500 años de la caída de la gran Tenochtitlán: así fue la batalla naval final

En 1519 llegaron a costas del actual territorio mexicano cerca de 500 soldados y 100 marineros comandados por el español Hernán Cortés, quien se adentró a tierras mesoamericanas. A su paso entabló alianzas con varios pueblos indígenas que se sumaron hasta ser una gran fuerza contra los mexicas

500 años de la caída de la gran Tenochtitlán
Foto: Especial
Cultura 13/08/2021 03:00 Antonio Díaz Actualizada 11:23
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Tenochtitlán fue una urbe asentada en un entorno lacustre, una situación que los españoles y los grupos aliados indígenas aprovecharon para que la ciudad fuera sitiada el 13 de agosto de 1521, después de una serie de ataques que comenzó a finales de mayo de ese mismo año. Sin embargo, antes de la estocada final, Cortés fraguó toda una estrategia naval y los mexicas no pudieron resistir, lo que implicó la caída de toda una civilización. 

“Desde septiembre de 1520, Hernán Cortés empezó a juntar materiales para construir 13 bergantines, porque desde que estuvo en Tenochtitlán en 1519 se dio cuenta que el lago era una fortaleza para defender la ciudad, pero que esa fortaleza se podía revertir con una buena táctica y de esta forma se podría convertir en un entierro”, explica el arqueólogo Arturo Montero, catedrático de la Universidad del Tepeyac. 

La estrategia de Cortés, sostiene el especialista, comenzó en 1519, cuando “paseó” a Moctezuma en un par de bergantines: “Tenemos la crónica de que Hernán paseó al tlatoani mexica en uno de esos bergantines. Esto lo narra Bernal Díaz del Castillo”. 

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Después se dieron un par de encuentros entre los españoles y los mexicas, pero hubo un punto importante: se registra la Noche Triste, el 30 de junio de 1520, cuando tuvo lugar la única batalla en la que los mexicas superaron a las fuerzas españolas y sus aliadas. 

“Fue una guerra de desgaste, pero la defensa de Tenochtitlán fue estoica; Cortés cerró calzadas y el acueducto, y así no llegaban alimentos ni agua”
Arturo Montero, arqueólogo

Cortés pudo escapar, pero comenzó a planear su estrategia. Una parte consistió en la realización de 13 bergantines que recibían la propulsión de velas y remos, y estuvieron equipados con armas, entre ellas falconetes, ballesteros y arcabuces

Luego de analizar diferentes documentos, Arturo Montero propone que los bergantines habrían tenido una eslora (largo) de 12 metros, una maga (ancho) de 5 metros, un calado (profundidad) de 60 centímetros y un alzado (altura del nivel del agua hacia arriba) de 50 centímetros. 

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La madera de los bergantines se habría obtenido de la tala de árboles del volcán La Malinche o Matlalcueye; así como de las costas de Veracruz, donde estaban las embarcaciones con las que llegó al actual territorio mexicano. 

“En años posteriores, el bergantín fue clasificado como un buque transoceánico, pero el bergantín es un recuerdo de las galeras romanas que surcaban el Mediterráneo y eran barcos más pequeños. El nombre de bergantín tiene una etimología italiana que significa bandido, quiere decir que son naves ligeras y pequeñas, para maniobrar con facilidad en aguas poco profundas. En el caso de las embarcaciones de Cortés, se trataron de barcos híbridos que se adaptaron a las condiciones del lago de Texcoco, además de que contaron con tecnología indígena”, indica Montero. 

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Esa propuesta sobre las naves, dice, deviene de una serie de estudios y, aunado a ello, “en algunos códices se observa a un jerarca tlaxcalteca, posiblemente Chichimecatecuhtli, que daba instrucciones a un carpintero europeo, y esto revela que existieron líderes indígenas en esa causa. Los bergantines los hicieron en el río Zahuapan (en Tlaxcala) y ahí se dieron cuenta que sí funcionan. No los podían armar en el lago de Texcoco, porque ahí los mexicas los podían atacar. Luego de ver que las naves sí funcionaban, las desarman y los llevan cargando desde Tlaxcala hasta Texcoco. En ese último punto es donde arman una obra de ingeniería extraordinaria”. 

