Carta de Navidad

Jorge Nuño Jiménez

Vivimos una época de incertidumbre, una profunda crisis de los equilibrios internacionales, materializada con desigualdades peligrosas del modelo económico actual

13 de diciembre, 2018.

António Guterres,
Secretario General de la
Organización de las Naciones Unidas.

Este espíritu decembrino es propicio para enviarle con nuestros respetos esta misiva, con nuestros deseos sinceros de seguir coadyuvando con usted en la construcción de la paz, seguridad y concordia con justicia social, que claman los pueblos ante los graves peligros del subdesarrollo y una crisis del sistema internacional.

En la Feria Internacional del Libro (FIL 2018) que organizó magistralmente la Universidad de Guadalajara, recogí el espíritu de la juventud de mi patria, amantes de la paz y la cooperación internacional, aplaudieron el contenido de la Biblia de la paz, La Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, histórico documento que como usted sabe, fue aprobado por abrumadora mayoría por la Asamblea General, hace exactamente 44 años, aquel 12 de diciembre de 1974. Con fe plena en la paz, recogió los anhelos de los pueblos y gobiernos, de la necesidad imperiosa de establecer normas para el desarrollo, la equidad y la justicia, de Asia, África y América Latina, que habían sido súbditos y colonias, oprimidos por sus metrópolis ante un sistema económico injusto, herencia del modelo neoliberal establecido después de la II Guerra Mundial.

La Organización de las Naciones Unidas inspirándose en el sueño de la comunidad internacional, en mayo de 1974, aprobó el proyecto para el establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), convencidos del espíritu y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas para promover el progreso económico y social para todos los países, muy especialmente para aquellos que se encontraban marginados de los beneficios de la economía mundial, basada en principios de equidad, interdependencia, interés común y cooperación de todos los estados, no importando sus sistemas económicos, ideológicos o políticos, que deberían de corregir las desigualdades y reparar las injusticias de aquel entonces garantizando a las generaciones venideras la paz con otro nombre: el desarrollo.

Hoy vivimos una época de incertidumbre, una profunda crisis de los equilibrios internacionales, materializada con desigualdades peligrosas del modelo económico actual. Los pueblos empobrecidos y marginados a gritos claman una reforma para la arquitectura para la paz y la seguridad colectiva establecida en la Carta de San Francisco, sobre todo el arreglo pacífico de las controversias y respeto a soberanías de los estados.

La cadena de conflictos actuales provoca nuevos miedos, retos y desafíos, de enemigos como es el crimen organizado. Los estados rivales, en lugar de pensar en el verdadero enemigo como es la injusticia y la pobreza, utilizan las nuevas tecnologías para conducir al mundo con sus arsenales nucleares a una confrontación que sería la III Guerra Mundial.

Muchos pueblos marginados viven en la más profunda miseria, tienen hambre y sed de justicia. Observamos una diáspora ante la incomprensión y egoísmo, empobrecidos por un sistema neoliberal que abandonó el desarrollo humano, el rol del Estado en torno al desarrollo. La paz que claman a gritos, una economía con rostro humano, basada en el círculo virtuoso de la educación, salud, trabajo y bienestar que el modelo actual les ha negado.

Observamos atónitos el peligro de los jinetes del apocalipsis, caballos de Troya, potencias con más de 15 mil ojivas nucleares amenazantes, capaces de destruir el mundo entero 16 veces con estas mortíferas armas, que quienes las poseen son los propios miembros permanentes del consejo de seguridad de la ONU.

Los conflictos actuales están basados en el engaño, en la ilusión de una modernidad que produce miseria, pobreza, injusticia propiciada por un sistema económico que lleva a muchos países a la deriva y profundo atraso, generando conflictos, conspiraciones de malvados. Lo anterior requiere de hombres de buena voluntad. Es preferible el diálogo propio del ser humano frente al abuso de la fuerza bruta, propia de los animales.

El equilibrio del terror se encuentra en todo su esplendor como la espada de Damocles, que pende de un hilo con artefactos nucleares.

Señor Secretario General:

Le pedimos un regalo navideño, recibir una delegación de buena voluntad de esta institución para entregarle en propia mano la Biblia de la Paz y el desarrollo: La Exégesis de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, con nuestro deseo de poner en práctica este documento para la concordia, y la seguridad de todos los pueblos del mundo, basada en el respeto al derecho ajeno como requisito de la paz.

Jorge Nuño Jiménez
Director General
Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo AC.
 

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