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Las ciudades, lamentablemente con demasiada frecuencia, son resultado de decisiones políticas, no de decisiones urbanísticas y tampoco arquitectónicas.

Por ejemplo, en dos décadas, por la presión de desarrolladores y con la complicidad de gobiernos, el área metropolitana de Chihuahua se multiplicó más de 10 veces sin control; otro caso es el de la capital mexicana, en la cual en los últimos seis años no hubo desde el gobierno una estrategia para su crecimiento, sus vialidades y arquitectura; lo que se hizo fue muy pequeño para el tamaño de esta ciudad.

Y un tercer caso de ese problema que describe el arquitecto Miquel Adrià es el de la cancelación por parte del actual gobierno del aeropuerto de Texcoco: “Creo que es una decisión que no es ni urbanística ni metropolitana, es una decisión política. Es una manifestación de poder del Presidente. Se cancela un proyecto que estaba muy encarrilado, a un costo altísimo”.

Miquel Adrià y la arquitecta Andrea Griborio dirigen Mextrópoli, Festival de Arquitectura y Ciudad, que este 2019 en su sexta edición habla de “Donde termina la ciudad” y que traerá a México, del 9 al 12 de marzo, a arquitectos, urbanistas, especialistas y autoridades.

Entre los participantes estarán, por ejemplo, el arquitecto y premio Pritzker chileno Alejandro Aravena; los arquitectos David Chipperfield, autor del Museo Jumex, y el francés Dominique Perrault; el escritor Juan Villoro, la diseñadora Carla Fernández; y el ex alcalde de Los Ángeles Antonio Villaraigosa.

El encuentro tendrá más de 100 actividades en centros culturales y museos del centro de la Ciudad, y su programa de conferencias se llevará a cabo en el Teatro Metropolitan; las actividades incluirán siete exposiciones sobre arquitectura, arquitectos y ciudades.

Las ideas del festival. “Donde termina la ciudad”, dice Adrià en entrevista en las oficinas de Arquine, es un tema recurrente: “La mayor parte de las personas que vivimos en este planeta ya vivimos en ciudades. Y nos parece interesante entender dónde empieza y dónde termina esa condición urbana. La ciudad, la polis, es la manera de juntar en un lugar gente que no tiene en principio nada en común, pero que comparte universidades, hospitales, dónde comprar y vender; la ciudad es en un acto de concentración de ciudadanía”.

Aunque se ha adoptado la idea de que una ciudad cuanto más compacta más eficiente, México, describe Adrià, por razones no necesariamente lógicas en las últimas décadas ha vivido una expansión deliberada de áreas metropolitanas. Y hoy, en tiempos de Internet, cuando muchas relaciones de comunicación no pasan por lo vial y lo físico, surge la pregunta: “¿La dicotomía entre campo y ciudad sigue vigente?”

“El diagnóstico de qué hacer en la ciudad ya existe. Se sabe que redensificar una ciudad va a ser bueno, que mejorar las condiciones de transporte público es fundamental, que mejorar las de seguridad, agua e infraestructura, nos llevará a una mejor ciudad, a ciudades plurales, diversas, con carriles de bicicleta, con eso todos están de acuerdo”.

Mextrópoli presentará casos de éxito de cómo se trabajan esos bordes de la ciudad: Lisboa con los proyectos de João Carrilho, en una exposición que estará en el edificio Rule; o París 2040, una exposición en el Museo de la Ciudad acerca de cómo planean generar en el centro de París 100 mil metros cuadrados de espacio público, o el impacto en Lima del Museo de la Memoria, de Barclay & Crousse.

—¿Qué procesos de lo que vive México te llaman la atención?

—En cuanto a planeación urbana, en México estamos pendientes de qué esta proponiendo Sedatu, de los polos de desarrollo para varias ciudades fronterizas. Esperamos conocerlo de viva voz del secretario (Román Meyer Falcón), al que invitamos a Mextrópoli.