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En total se armaron 13 bergantines; sin embargo, uno tuvo defectos y quedó inservible, por ello, sólo estuvieron en la batalla 12 naves, frente a “10 mil canoas mexicas; se menciona esa cifra, aunque tenemos dudas”. 

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Las canoas mexicas tenían una eslora de 5 metros y algunas, las más largas, pudieron alcanzar los 15 y una manga de 61 centímetros: “Se le conocía como acalli. Fue una guerra de desgaste, las fuerzas mexicas llegaron al 13 de agosto muy desgatadas, aunque es necesario precisar que la defensa de Tenochtitlán fue estoica, al nivel del heroísmo, porque la táctica de Cortés consistió en el cierre de calzadas y ello implicó que ya no llegaran alimentos. También le cerraron a los mexicas el acueducto de Chapultepec y ya no les llegó el agua. A eso habría que añadir lo dicho por las crónicas del siglo XVI que narran las enfermedades, la viruela y tifoidea, esta última por beber agua descompuesta. 

“Desde 1519, Cortés se dio cuenta que el lago era una fortaleza para defender la ciudad, pero que esa fortaleza se podía revertir con una buena táctica y de esta forma se podría convertir en un entierro”
Arturo Montero, arqueólogo

“Los mexicas cuidaron más el hacerse de pertrechos (equipo), suficientes lanzas, flechas y no tanto alimentos. Para ese momento de 1521, los mexicas eran una población famélica, enferma, deshidratada, y los otros, los españoles y sus aliados, tenían abastecimiento de todo alrededor para alimentar a sus tropas”, indica Montero. 

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Al final, detalla el doctor en Antropología simbólica, sí hubo sobrevivientes, pero fueron tomados como esclavos y las mujeres fueron “vulneradas”. 

“Tan pestilente quedó la ciudad que no la pudieron habitar hasta tiempo después y por eso Cortés finca su real en Coyoacán, porque esto había quedado destruido y con cientos de cadáveres. ¿Cuántos fueron los que defendieron México-Tenochtitlán? Algunos investigadores, como el arqueólogo Marco Antonio Cervera, dicen que 20 mil y si a eso le sumamos la población civil que también tomó las armas, tal vez fueron 40 mil los que resistieron, y del otro lado cientos de miles”, indica el investigador. 

Y es que “la mayor estrategia de Cortés fue la diplomacia, pues supo aprovecharse de la inestabilidad de los estados mesoamericanos en su cohesión, que buscaban dejar de pagar tributos a los mexicas y, por lo mismo, esos estados estaban en contante conflicto”. 

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¿Cuántas personas formaban parte de la lucha de lado de los españoles y sus aliados indígenas? “No eran ejércitos regulares, sino alianzas. No existió una formación de militares como sí podríamos decir de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. En la batalla de 1521 hubo contingentes, pero sí fueron más de 50 mil por parte de los españoles y sus aliados. Es importante decir que sólo el 1% de la fuerza militar que ataca Tenochtitlán es europea, el 99% de los efectivos fueron indígenas. Lo que tuvimos fue una guerra indígena para cobrarle las cuentas a los mexicas por los tributos y la forma de gobierno y Estado que los expoliaba. Fue una guerra de venganza (contra los mexicas) y nunca se dieron cuenta que estaban dando entrada al final de su civilización”. 

13 BERGANTINES se armaron en total, pero uno tuvo defectos y quedó inservible.

Luego de analizar una serie de fuentes históricas y en el marco de los 500 años de la caída de Tenochtitlan, Arturo Montero plantea que quizá los grupos indígenas pensaban que una vez derrocados los mexicas, podrían expulsar a los españoles. 

“Quizá los grupos indígenas pensaron que los españoles eran una buena alianza y que tal vez podrían establecer un nuevo orden indígena en Mesoamérica, pero no sabían que ya venía la gente de Europa a establecerse”, indica Montero. 

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