Meade, ¿crónica de una muerte anunciada?

Salvador García Soto

Como el personaje de García Márquez, Santiago Nasar, que deambula errático por el pueblo mientras todos saben que va a morir, menos él, así parece caminar por la campaña el candidato José Antonio Meade. Se cumple el primer mes del proselitismo oficial en la carrera presidencial y, tras el primer debate —donde el esfuerzo y las propuestas no le alcanzaron para remontar el tercer lugar en las encuestas— el abanderado del PRI va dando tumbos, desesperado, intentando convencer a todos los del pueblo, que lo miran incrédulos, de que él no está muerto, que no va a morir y no está dispuesto “a declinar por nadie”; cuando todos saben que los Vicario (Anaya, los duros del PRI, empresarios y hasta su amigo y promotor Videgaray) le van pisando los talones y siguen su rastro errático para ver cuando cae.

Para desgracia de un buen hombre y un técnico reconocido como Meade, las encuestas que ya están listas para salir la siguiente semana, las primeras que medirán el efecto directo del debate, no traen buenas noticias: López Obrador y Anaya suben en el primero y segundo lugar, mientras que él cae entre dos y tres puntos porcentuales y se aleja cada vez más de lo que, aunque no lo quieran aceptar él ni sus soberbios y estirados coordinadores, se perfila cada vez más como una contienda entre dos por la Presidencia de la República.

La pesada marca priísta junto con los históricos niveles de rechazo del presidente Peña Nieto se han conjuntado con una muy mala campaña, con estrategias equivocadas, un equipo de “coordinadores” plagado de jóvenes tecnócratas —sin experiencia política y con exceso de soberbia que los aleja de la realidad— y un grupo de políticos que con todo y colmillo y experiencia, no atinan a recomendar en su war room o fallido cuarto de guerra, acciones, mucho más que discursos y campañas de propaganda negra, como el “Meade o miedo” antilopezobradorista, que en el mejor de los casos acentúan la percepción de desesperación y la enorme simulación que se respira, junto con una inexplicable carencia de recursos económicos en la campaña, de las que se quejan amargamente los operadores de tierra.

Un buen ejemplo de los yerros que confunden y no ayudan al “ciudadano” Meade, en ese su equipo de “estrategas” en el que, todos dicen, “sobran generales y falta tropa”, fue la preparación que tuvo para el primer debate que, aunque ellos insisten en decir que ganaron “en mejores propuestas”, el resto de la opinión pública los vio perder, en vivo y en directo, en la transmisión de emociones, de seguridad y aplomo, pero sobre todo de la contundencia en sus mensajes que necesitaba el candidato priísta para aprovechar la enorme oportunidad de repuntar que parece haberse perdido con ese primer debate. Tres distintos asesores se dedicaron a preparar a José Antonio Meade en los días previos al debate, tres que traían estrategias y recomendaciones distintas y que eran apoyados por distintos miembros de su equipo. Cuando ya el doctor llegaba aquella noche de domingo al Palacio de Minería, todavía lo abordó en el pasillo de entrada su coordinador Aurelio Nuño para hacerle “nuevas recomendaciones” sobre lo que debía decir y no decir en el debate. Esos consejos de último momento de Nuño eran los que Meade volteaba a leer, inseguro, durante las dos horas que duro la confrontación con sus contrincantes.

El fantasma de la declinación. En la tradición política de los gobiernos del PRI, en la que aunque no milita también se formó José Antonio Meade, cuando un político tiene que salir a los medios a decir “no voy a hacer esto” o “no va a pasar tal cosa”, la experiencia casi siempre dice que eso que se niega terminará ocurriendo. Y esta semana la campaña del candidato priísta transcurrió entre su ya reiterativo y obsesivo discurso contra el puntero López Obrador (que si “Andrés Manuel miente”, que si “no cumple sus compromisos y no me entrega sus departamentos” o que “él es culpable de que aumente la violencia por aliarse con los violentos”) y una enfática y notoria necesidad de negar y desmentir lo que ya circula como un escenario muy posible entre la clase política y los empresarios: que el abanderado oficial podría “declinar” o ser desplazado para dar paso a una alianza de facto de su partido y del gobierno con el candidato del PAN y del Frente por México, Ricardo Anaya.

Tres veces —como San Pedro— Meade y los dirigentes priístas tuvieron que negar esta semana que vaya a declinar su candidato: la primera en Saltillo, Coahuila, el miércoles, donde reporteros le preguntaron si se bajaría de la contienda para apoyar una candidatura única contra López Obrador: “Meade no declina en ningún sentido, nosotros estamos en esta campaña para ganar”, dijo el abanderado tricolor. Luego, el jueves, desde León, el dirigente del PRI, Enrique Ochoa, volvió a espantar al fantasma: “No habrá cambio de candidato ni de estrategia”, dijo ante la insistencia de la prensa. Y finalmente ayer, cuando salía del Consejo de Citibanamex en un hotel de Polanco, otra vez (como los avisos y cartas anónimas a Santiago Nasar anunciándole su muerte), a José Antonio le preguntaron si declinaría su candidatura: “Opino que en esta contienda estamos, como he insistido, no para declinar, sino para ganar. Seguimos en ese empeño”.