—La Ciudad de México, ¿qué ha pasado?, ¿qué análisis haces?

—No ha pasado nada. Una ciudad como esta, que tiene el mayor número de habitantes de una ciudad en todo el continente, que siempre ha sido capital, con una carga y un potencial de historia, hasta nuestros días, extraordinario ¿qué se ha hecho? En los últimos seis años hizo más Cuernavaca que la Ciudad de México. Son aportaciones muy pobres, el último edificio importante en la ciudad quizás sea la Biblioteca Vasconcelos, de hace 15 años, o el Museo Jumex, de hace 10 años, en términos de arquitectura. En términos de planeación no se hizo nada. En términos de transporte y movilidad, unas muy modestas vías de Metrobús, cuando una ciudad de estas requeriría una acción clara, contundente. Creo que el secretario de Semovi, Andrés Lajous, ahora sí, es la persona más preparada para llevar a cabo esta transformación.

—Hablando de límites, la Ciudad y el Estado de México ¿operan como área metropolitana?

—En un área metropolitana como esta hay aspectos que se tienen que tratar metropolitanamente: agua, transporte, aire ¿por qué no sucede? Hasta ahora porque no les interesaba: PRD aquí, PRI allá… Y donde no se articulan es donde hay las mejores áreas de crecimiento para la informalidad y la corrupción. Si se dan condiciones por parte de la jefa de gobierno y los gobernadores del Estado de México y de Hidalgo para generar esta estructura, va a ser en beneficio de todos. Los ejes están ahí: agua, movilidad y aire.

—La cancelación del aeropuerto de Texcoco y el proyecto de Santa Lucía, ¿qué piensas de esto?

—Creo que es una decisión que no es ni urbanística ni metropolitana, es una decisión política. Es una manifestación de poder del Presidente. Si había aspectos a revisar —corrupción en los contratos o cosas de ese tipo— se podría haber revisado y se castigaba a quien se tuviera que castigar. Era un gran proyecto e iba muy avanzado para ser un excelente aeropuerto. ¿Pudo haber sido más modesto? ¡Sin duda! Lo que pasó es como si estuvieras haciendo una casa y te dieras cuenta de que el constructor te está robando las piezas del baño ¿Qué haces? Demandas al constructor y le pides que devuelva las piezas del baño. Pero aquí lo cancelan y se van a hacerlo a otro lado. Estamos creando una ruina más, a un costo altísimo, va a ser nuestro Fobaproa, para quedarnos, finalmente, sin aeropuerto.

—¿Cómo?

—Lo que vamos a tener es la Terminal 1 y 2 del Benito Juárez en estado de deterioro permanente; no da para lo que requerimos, no da la capacidad para proyectarnos como ciudad hacia el futuro, simplemente para mantenernos como estamos. No es una ciudad que se esté proyectando, diciendo: “Quiero ser esa metrópoli de referencia en Latinoamérica”. Otros aeropuertos hoy por hoy, Cancún y otros, son más eficientes, funcionan mucho mejor. Lo de Santa Lucía es un cuento. Nadie puede creer que, en seis años, vayamos a tener un nuevo aeropuerto, de tenerlo, vamos a tener un aeropuerto remoto, a 70 kilómetros de aquí, sin conexiones. Está todo anunciado para un desastre. No me acabo de creer que alguien crea que es posible. Tan sólo, ¿cuántos años te lleva un buen estudio de navegación aérea para saber si hay buenas condiciones?, ¿cuánto nos va a llevar, si en estos años no hemos sido capaces de crear las infraestructuras de conexión metropolitana?, ¿cuánto nos va a llevar conectar una nueva infraestructura de este calado a 70 kilómetros de la capital?, ¿cómo lo vamos a ligar con los otros aeropuertos? O sea, si nos ponemos a trabajar mucho, mucho, ahorita, probablemente al final del sexenio tengamos algo.

“Creo que el aeropuerto no es crear un nuevo aeropuerto, sólo es una muestra de poder”, afirma.

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