Anaya y EL UNIVERSAL, la libertad de disentir por la libertad

Luis Cárdenas

Anaya no puede usar su partido para atacar a un medio que él siente lo ataca, ni Anaya ni nadie más debería poder hacerlo, mucho menos con recursos públicos

Algunas personas en este país conciben la idea de la prensa como la del aplaudidor en turno, similar a una competencia de halagos para sí y vituperios para sus contrincantes: si le pegan al adversario felicitan a la prensa valiente, pero si el misil les cae en el jardín la cosa termina con señalamientos de la prensa vendida a los intereses oscuros, por lo regular, de sus adversarios.

Desgarrarse las vestiduras es ilógico para el periodismo, la crítica, las acusaciones y el levantamiento de falsas e irrisorias conspiraciones es, francamente, parte del trabajo todos los días pero, mucho más importante, es parte de un sistema democrático. Si al imputado no le gusta lo escrito o difundido siempre tiene, y de sobra, canales para su réplica, inclusive dentro del mismo medio, más claro, señores de piel sensible: se vale que si te pegan en un diario contestes con más fuerza en el mismo foro (y en otro y en otro y en otro) y así fomentar el debate público en donde lo que importa no es lo inmaculado, sino lo menos raspado.

Pero, no se vale usar el espacio publicitario de tu partido político para, sin que te cueste un centavo, inundar la tele y la radio con spots que acusan al medio que no te gustó de mentiroso y de corrupto, no se vale poner los recursos de un partido político, recursos públicos, que pagan todos los ciudadanos, contra un medio de comunicación porque te ganó la víscera.

El fallo del Tribunal Electoral a favor de EL UNIVERSAL contra Ricardo Anaya por el uso indiscriminado de spots contra el diario, al “responder” a un trabajo periodístico que desvelaba la riqueza del hoy candidato y su familia política, es una batalla ganada a favor de la libertad de expresión, a favor del periodismo.

Anaya no puede usar su partido para atacar a un medio que él siente lo ataca, ni Anaya ni nadie más debería poder hacerlo, mucho menos con recursos públicos.

Un hombre al que considero inteligente, pero del que difiero en muchos puntos, me dijo hace poco, fuera de aire, sobre el tema de Venezuela y CNN que el gobierno tenía razón, que no podían permitir que un medio llamara abiertamente a la rebelión y que la libertad de expresión termina cuando comienza la consigna política.

El periodismo, casi todo el periodismo, tiene un sesgo, quizá no sea lo ideal, pero es lo humano, mientras hombres y mujeres tengan sangre en las venas y hombres y mujeres hagan periodismo así será y así ha sido.

El papel de los medios es el papel fundamental del contrapeso, para ello se requiere de una gran libertad, el papel del periodista es el papel del incómodo y no del adulón, aunque se valen los tartufos bajo el cargo a su propia credibilidad. Insisto, es parte de la libertad.

El caso de Anaya es un caso que se dirimió en las instituciones democráticas y ¡enhorabuena por la civilidad!, a otra cosa…

El caso de Carlos Domínguez en Tamaulipas es uno que se dirimió con su muerte, con 24 puñaladas frente a sus nietos, con el tío del ex alcalde de Nuevo Laredo, Carlos Canturosas, detenido por la autoría intelectual del homicidio y con mucho dolor a cuestas.

Canturosas quiere ser el presidente municipal de Nuevo Laredo y parece que Morena lo terminará por apoyar porque consideran que el reclamo de la familia del periodista muerto es un asunto político.

A eso es justo a lo que no debemos de llegar.

DE COLOFÓN.— Perredistas de Oaxaca protestan contra el PRD nacional porque dicen que ¡Ulises Ruiz trae mano en las candidaturas del partido en la región!, ¿eso no era parte de la alianza, o si? 

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