Legal declinación y hasta sustitución de candidatos: INE. Las versiones sobre “declinaciones” arreciaron con una nota que ayer se publicó a ocho columnas en el diario La Jornada y que daba cuenta de que, en un encuentro a puerta cerrada con 800 consejeros de Citibanamex y directores de “los 20 mayores fondos de inversión en el mundo”, el presidente del INE, Lorenzo Córdova fue consultado sobre “las posibilidades legales de declinación de un candidato o de la conjunción de alguna de las alternativas (partidos) que contienden por la Presidencia”.

La inquietud fue planteada en privado por los banqueros e inversionistas que manejan recursos equivalentes a 9 veces el PIB de la economía mexicana. “Las preocupaciones estuvieron centradas en la oportunidad y capacidad del INE para presentar resultados la noche de la elección. Aseguré que a las once de la noche del 1 de julio, el Instituto hará público el conteo rápido sea cual sea el resultado, incluso si se cruzan los rangos y no se pueda definir un ganador. Otra de las preocupaciones, que es atendible, fue sobre las posibilidades legales de declinación o conjunción de alguna de las alternativas (que está en competencia). Y en esto fui claro en señalar lo que dice la legislación: si en el tiempo que viene un candidato independiente o candidata declina, y esto ocurre antes del 6 de mayo, cuando arranca la impresión de las boletas, eventualmente su postulación no aparecerá en las boletas”, explicó.

Córdova aclaró que según la ley, no sólo es posible la declinación, sino también la sustitución de candidatos presidenciales de los partidos, siempre y cuando se hagan 30 días antes del día de la elección, aunque una alianza en estos momentos ya no sería legal, sino política o de facto, es decir que sólo operaría como un llamado público o una operación política para que los votantes de un partido voten por otro candidato si el suyo declina: “Si alguno de los candidatos decide renunciar o declinar, eso no significará que los votos emitidos por esa opción se transfieran a otra. Las coaliciones y partidos tienen oportunidad de presentar sustituciones, siempre que el caso de renuncia ocurra antes de 30 días de la jornada electoral”. De darse ese caso, acotó, “se trata de un acto político, no jurídico”.

Luego entonces, ¿hay o no posibilidades de una declinación del candidato del PRI en favor de una alianza de facto con el panista Ricardo Anaya? Todo apunta a que ese tema sí está a discusión al interior de las cúpulas del PRI y de Los Pinos, pero hay aún resistencias naturales y entendibles del candidato y de algunos grupos, que piden “darle más tiempo” a la campaña priísta. Hay incluso liderazgos del priísmo que afirman que “todavía hay tiempo de hacer algo” para recomponer y levantar la campaña de José Antonio Meade, pero se necesitaría que éste diera “un manotazo urgente” e hiciera un cambio total de su equipo y de su estrategia de campaña llamando a los operadores reales y efectivos (mapaches, pues) del viejo partido para darles el control de la estrategia de campaña.

Al final, como en la Crónica de una Muerte Anunciada, del nobel colombiano, nos quedamos con el ambiente de rumores, avisos y premoniciones que le susurran y gritan a Santiago Nasar que están a punto de matarlo, mientras él recorre incrédulo las calles y cantinas de Manaure. Nassar terminó apuñalado por los hermanos Vicario, ¿cómo terminará políticamente José Antonio? “A los demonios no hay que creerles ni cuando dicen la verdad”, decía García Márquez.

Notas indiscretas… En las 9 gubernaturas que se renovarán el 1 de julio, el dato inédito de un PRI en tercer lugar en 8 estados toma tintes de emergencia en el Estado de México. Según sus encuestas internas, el priísmo de Peña Nieto está varios puntos por debajo de Morena, peleando incluso con el PAN por el segundo lugar, lo cual sumado a su desventaja en otros estados, confirma el escenario de “debacle” inminente para el partido gobernante. Morena encabeza las preferencias de voto en cinco entidades: Chiapas, Tabasco, Morelos, Puebla y la Ciudad de México. Destacan los casos de Tabasco, con Adán Augusto López, que aventaja con 50% de intención del voto, más de 35 puntos por arriba del segundo lugar, Georgina Trujillo del PRI y en tercero Gerardo Gaudiano del Frente con 14%. Otro estado que se convertiría en un bastión importante para Morena es Chiapas, donde Rutilio Escandón, con 42.5%, supera por dos a uno al polémico candidato del PRI-PVEM-Panal, Roberto Albores que apenas llega a 22%. Si a eso se suman Morelos, donde Cuauhtémoc Blanco lidera con 33% de preferencias, contra 16% del priísta Jorge Meade, está claro que en el sureste y el centro del país Morena va a arrasar en los estados… Se lanzan los dados. Serpiente y descendemos.

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