Palabras sin música

José Xavier Návar

Todos, si no se desviven en elogios hacia la música del llamado “Padre del minimalismo”, Philip Glass, sí por lo menos se quedan maravillados con la música espectacular (yo la llamaría así) de este músico y compositor nacido en 1937 en Baltimore. La española Editorial Malpaso que desde hace un buen tiempo domina la literatura musical, y que tiene una conexión eficaz en México, acaba de sacar una segunda edición corregida de la vida de óperas, sinfonías, piezas de cámara y bandas sonoras, que a lo largo del tiempo ha confeccionado el señor Glass.

Su paso y trabajo de investigación musical por la Universidad de Chicago y la escuela de música Julliard está reflejado en ese instante en que surge no sólo la creación sino la fusión que une arte, música, cultura y vida. Todo explicado con claridad y pasión que ha emocionado no sólo a varias generaciones de escuchas, aparte de personajes clave en el mundo de la música, digámoslo así, alternativa, en el sentido de pureza creativa.

Martin Scorsese, Laurie Anderson, Paul Simon y Peter Gelv le dedican palabras que bucean en el laberinto de la experimentación que ejerce como músico fundamental y apasionado el arte, separadamente de funcionar como singular motor del arte cultural sonoro. En este tratado, que ofrece también de manera gratuita la conversión a E-Book (para los que no adoran el papel y el objeto de culto en que se convertido el libro) los que lo conocen aprenderán más de él llevado de la mano de un humor que hace amenas y casi fantásticas sus experiencias a manera de crónicas.

Sus memorias se vuelven testimonio vivo de uno de los más grandes y originales músicos de nuestro tiempo, vuelto una especie de Indiana Jones en la búsqueda del origen de la música, fundamental en lo instrumental y básico en la ópera contemporánea. También tienen cabida sus encuentros cercanos del primer tipo musical con el ídolo de George Harrison, Ravi Shankar, y sus consecuencias.

Tres partes (más un prólogo), un epilogo y un índice onomástico, para no buscar a ciegas a ciertos protagonistas, componen este viaje a la concreción del imaginario musical de uno de sus más característicos representantes.

Debo confesar que en primer orden de la lectura busqué información de la película El agente secreto, musicalizada por él, que alguna vez refirió que la estaba viendo en una función nocturna con tres personas en la sala: el proyeccionista (que no cuenta)
y con un hombre de color que dormía plácidamente (ante lo aburrido del filme dirigido por Christopher Hampton, basado
en la novela de Joseph Conrad,
sobre un anarquista en el Soho londinense que, en realidad es un agente secreto). Claro que en las virtudes de esa banda sonora estaba un agradable efecto de relajación que quería conocer Glass más de cerca, con un conejillo de indias vivo y dormilón.

También es muy agradable y hasta cierto punto revelador el trabajo de Glass en el apartado de música y cine referido a la trilogía de documentales realizados por Godfrey Reggio con sus partituras: Koyaanisqatsi: (Vida fuera de balance), de 1982; Powaqqatsi (Vida en transformación), de 1998 y la conclusión:
Naqoyqatsi (Vida como guerra), de 2002.

Pero lo mejor es la sorpresa con que asaltan sus palabras contando toda una vida que roza a muchos personajes de la bohemia neoyorquina de peso pesado en el ámbito cultural como Allen Ginsberg, Scorsese o Leonard Cohen, entre otros clientes y amigos.

pepenavar60 gmail.com
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