directo, sin florituras, para ahondar en los secretos más oscuros de las personas y en la más pura amoralidad.

En esa exploración de los seres humanos, si hay un personaje que destaque en la bibliografía de Highsmith es Tom Ripley, un seductor sin escrúpulos que logra lo que quiere de todo el mundo, sin importarle las consecuencias.

Pero antes de alcanzar el reconocimiento y la fama con Ripley, la escritora había creado, bajo seudónimo, una novela que tenía mucho más que ver con ella misma. Titulada primero El precio de la sal, apareció en 1951 y su autora era Claire Morgan. Vendió un millón de copias antes de que se desvelara quién la había escrito. Se volvió a publicar en 1990, como Carol, ya con su autoría.

Cuando escribió la novela, Highsmith decidió no firmarla con su nombre para que no la etiquetaran “como escritora de libros lésbicos”, pero posteriormente se mostró muy orgullosa de una obra que supuso un cambio en la literatura. “Antes de este libro, hombres y mujeres homosexuales en las novelas estadounidenses habían tenido que pagar por su desviación cortándose las muñecas, ahogándose en una piscina o cambiando a la heterosexualidad (así se decía), o derrumbándose -solos, miserables y abandonados- en una depresión igual al infierno”.

La escritora Patricia Highsmith falleció en Locarno (Suiza) a los 74 años. Se había instalado allí siete años antes. Abandonó Estados Unidos en 1963, renegando de su cultura o más bien, de la falta de ella.

Una biografía

La editorial Bloomsbury publica hoy una biografía que bebe de sus diarios personales, entrevistas y perfiles previos llamada Devils, Lusts and Strange Desires. The Life of Patricia Highsmith, de Richard Bradford, profesor investigador de la lengua inglesa en la Universidad de Ulster.

“El aspecto más atractivo de Highsmith es su reputación como un enigma, un interrogante”, declaró el autor. La escritora sigue fascinando por la profundidad de su carácter: lesbiana pero homófoba y misógina, además de racista y antisemita.

Entre las incógnitas que dejó Highsmith, y que no responden las miles de páginas de escritos personales, es cómo sería a los 100 años. “Sospecho que cuanto más normalizada la diversidad entre la gente decente, su adición a causar ofensa hubiera crecido. Era en parte nihilista y masoquista”, concluyó Richard Bradford.

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