La rebelión de las élites

Raúl Rodríguez Cortés

Empresarios reconocen la debilidad de la candidatura de José Antonio Meade y que la opción de Ricardo Anaya es la que mantiene posibilidades competitivas

Lo que después del primer debate de candidatos presidenciales empezó a correr como secreto a voces se visibilizó ayer en una declaración pública: “Los empresarios deben influir para que Meade y Anaya se unan para vencer a López Obrador porque si éste gana la cosa se va a poner muy fea”, dijo el magnate sinaloense Enrique Coppel.

Este hombre que en anteriores elecciones no ha ocultado sus preferencias y apoyos a aspirantes del PRI y del PAN, no explicó quién debe declinar por quién, pero es de suponerse que lo haga el tercero en las preferencias electorales por el segundo. Y también debe inferirse que su aserto tiene al menos estas razones:

1. La cada vez más real posibilidad de triunfo de AMLO; 2. El terror que eso causa a las élites del dinero y del status quo político; 3. El reconocimiento de la debilidad de la candidatura de José Antonio Meade y de que la opción de Ricardo Anaya es la que mantiene posibilidades competitivas; y 4. La aceptación de que sólo un trabuco variopinto de los aspirantes afines a su proyecto de nación, es decir, Anaya y Meade, cierren filas para ganarle a López Obrador.

Más allá de todo lo dicho sobre quiénes fueron el ganador y el perdedor del debate, falta conocer las encuestas que midan cómo se movieron las preferencias electorales tras la primera confrontación televisiva de candidatos presidenciales 2018.

Hasta ahora sólo se conoce la de Massive Caller, encuesta telefónica nacional que en ello lleva su sesgo. De acuerdo con sus resultados, AMLO (36.05%) mantiene una ventaja de poco más de siete puntos, aunque perdió uno, en relación con su más cercano contendiente, Ricardo Anaya (28.70%), quien ganó casi tres. Meade (11.85%) perdió poco más de dos, Margarita Zavala bajó dos y El Bronco subió dos.

Pero no todo puede medirse a partir de encuestas. Es preciso incorporar la evaluación de las estrategias de las campañas. En ese sentido, un grupo de investigadores de la UNAM (politólogos, sociólogos y actuarios) ha emprendido la tarea con la creación del índice Eficacia Estratégica Presidenciables 2018.

Se trata de un modelo matemático de evaluación que tiene trece dominios: el cualitativo de todas las encuestas serias, por supuesto, pero también el valor y eficacia electoral de las estrategias, tácticas y la comunicación política que pone en juego el futuro de cada candidatura, incluidos estudios estadísticos microscópicos, cuya medición retrospectiva a nivel casilla no tiene precedente en el país.

El estudio, de próxima publicación, encabezado por el doctor Pedro Isnardo de la Cruz, propone, por ejemplo, (a contrapelo de opiniones como la de Citibanamex de que AMLO cuenta con un 85% de probabilidades de ganar la elección), que el nivel de predicción de la campaña presidencial tiene en este momento una dimensión cercana a 50% respecto a todo el proceso, sobre todo por la excepcional campaña permanente que ha realizado el candidato de Morena en más de quince años. Falta, entonces, el otro 50% que deberá dirimirse en los dos meses que restan para las elecciones, y en el que José Antonio Meade tendría aun posibilidades de reposicionarse.

Por lo pronto, el análisis estratégico que este grupo hace del debate, considera que Meade no persuadió, aunque todavía suma (Ríos Piter y Silvano Aureoles); Anaya, aunque con una línea polémica bien tejida frente a AMLO y Meade, no pudo librarse convincentemente de la acusación que le endilga haber incurrido en lavado de dinero y enriquecimiento ilícito; Margarita y El Bronco confirmaron su papel de péndulos tácticos vitales para Meade y el sistema político; y López Obrador, quien no salió indemne tras las imputaciones de sus departamentos y de nepotismo que si no se documentan incontestablemente se revertirán contra Meade, mantuvo sin mucho daño su posición de puntero, pero agudizó su confrontación con las élites.

Éstas, con el apoyo de tres ex presidentes y un presidente, están en pie de rebelión.

INSTANTÁNEAS: 1. SUMA O RESTA. Armando Ríos Piter se sumó a la campaña de Meade en la víspera del debate. El Jaguar dice estar convencido que el candidato de la coalición Todos por México es el más capacitado para implementar las políticas públicas que requiere el país. No es para menos: trabajó con él y se formó con su grupo cercano. A Meade lo conoció cuando éste era director de la Financiera Rural y él subsecretario de la Reforma Agraria en el gobierno de Fox. Fue condiscípulo de Enrique Ochoa en la preparatoria (CUM) y en las carreras de Economía y Derecho (ITAM-UNAM). Luego Ochoa se fue a Columbia y El Jaguar a Harvard.

2. APRETÓN. Después, en la víspera del debate, Meade sumó al gobernador perredista de Michoacán, Silvano Aureoles. A él le pasó lo que también le está pasando a otros gobernadores: los tienen agarrados con el presupuesto. El líder del PRD, Manuel Granados, asegura que ya hizo control de daños, lo que impedirá que Graco Ramírez y Arturo Núñez hagan lo mismo.

3. RECONOCIMIENTO. En el marco de la Convención Internacional de Salud 2018 y a nombre de la delegación de Cuba, el ministro de Salud de ese país, Roberto Morales Ojeda agradeció la participación del secretario mexicano del ramo, José Narro Robles a quien llamó “nuestro amigo, el profesor”. A la convención asistió el nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

 

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