Al Pacino / Joe Paterno

José Xavier Návar

Justo ahora que estamos a unos días del Draft de la NFL, en donde salen a relucir las habilidades de muchos jugadores colegiales que buscan un lugar en los 32 equipos de la excelencia del futbol americano, llega al formato de Blu-ray Paterno, una biopic del legendario entrenador del rudo deporte que convirtió a los Leones de Nittany de la universidad estatal de Pensilvania, los famosos felinos de Penn State, en una superpotencia bajo su mandato como head-coach.

Por uno de esos balones sueltos que a veces se dan en la vida del futbol americano colegial y no son cubiertos a tiempo por los propios jugadores que fumblearon es que surgen estas películas que muestran algunas jugadas secretas tanto de jugadores como de entrenadores. Esta vez le tocó al entrenador hace seis años. Un abuso sexual infantil no sólo le costó el descredito sino la salida del equipo y encima el derribo y olvido de una estatua con el que la ciudad le había condecorado sus servicios deportivos.

Quién mejor para interpretar a Joe Paterno que uno de los mejores actores de Hollywood, Al Pacino (no sólo por su gran parecido físico) sino porque ya antes había tenido experiencia en ese tipo de filmes interpretando en 1999 al rudo e impositivo entrenador de la franquicia profesional de Los Tiburones de Miami, en una cinta dirigida por Oliver Stone. En Paterno, el entrenador que más títulos universitarios cosechó en su carrera hasta que fuera parado a una yarda de la anotación en el cuerpo de Jerry Sandusky.

Ahora es Barry Levinson (No conoces a Jack, un biopic sobre el Dr. Muerte, Jack Kevorkian; El mago de las mentiras, otro biopic sobre el estafador Bernie Madoff…) el que manda las jugadas cinematográficas con habilidad y conocimiento del campo de juego y, aunque no consigue llevarla al terreno de las lágrimas totales del drama, sí lleva la estrategia a los tribunales, con una idea que o desmerece ni en los dos minutos de juego, cuando todo cuenta y se encomienda al famoso “Ave María”.

Fascinante, turbulenta y segura de sí misma en cuento a estrategia de juego, Paterno resulta un personaje un tanto engañoso que se guarda las jugadas que pueden cambiar el partido para sí mismo, cuando le da instrucciones a su quarter back, cuando no es Tom Brady.

Paterno no tiene que quedar bien con nadie, más que consigo mismo, De hecho, casi todos los entrenadores son más odiados que queridos dentro del emparrillado. HBO distribuye la cinta más que con espíritu de pantalla grande, a una que pasa de las 50 pulgadas pero que cuenta en su rubro estratégico, con el 4K.

Los 84 años de Paterno no lo ponen en el papel de un vejestorio ridículo en aras del deporte de las tacleadas sino de un personaje mítico a la hora de tomar las decisiones que cambien un juego o un campeonato. En eso lo ayuda un hábil y bien escogido reparto que no tiene que leer las jugas en la muñequera de plástico del mariscal de campo. Declaraciones y montajes en off acusan al entrenador, en un filme basado en el exceso de “hechos reales” para los cuales, hay que decirlo, hay también ciertas estrategias de la vida que aplican casi con la misma efectividad que las del campo de juego.

En 2012 la estatua de Joe Paterno se fue a la chingada como consecuencia del escándalo. Sin embargo, muchos de los jugadores que estuvieron bajo su mando exigieron su reposición porque se dice fácil pero, estar al frente del equipo por 70 años ganadores, sí que pesa.

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