La vida académica que fue trastocada por la designación irregular de José Antonio Romero Tellaeche en 2021 como director del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) hoy tiene otro rostro.
Fue el 26 de enero que la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), encabezada por Rosaura Ruiz, destituyo a Romero Tellaeche por, entre otras razones, el incumplimiento de responsabilidades administrativas, específicamente por la falta de presentación de informes de autoevaluación ante el Consejo Académico durante los últimos tres años.
Casi de inmediato, Rosaura Ruiz nombró a la investigadora Lucero Ibarra Rojas como directora interina del CIDE, noticia que fue celebrada por la comunidad académica. El cambio en la dirección se dio justo en el inicio de un nuevo ciclo escolar —que comenzó el lunes de la semana pasada—, lo que puede leerse como un esfuerzo por iniciar una nueva era general en el CIDE, una que llega luego de una gestión marcada por la persecución académica, el desmantelamiento de programas de posgrado, el debilitamiento de la plantilla de profesores y una disminución en el número de alumnos de nuevo ingreso.
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José Antonio Aguilar Rivera, profesor de la División de Estudios Políticos del CIDE, sostiene que la destitución de Romero como director es un hecho para celebrarse, sin embargo, lo más complicado está por venir, ya que la institución perdió casi en totalidad su autonomía por los cambios a las normativas impuestos por el exdirector.
El golpe más fuerte al CIDE, apunta Aguilar Rivera, es la extinción de una serie de fideicomisos por decreto presidencial, decisión que afectó severamente la operación del Centro y aceleró el éxodo del claustro de profesores.
Por el éxodo de profesores y por estar en medio de una polémica que resonó en medios y en redes sociales, el CIDE “se desprestigió”, lo que se reflejó en la demanda de aspirantes a las licenciaturas y posgrados, explica Andrew Paxman, profesor de la División de Historia, en el CIDE Región Centro (Aguascalientes).
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“La recuperación, en todo caso, será lenta, primero, por el desprestigio que sufrió el CIDE por la fuga de cerebros, hecho que se dio desde 2021 hasta 2024, eso ya se ha documentado, salieron del CIDE la tercera parte del claustro de académicos. Es grave porque los profesores que se fueron eran de trayectoria intermedia, muchos llevaban, en promedio, 10 años dando clases, eso implica una pérdida de conocimiento institucional y de prestigio”, explica Paxman.
Otro golpe por sanar y que es urgente es la perdida de autonomía, insiste Aguilar Rivera. “Requiere (el CIDE) de un cambio normativo muy profundo, el cual le confiera autonomía, como la UNAM, la UAM o El Colegio de México, y requiere de un compromiso importante por parte del Estado mexicano en términos de crear un fondo patrimonial y una estructura de financiamiento estable, que no dependa de los caprichos políticos del gobierno en turno”, señala.
EL UNIVERSAL informó también la baja en el número de investigaciones, reduciéndose casi en 90% la producción científica del Centro durante la dirección de Tellaeche. En 2024, profesores reportaron a este diario una disminución importante en el número de alumnos de nuevo ingreso, así como la baja en capacidades de lenguaje y matemáticas.
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Ante la oleada de problemas, Aguilar insiste en que la nueva administración liderada por Ibarra Rojas debe resolver de fondo los problemas, y no quedar como un cambio simbólico solamente.
“Mientras que no haya un cambio normativo que le confiera autonomía al CIDE, no se resolverá el problema de fondo, y mientras que no haya una reasignación presupuestaria que los permita vivir, digo, es ciertamente muy valioso y celebrable el cambio de la dirección, pero la situación estructural permanece”, señala.
Paxman celebra que Ibarra Rojas removiera a Saúl Mendoza, colocado por Romero, al frente de la Secretaría Académica, lo que, a su parecer, es una muestra de que la nueva directora escucha a la comunidad.

“Estos nuevos nombramientos se han hecho en términos de quitar a gente nombrada por Romero, como por ejemplo Saúl Mendoza, que fue secretario académico, puesto que es el número dos en el CIDE; eligió a la profesora Sonia Di Giannatale, quien goza de mucho prestigio en el CIDE, estamos muy contentos con ese nombramiento”, refiere.
Bajo la conducción de Romero, añade Aguilar Rivera, el CIDE quedó en un “limbo” administrativo, ya que se reformó el estatuto del Centro para desaparecer al Órgano de Gobierno, con la intención de convertirlo en un órgano consultivo sin injerencia en las decisiones. Ante el amparo de varios investigadores por esa reforma al estatuto, no se publicó uno nuevo ni está vigente el pasado, por lo que hoy no hay normativas claras, explica el académico.
Otro golpe de Romero fue la personalización de los recursos públicos, explica Aguilar Rivera. “Lo que hizo Romero fue que centralizó y personalizó el ejercicio de los recursos. Uno tenía que ir a pedirle al director general los viáticos; el gasto de los departamentos lo centralizó él para utilizarlo de manera facciosa y a sus favoritos”, detalla.
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Un jueves por la tarde de la primera semana de clases, al finalizar el turno matutino, el CIDE luce con vida e inicia un nuevo ciclo.
María José Limón Acosta, alumna de la licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, dice a EL UNIVERSAL que antes de la salida de Romero, el ambiente era tenso, situación que resintieron más los profesores.
“Estaban inconformes, algunos profesores incluso nos daban clases gratis, o se iban, nos dejaban, existían abusos y acoso laboral, y luego pasó la demanda hacia la profesora Catherine Andrews por parte del exdirector, el ambiente era difícil”, señala.
Camila Agreda Pérez, alumna de Derecho, explica que el Centro sufre de falta de mantenimiento, “la infraestructura está un poco dañada, hay salones donde no funcionan las puertas o las ventanas, aunque el personal es atento, hace falta mucho todavía”.
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Tras la salida de Romero, las alumnas explican que Ibarra Rojas es cercana a los alumnos, por lo que esperan que su dirección traiga cosas positivas.
Enfrente de la biblioteca, un grupo de alumnos pasa parte de la tarde. Un estudiante de Derecho que pidió confidencialidad dice que gran parte de la comunidad estaba al tanto de la mala gestión de Tellaeche. “Sabíamos de los escándalos, de la censura, y de actividades súper pedorras, de que inflaban precios, de las últimas fue, por ejemplo, una kermés, que dijeron que se gastaron 7 millones de pesos en un día, justificaban el desvío de recursos públicos”, afirma.
En tanto, en la División de Estudios del Desarrollo, Tellaeche tiene un cubículo con su nombre. Aguilar Rivera dice que el exdirector acude, pero no se sabe en qué trabaja o cuál es su línea de investigación.
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